No sea así entre ustedes

La verdadera conversión implica una nueva relacionalidad. Pasar del paradigma del poder arbitrario (mundo) al paradigma del amor y el servicio.

Jesús y sus discípulos van desde la periferia camino a Jerusalén, centro del poder judío. En el camino Jesús se reúne con los 12 y les anuncia el desenlace histórico de su misión. La contradicción del proyecto de Jesús con los intereses de los poderes del mundo apunta a un final histórico trágico: la pasión y muerte. Pero concluye con la mirada pascual del acontecimiento, «al tercer día resucitará». Los discípulos, como buenos judíos, no entienden a Jesús, porque la pasión y muerte no está en su horizonte de fe. Ellos ven en Jesús y su camino un atajo para el triunfo glorioso.

En el imaginario de los 12, por el momento, no entra la idea de la pasión y cruz porque esperan un mesías triunfal, quien restaurará a Israel con poder y gloria. Pero el mesianismo de Jesús es un mesianismo anti mesiánico, él no viene a sustituir, ni a instalarse, viene a despertar la conciencia y proponer una buena nueva. Por eso, dado el imaginario mesiánico del tiempo, la madre de los Zebedeos, como judía y madre, se postra ante Jesús y busca enchufar a sus hijos pidiendo: «Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu reino».

Como vemos, hay un desencuentro en el diálogo entre los discípulos y Jesús. Más aún cuando el resto de los discípulos se molestan con la petición de la madre de Santiago y Juan. En realidad, la molestia está en que todos quieren los primeros puestos en el nuevo reino que creen está pronto a instaurarse. Nadie ha entendido a Jesús. El mesianismo anti mesiánico de Jesús resulta inasimilable a los discípulos. Por eso la pregunta de Jesús, ¿acaso podrán beber el cáliz que yo he de beber? Lo harán, pero primero tendrán que desmontar sus expectativas triunfalistas e inmediatistas.

Jesús, al ver que sus discípulos están divididos y en conflicto por los primeros puestos, no los juzga, sino que de manera pedagógica los pone a contemplar el mundo y las consecuencias de las dinámicas de los poderes; apunta: «Ya saben que los jefes de las naciones las tiranizan y oprimen». Con esta objetivación le está diciendo a sus discípulos: «Aún no han entendido, lo que acaba de pasar entre ustedes, indica que siguen enganchados al paradigma relacional del poder», es decir, lo que está pasando en grande con los poderes del mundo está pasando en chiquito entre ustedes porque todos buscan dominar y ocupar los primeros puestos. Por eso, los reprende y les manda a que «no sea así entre ustedes», e inmediatamente les propone su alternativa relacional «el que quiera ser jefe que sirva; el que quiera ser primero que se haga el último».

Para Jesús no se trata de un imposible, de solo un «deber ser», no, está ya ocurriendo en él, por eso propone su propia vida como camino. «Así como el hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos». La verdadera conversión implica una nueva relacionalidad. Pasar del paradigma del poder arbitrario (mundo) al paradigma del amor y el servicio.

Este conflicto entre el paradigma del poder arbitrario y el paradigma del servicio está presente en el corazón humano y se expresa en los diversos modos de relaciones. Nos toca pedir la gracia de la conversión para no replicar en nuestros ámbitos de convivencias las dinámicas perversas del poder arbitrario.

En contextos de opresión como los que vivimos hoy en Venezuela, es muy importante la vigilancia personal y grupal, porque quienes se han apropiado de nuestro país, pueden permear nuestros imaginarios e influir y configurar nuestros modos de relación, y esta sería la mayor dominación, «dejarse desfigurar por el ejercicio del poder».

Oremos: Señor, danos sabiduría para distinguir las dinámicas de dominación y superarlas; que reconozcamos que todos somos iguales en dignidad y que nadie es más que nadie y menos que nadie; libéranos Señor de los mesianismos e inmediatismos estériles.

Sagrado corazón de Jesús, en vos confío
Parroquia San Alberto Hurtado, parte Alta de La Vega
Caracas-Venezuela.

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Fuente: http://revistasic.gumilla.org

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