Pedagogía, poesía y contemplación. Ejercicios de escritura

Un lenguaje que no es meramente estético, sino que es un lenguaje de la verdad, es decir, de la revelación. El poeta a través del poema da a conocer el mundo, lo revela.

Hacia el otro lenguaje que nos aguarda en la otra orilla

«La mística (…) es una cosa seria, y sabemos de ella por ciertas personas, mujeres en su mayoría, o gente capaz como san Juan de la Cruz (…) a pesar, no diré de su falo, sino de lo que a guisa (a modo de) de falo les estorba, sienten, vislumbran la idea de que debe de haber un goce que esté más allá. Eso se llama un místico (…) el testimonio esencial de los místicos es justamente decir lo que sienten, pero no saben nada» (Jacques Lacan, Aun. Seminario XX, Paidós, Buenos Aires 2024, 92).

1. ¿Por qué la poesía?

a. Un lenguaje que no es meramente estético, sino que es un lenguaje de la verdad, es decir, de la revelación. El poeta a través del poema da a conocer el mundo, lo revela.
b. Es un uso particular del lenguaje humano (herencia del lenguaje divino: la capacidad de nombrar, Walter Benjamin).
c. El lenguaje humano va siempre más allá y aparece luego de la espada de fuego que Dios puso en las puertas del Edén: «Expulsó (Dios), pues, al hombre; y al oriente del huerto de Edén puso querubines, y una espada encendida que giraba en todas direcciones, para resguardar el camino del árbol de la vida» (Gn 3,24). Por ello Kafka coloca ante la Ley un guardián ante el cual llega un hombre entrado en años y casi al final de sus días (Espinosa, 2026).
d. La poesía que se abre saliendo del Edén tiene, paradójicamente, una función de terapia ante el trauma originario de haber sido expulsados del Paraíso. La expulsión del Edén es el elemento gatillador y el punto de inflexión que abre el surgimiento de la poesía. La poética, con ello, funciona como un trasfondo que permite fundar otro movimiento de terapia, uno fundado en la palabra errante que hizo historia fuera del Edén con la espada fulgurante de fondo. Hay que mantener siempre la conciencia de que la espada sigue ahí al igual que los querubines que protegen la infancia originaria (Espinosa, 2026).

La expulsión del Edén es el elemento gatillador y el punto de inflexión que abre el surgimiento de la poesía.

2. La poesía de Hugo Mujica (Buenos Aires, 1942). Me enfocaré en sus textos sobre Juan de la Cruz (1542-1591), uno de los más grandes místicos del siglo de oro español, reformador junto a Teresa de Ávila de la orden carmelita.

No realizaré una interpretación de sus poemas, ya que esto sería matar al poema. Dejaré que el poeta hable y yo intentaré resonar con algunas de sus palabras y desde esa resonancia abrir el espacio de la conversación.

— «El hombre es nostalgia de sí, deseo de ser» (p. 56)1. Lo fundamental es captar que lo trascendente no es patrimonio de los religiosos o de los confesionales, sino que es una característica propiamente humana. Lo que nos hace verdaderos seres humanos es el deseo de ser, es el proyecto de ser, es el reconocimiento de la noche oscura en la cual vamos y buscamos la fuente que mana y corre (Juan de la Cruz, Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe).

– ¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido (Cántico Espiritual, Juan de la Cruz).

— «Fue necesario un dios en carne viva, para que la carne, a través del dolor, viva. Se encarne divina (…) el dolor, místico y poético —abismo y senda—, es conocimiento: «el más puro padecer trae y arranca el más puro entender». Entendimiento anterior al concepto. Se sabe sintiendo. Implicándose» (p. 59). Por ello el camino contemplativo es un itinerario erótico, que nace de Penía (pobreza, carencia) y de Poros (el encuentro de soluciones y de caminos). Ahí nace Eros.

— «La realidad es poética cuando supera su realidad, cuando acoge su donación, su creación, es mística, cuando incluye su imposibilidad. Lo imposible no es imposible: es no poder, es acoger y recibir. Es lo otro» (p. 61). La pedagogía contemplativa es la pedagogía del deseo en donde no es tanto capturar el objeto-objetivo sino que es tomar conciencia del camino a través del cual intentamos acercarnos a ese objetivo (Kavafis, Ítaca).

– La mística: «borradura, borradura itinerante, trazo en la arena» (p. 64).
: «la mística deconstruye» (p. 64).
: «la mística: el gozo y la unión» (p. 64).
: «Dios, para la mística es el desconocimiento de dios, no el dios desconocido» (p. 64).
: «el místico no conoce llegada, sólo búsqueda: todo partida» (p. 65).

— «Celda, vientre de la ballena: Toledo. Juan encarcelado» (p. 74). La entada en la ballena es un rito iniciático, un rito pedagógicamente iniciático. Jonás y su ballena, Juan de la Cruz en su prisión, Ismael en su ballena. Hay un proceso de la catábasis y de la Anábasis, de entrar a la tierra, a la muerte, a la profundidad, y un movimiento de salida de la tierra germinado, a la vida, a la luz. Los procesos pedagógicos son procesos de muerte y resurrección y por tanto son contemplativos.

El problema es que las palabras no nos alcanzan
pero intentamos, siempre intentamos

1 Estoy usando el texto Hugo Mujica, Del crear y lo creado 3. Prosa selecta; 2: ensayo, narrativa (Vaso Roto, Madrid 2014).


Imagen: Pexels.

logo

Suscríbete a Revista Mensaje y accede a todos nuestros contenidos

Shopping cart0
Aún no agregaste productos.
Seguir viendo
0