Objetivo de las críticas a Qatar 2022

Sr. Director:

Qatar, como sede de la Copa Mundial de Fútbol 2022, ha recibido críticas que en las últimas semanas se han multiplicado y ampliado a más allá de lo deportivo, específicamente a la relegación de la mujer, la discriminación a las personas LGTBQ+, las restricciones a la libertad de expresión y la violación de los DD.HH. Activistas del mundo occidental, afamados artistas y deportistas célebres, periodistas, políticos y ciudadanos comunes que utilizan las redes sociales para divulgar su opinión, han declarado el repudio.

¿Cuál será el efecto de este aluvión de escarnios? No fue suspendido el Mundial y nadie crítica a la FIFA por su clara decisión de hacer que los valores deportivos se reduzcan a uno: ser un negocio. ¡Incluso el mismísimo Joseph Blatter, un corrupto de tomo y lomo, expresidente de la FIFA, dijo en días previos a la inauguración: «Qatar es un error»!

Por lo tanto, todo lo que se ha dicho y diga sobre Qatar, en realidad no tendrá ningún efecto sobre la competencia misma (más allá de una que otra superestrella ausente) ni  tampoco repercutirá en modificaciones ni del Estado ni de la monarquía gobernada por la familia Al Thani desde mediados del siglo XIX.

Las diatribas solo provocarán el repudio hacia la cultura árabe y la religión islámica. Cabe preguntarse, entonces, si acaso el objetivo de las fuerzas político-económicas que sustentan la fifa no sea otro que la imposición del liberalismo sobre las costumbres musulmanas. A fin de cuentas, ¿qué está realmente en juego? ¿Democratizar la fifa? ¿Hacer prevalecer los valores deportivos? ¿O una expresión del colonialismo liberal, al que adhieren por igual capitalistas y socialdemócratas, conservadores y progresistas?

No se trata de relativizar los derechos de las mujeres y de las comunidades LGTBQ+, ni de poner en duda la libertad de expresión y los DD.HH., sino de cuestionar los efectos reales de la táctica de los agravios y los repudios, no solo sobre la situación de Qatar, sino sobre la cultura árabe en general. ¿Cómo repercutirá en el orgullo de los cataríes? Sabemos en qué desemboca la humillación a los pueblos: el resentimiento y la reacción.

¿Realmente se está contribuyendo a expandir valores que el mundo occidental considera buenos? ¿No será que solo se conseguirá ampliar el abismo entre Occidente y el islam? ¿Acaso se espera que, tras el Mundial de Fútbol, los musulmanes depongan sus creencias? ¿O es que nadie evalúa que no se está criticando ni a la FIFA ni a un gobierno en específico, sino a toda una cultura?

Hoy, cuando se está configurando una guerra entre Occidente y Rusia, esta clase de actitud, de celebridades y de ciudadanos comunes, no contribuye al ecumenismo religioso, es decir, no contribuye a la paz. ¿No se encuentra en la crisis entre Occidente y Rusia, así como entre Occidente y el mundo árabe, un mismo denominador común, a saber: un liberalismo ateo cuyo valor prevaleciente es el mercado? Porque, ¿qué es lo que realmente se ha conseguido con las intervenciones democratizadoras de Occidente sobre Oriente?

Como, después de todo, previa a toda acción política hay una opción teológica, quisiera llamar a reflexionar sobre estas palabras de C. S. Lewis: «La distancia entre los que adoran a dioses diferentes no es tan grande como la que separa a los que adoran de los que no».

Felipe Óscar Lagos Díaz

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