¿Por dónde empezar?

La pandemia nos ha cambiado las preguntas y tenemos el desafío de buscar nuevas respuestas en todas las dimensiones personales, familiares y laborales.

Andrea Saporiti

27 mayo, 2020, 4:52 pm
9 mins

Y de pronto el mundo se detuvo. Casi sin darnos cuenta, por primera vez en la historia de la humanidad, todo el planeta está atravesando la misma situación. Ya no importa en qué país, en qué ciudad, en qué lugar remoto de la tierra uno está, “todos estamos en lo mismo”. La incertidumbre comenzó a aparecer en escena vestida de múltiples trajes, algunos conocidos y otros difíciles de comprender. Con ella trajo un sinfín de emociones que salieron al encuentro de cada uno de nosotros: miedos, angustia, asombro, dolor, y cada día aparece alguno nuevo, todos de la mano de la incertidumbre.

¿Qué significa esta palabra que evocamos a cada instante? El diccionario de la Real Academia Española lo define de esta manera: “Falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo, especialmente cuando crea inquietud”.

Las palabras tienen esa magia de contener en su significado el motivo por el cual las utilizamos o no. En este caso, nunca mejor empleadas.

En los últimos tiempos la velocidad en la que veníamos mostraba signos y síntomas cada vez más evidentes: el cambio climático, los incendios a grandes escalas, altos niveles de angustia y ansiedad que ocupaban el ranking de los trastornos prevalentes en el mundo. Sin embargo, nuestra sordera no nos permitía escuchar y comprender que nos habíamos equivocado de camino. Seguíamos corriendo vaya Dios a saber dónde. Nos perdimos, dejamos de mirarnos, de empatizar, de ayudar y ayudarnos. Y un día, la Vida nos dijo: “Ahora tienen que parar y reaprender, pensar, vuelvan a casa, hagan silencio, busquen en su interior” y de pronto nos encontramos todos en la misma situación, sin certezas, con un alto grado de inquietud e inseguridad.

Las preguntas han cambiado y nos desafían a buscar nuevas respuestas en todas las dimensiones personales, familiares y laborales.

Ante este panorama la primera pregunta que surge es: ¿Por dónde empezar?

Siguiendo las enseñanzas de Brother David, monje benedictino, su simpleza y profundidad nos invitan a una práctica que tiene tres pasos y que puede ayudarnos en estos tiempos: Parar-Observar-Seguir (StopLookGo).

El imprevisto muchas veces nos paraliza y en esta situación todos hemos tenido que Parar, pero es importante que este parar sea consciente, es decir, detenernos y comenzar por registrar qué emociones, sentimientos, me genera esta situación. Parar nos permite Observar mi situación, la de mi entorno, la del mundo. Cuando uno para puede ver con más claridad el paisaje, diferenciando objetos, colores, olores, sonidos. Y este quizá sea el primer desafío para comenzar a hacerme las preguntas esenciales, mirar lo cercano, lo que hay, darnos la oportunidad de volver a encontrarnos, con nosotros y con los otros. El ejercicio no es fácil, requiere de un tiempo de acomodación a la nueva situación. Todo sucede en simultáneo y corremos el riesgo de no ver con claridad. Calma, es el siguiente objetivo. No se pueden cambiar los hábitos de un día para el otro. En este proceso pueden aparecer todas las emociones juntas. Calma, compartámoslas, son parte del proceso. Tenemos una ayuda, nos tenemos que quedar en casa, y es importante que abramos nuevos espacios, organicemos rutinas que nos ayuden a ordenarnos. Espacios de ejercicios, de juego, de silencio, de oración, de descanso, de compartir con la familia y espacios para estar solos.

Este es un tiempo único en la historia. Sin caer en negar la realidad que estamos viviendo, es una oportunidad para “volver a casa”. Ordenarla por dentro y por fuera, seamos pacientes, es un tiempo de siembra. Seguramente la cosecha se verá en una nueva época que aún no sabemos cuándo será. Este proceso interno de cada uno dará paso al tercer desafío: Seguir, con mayor claridad, con espíritu renovado donde comprendamos que nos necesitamos entre todos y que seremos, cada uno desde su lugar, protagonistas de un nuevo orden.

RECOMENDACIONES PSICOLÓGICAS PARA ENFRENTAR LA PANDEMIA

El objetivo de esta guía es conocer y comprender la situación de emergencia para saber cómo protegerse y ayudar a afrontarla desde el punto de vista psicológico.

GUÍA BÁSICA

Sentimientos y pensamientos asociados al coronavirus:

Las situaciones imprevistas como una pandemia generan altos niveles de ansiedad. Estos estados, asociados a la incertidumbre, actúan como un estresor que incide en nuestra calidad de vida.

Emociones que pueden surgir:

Miedo.
Frustración.
Enojo.
Ambivalencia.
Desorganización.
Aburrimiento.
Tristeza.
Sentimientos de soledad.
Sensación de encierro.
Ansiedad.

Identificar estas emociones implica observar y comprender nuestros pensamientos y emociones para poder aceptarlos y modificarlos.

RECOMENDACIONES

Les recomendamos una serie de actividades prácticas para realizar en sus casas. Recuerden primero identificar sus pensamientos y emociones.

De todas maneras, la verdadera práctica es que cada uno aproveche este tiempo para descubrir sus propias respuestas.

Estas son solo algunas sugerencias.

Organización: Establezca un horario y una “nueva” estructura para su día a día. El armado de nuevas rutinas es un desafío, requiere flexibilidad y tiempo. No se sobreexija.

El proceso de adaptación a la nueva situación requiere de tiempo.

Aspecto físico: Mantener los horarios de sueño: es necesario descansar para mantener un adecuado nivel de energía vital.

Alimentación: Saludable. Es fundamental la hidratación.

Ejercicios físicos: Como parte de la rutina es importante dedicar como mínimo 15 minutos al día para movilizar el cuerpo.

No se quede todo el día en pijama.

Aspecto emocional: Comparta sus sentimientos: momentos de encuentro con las personas que convivimos.

Si está solo, hable con un vecino o con sus familiares a través de las redes.

Hable con sus hijos, sea claro, concreto y preciso en la importancia de cuidarse (lavado de manos) y cuidar.

Busque espacios comunes y propios. Lleva tiempo encontrar el propio lugar.

Sienta sus emociones. Cuestione sus pensamientos.

Comparta las actividades con los suyos.

Limite el tiempo de información. Consulte solo los sitios oficiales.

Busque ayuda adicional si se siente muy nervioso, triste, ansioso. Busque algún profesional de la salud mental.

Aspecto espiritual: Confíe en la vida. “Todo pasa”.

Viva el presente.

Genere un espacio para meditar, rezar y estar en silencio.

Desarrolle la solidaridad desde lo posible.

Cuídese y cuide a sus seres queridos.

No pierda el sentido del humor. Cante, baile, escriba.

Agradezca cada día.

Practique la aceptación de aquellas cosas que no dependen de uno.

Tome el día de a uno por vez.

—Artículo publicado en la edición Nº 619 de la revista Ciudad Nueva.

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Fuente: https://ciudadnueva.com.ar

Licenciada en Psicología. Magister en Familia y profesora en la Universidad Austral de Argentina.

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