Nueva Constitución: Aprovechar la oportunidad

Sr. Director:

Todos habríamos querido que el proceso constituyente en marcha se hubiera producido en condiciones diferentes a las actuales, pero lo cierto es que esas otras condiciones existieron de hecho cuando la presidenta Michele Bachelet dio origen a un proceso del mismo tipo, y ellas no fueron aprovechadas. Hasta partidarios de ese gobierno ironizaron a propósito de dicha iniciativa constituyente —uno de ellos la comparó incluso con el acto de fumar opio— y ni qué decir de sus detractores y de las fuerzas políticas del actual gobierno que la cancelaron a poco de asumir en marzo de 2018. ¿Para qué promover una nueva Constitución si el país estaba entonces en plena calma?, se decía por parte de los mismos que hoy han reclamado y han llamado a votar «Rechazo» porque el actual proceso constituyente reconoce su origen en reiterados y masivos actos de protesta e, incluso, de violencia.

Cuando los asuntos que importan en un país se barren una y otra vez bajo la alfombra, lo que ocurre es que aumenta el bulto de lo que hay bajo ella y que los habitantes del lugar —en este caso, Chile— terminan tropezando con ella y perdiendo el equilibrio. Eso es lo que nos ha pasado, y habiendo estado a punto de irnos de bruces, tratamos ahora de recuperar el equilibrio, erguirnos y continuar nuestra marcha como sociedad.

¿No ha pasado algo parecido con el ineficiente sistema de salud pública y con el abusivo sistema privado de salud que tenemos, además de ocurrir también con un sistema de pensiones que no asegura ni la oportunidad ni la justicia de estas y que fue pensado como un instrumento de ahorro compulsivo para inyectar cuantiosos recursos a la alicaída economía que dejó tras de sí la dictadura militar? ¿Acaso no barrimos también eso bajo la alfombra?

Chile, que cuenta ya con 210 años de vida independiente, tiene ahora la oportunidad de decidir en las urnas si quiere o no una nueva Constitución y cuál sería la mejor institucionalidad para ello. Eso es lo que se votará este año. Se trata de la primera vez en toda su historia que los ciudadanos de nuestro país serán consultados a ese respecto por medio de un plebiscito que reúne todas las condiciones de una votación democrática, al revés de aquel que en 1980 aprobó la actual Constitución.

Hay que aprovechar la oportunidad y hacerlo sin temor y sin faltar a la ética, porque faltan a esta los que practican la violencia con objetivos políticos, los que apoyan la violencia sin practicarla, y los que, condenándola, la usan para ver manera de hacer abortar el proceso constituyente en curso y para llamar a votar «Rechazo». La historia constitucional chilena no reconoce un momento como el presente, en el que será posible tener una Constitución democrática tanto en su gestación como en sus contenidos, unos contenidos que tendrán que ser ratificados por otro plebiscito y que antes habrán sido fijados por una Comisión Constituyente en la que se requerirán 2/3 para los acuerdos, y que, al ser sus integrantes elegidos por sufragio universal, representarán a todos los sectores del país y sin el riesgo, por tanto, de que alguna posición extrema se apodere de dicha Comisión.

Veníamos navegando en mar calma como país, sin ver las fuerzas que se estaban moviendo bajo la superficie. Ahora estamos con mar brava, y así continuaremos por un tiempo no menor. La navegación con mar brava no tiene por qué conducir a averías mayores y menos aún a un naufragio de la nave en que vamos todos, pero va a exigir inteligencia, imaginación, generosidad, patriotismo y cordura.

¿Seremos capaces de todo eso?

Tenemos todo el derecho a pensar que no lo seremos, o que no lo seremos del todo, pero a ese posible escepticismo de la razón tenemos que sumar un optimismo de la voluntad y pensar cada cual qué puede hacer para que las cosas vayan lo mejor posible.

Agustín Squella

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