Poesía y post-paraíso: tesis provisionales

La poesía, que es un lenguaje que aparece saliendo del Edén, es también el lenguaje de la experiencia que reconoce su falta al intentar decir algo sobre la experiencia del decir limitado.

Por el poema que continúa escribiéndose.

1. La poesía solo es posible siendo expulsados del paraíso.

2. Emmanuel Taub (2024) escribe: «La poesía es un salto al vacío». En el poema tenemos la imposibilidad total. Roberto Bolaño escribe: «En la intersección de la muerte y el poema». El poema tiende a confundirse con la muerte y la escritura del poema abre el espacio en donde el lenguaje cae inexorablemente. Siempre hay caída, hasta el punto de mostrar que sin caída no hay experiencia real del poema, así como tampoco del lenguaje.

3. El lenguaje es tal gracias a la caída, a la finitud y a su errancia constitutiva. Taub (2024), nuevamente: «El lenguaje nunca es divino. Si el lenguaje fuera divino, sería silencio».

4. El lenguaje humano va siempre más allá y aparece luego de la espada de fuego que Dios puso en las puertas del Edén: «Expulsó (Dios), pues, al hombre; y al oriente del huerto de Edén puso querubines, y una espada encendida que giraba en todas direcciones, para resguardar el camino del árbol de la vida» (Gn 3,24). Por ello Kafka coloca ante la Ley un guardián ante el cual llega un hombre entrado en años y casi al final de sus días.

5. La poesía es el lenguaje imposible ya que el lenguaje humano es únicamente post-edénico, en tanto castración y cese de la inocencia [pre-edípica]. Por tanto, hay solo posibilidad de poesía una vez hecha la transgresión de la ley, del mandato divino. La poesía, al decir de E. Taub (2024), es un «ataque terrorista», un matar la Ley para desplegar la ley del lenguaje, la potencia radical y terrorista del lenguaje y del significante, nacido de una castración originaria. La poesía, de este modo, inaugura la errancia humana en el mundo. La caída del Paraíso es siempre la poesía en tanto errancia constitutiva del ser humano.

6. La poesía que se abre saliendo del Edén tiene, paradójicamente, una función de terapia ante el trauma originario de haber sido expulsados del Paraíso. La expulsión del Edén es el elemento gatillador y el punto de inflexión que abre el surgimiento de la poesía. La poética, con ello, funciona como un trasfondo que permite fundar otro movimiento de terapia, uno fundado en la palabra errante que hizo historia fuera del Edén con la espada fulgurante de fondo. Hay que mantener siempre la conciencia de que la espada sigue ahí al igual que los querubines que protegen la infancia originaria.

La expulsión del Edén es el elemento gatillador y el punto de inflexión que abre el surgimiento de la poesía.

7. Por tanto, la terapéutica involucra un modo particular de establecer los recursos del lenguaje en cuanto producción del ser humano lanzado hacia fuera del Paraíso. Maurice Olender (2005), a propósito del uso del hebreo en la vida judía, escribe: «Muda, la palabra hebrea se presenta como un cuerpo oscuro de significación oculta. Esta solo puede descubrirse en el fragor de la voz. Para leer el texto, hay que cantarlo, prestarle ese soplo que lo anima y que siglos de vocalizaciones legitimaron» (p. 41). La vocalización de la lengua humana siempre es post-Paraíso, ya que en el mundo finito hay que intentar vincularse de nuevo con la experiencia originaria del lenguaje. En el Edén existía un lenguaje primordial (Walter Benjamin) que luego de la caída se pierde y emerge la traducción en tanto cuanto experiencia propiamente humana. Las vocales, la vocalización y los cantos en cuanto formas de vivir la poesía son formas necesariamente una experiencia post-Paraíso, situación que es especialmente material en el intento de legitimar el mismo acto de la voz.

8. La inventiva humana del uso de la palabra implica el reconocimiento de la pluralidad de modos de acercarse al decir originario, aun cuando dicho decir es imposible. El Paraíso aparece como lo infinito, y fuera del Paraíso está el lenguaje marcado por la finitud. El lenguaje finito es el relato propiamente humano y, por tanto, el lenguaje auténticamente exParaíso. Fuera del Paraíso está la deformación del lenguaje originario y, por tanto, la «de-formación» (Taub, 2024) de Dios en cuanto Dios debe ser pasado a través del lenguaje humano, finitud e interpretativo. El lenguaje de la historia no alcanza a captar de manera total ni a Dios, ni al Paraíso ni a su lenguaje.

9. El poeta T. S. Eliot (2014) escribe: «Arrojándose contra los últimos/ límites de la propia expresión». La poesía siempre habita en el límite de lo decible, y en esos límites es la historia fuera del Paraíso en donde habita la de-formación de Dios y del lenguaje. La poesía se transforma en terapia porque nos permite volver de alguna manera al Paraíso. Por tanto, si la poética se puede transformar en una terapéutica es porque a través del poema nos vinculamos con el origen perdido. Borges (1998) escribe: «Bradley dijo que uno de los efetos de la poesía debe ser darnos la impresión no de descubrir algo nuevo, sino de recordar algo olvidado (…) un poema [que] preexistía en nosotros» (pp.106-107).

10. La poesía, que es un lenguaje que aparece saliendo del Edén, es también el lenguaje de la experiencia que reconoce su falta al intentar decir algo sobre la experiencia del decir limitado. Como dice E. Taub (2024): «El estadio de la escritura tiene la fragilidad de un cuerpo» y en otro lugar: «La escritura es una tierra inhóspita». Así, si Eva parirá los hijos con dolor (Gn 3,16) y Adán debe labrar la tierra con el sudor de la frente (Gn 3,19), la escritura deberá parirse con dolor y con sudor y hablar del dolor, del sudor y de la muerte. En palabras de Stavans y Zurita (2014): «Somos hijos del poema y de la muerte».


Imagen: Pexels.

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