«No teman»… El mensaje de Jesús en clave femenina

Somos testigos activas, tal como fueron las mujeres en la resurrección.

Domingo 21 de junio de 2026
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo. 

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos».

Este pasaje del Evangelio leído desde la experiencia como mujer, adquiere una fuerza liberadora muy profunda a la voz, el cuidado y el valor propio.

Históricamente, los espacios de las mujeres han sido el ámbito de lo privado, lo oculto y el murmullo confidencial («lo que les digo al oído»). Jesús rompe esta reclusión, transformando el secreto en proclama pública. Nos invita como mujeres a ocupar los espacios públicos («las azoteas») sin temor. Valida nuestra palabra como portadoras de la verdad divina. Nos impulsa a denunciar lo que se oculta en la oscuridad de la violencia doméstica o la opresión vivida en los diferentes ambientes sociales.

Históricamente, los espacios de las mujeres han sido el ámbito de lo privado, lo oculto y el murmullo confidencial («lo que les digo al oído»)

La imagen de contar los cabellos de la cabeza resuena fuertemente con la dimensión materna y cuidadora, tradicionalmente asociado a lo femenino. Refleja una mirada que atiende a lo pequeño, a lo cotidiano y lo aparentemente insignificante. No debemos temer, porque valora toda nuestra dimensión humana, tanto corporal como espiritual, con un sentido integrador, ya que hasta nuestros cabellos son valiosos ante sus ojos. Dios no es un soberano lejano, sino una presencia que cuida con ternura íntima.

El mandato de no temer «a los que matan el cuerpo» toca una fibra sensible en nuestra experiencia femenina, cruzada muchas veces por el miedo a la vulneración física: el femicidio, la violencia doméstica, la violencia gineco-obstétrica, por nombrar algunas experiencias de vulneración que vivimos como mujeres. El texto eleva nuestra dignidad de mujeres más allá de nuestra fragilidad corporal impuesta. Recuerda que la esencia, el alma y la soberanía espiritual son intocables para el opresor.

Por último, el llamado a «reconocer a Jesús delante de los hombres» se puede leer como un acto de tremenda valentía para las mujeres de la época y de hoy, pues rompe con la sumisión pasiva ante las estructuras de poder y nos convierte en testigos activas, tal como fueron las mujeres en la resurrección.


Fuente: Mujeres Iglesia Chile / Imagen: Pexels.

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