¿Por qué justo a mí tenía que tocarme ser como yo?

Quino supo usar el humor también para la crítica y la denuncia social, de un modo que unió —ha unido— a mucha gente alrededor del mundo.

Álvaro Zapata sj

02 octubre, 2020, 10:14 am
3 mins

Cada uno de los que hemos seguido a Mafalda y hemos crecido con ella tenemos nuestra viñeta estelar, nuestro personaje preferido. El mío es Felipe, el amigo que se deja llevar por la angustia y siempre encuentra tiempo para dejar para otro rato los deberes, soñando mientras con ser el Llanero Solitario. El título de este artículo es mi frase favorita de Felipe: «¿Por qué justo a mí tenía que tocarme ser como yo?». Resume muy bien la actitud vital de a quién le cuesta estar contento del todo y le puede la inquietud de buscar otras. Miguelito también me representa, yo también quería ser suizo para comer chocolate todo el día.

Esta es la mía, pero seguro que si tú eres seguidor de Mafalda tienes la tuya. Mis primeras historietas de Mafalda las leí en un libro de mi madre que estaba por casa. Y desde entonces me han ido acompañando. No es historia solo para niños, aunque sea cómic, de algún modo va creciendo con uno y tanto te ríes de pequeño como de mayor.

Es una de sus cualidades. Que todos hemos conectado de un modo personal con alguna de sus tiras, de sus personajes, de sus frases. Su imagen es una de las más compartidas en redes, sus sencillos pensamientos de niña adulta nos interpelan y nos sacan la sonrisa de mirar las cosas de otro modo, más desde abajo que desde las ‘adulteces’ que tanto odia Mafalda.

La muerte de Quino, como a mí, te habrá dejado una sensación encontrada. Entre la orfandad de la pérdida y el agradecimiento por lo mucho recibido de ese maravilloso mundo que nos regaló, a base de lápiz y papel. Alguna vez dijo Quino que lo que le pasaba es que no entendía cómo dibujó todo eso, cómo fue capaz de crear un mundo que conectara de un modo tan directo con tanta gente.

A todos nos puede pasar como a Quino. Que lo mejor que somos capaces de hacer no sabemos explicar por qué lo hacemos, o cómo lo hacemos, o qué hace que sea tan bueno.

Lo cierto es que, aunque no supiera explicar su genio, Quino supo usar el humor también para la crítica y la denuncia social, de un modo que unió —ha unido— a mucha gente alrededor del mundo. Ahora que parece que la disensión y la crítica solo pueden separar y provocar violencia, ojalá que el legado de Quino sea devolvernos la conciencia de que la primera condición para la unión es un buen sentido del humor.

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Fuente: https://pastoralsj.org

Hermano jesuita español. Escribe para Pastoralsj.

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