Por quién votaré

La discusión política de estos meses tiene mucho de cháchara. No siempre se deja ver lo realmente importante. Qué hará el país con las mujeres, los inmigrantes, los mapuche, los estudiantes y los súper-ricos, a mí parecer, es decisivo para un futuro de largo plazo.

Jorge Costadoat sj

25 Abril, 2017, 2:05 pm
9 mins

No votaré por alguien que a mí me convenga. El país está primero. Entre los muchos asuntos a considerar, será para mí prioritario mirar las cosas en el largo plazo. Votaré por quien, a la hora de decidir, vea que se preocupe por los siguientes sujetos.

Las mujeres todavía están en situación de desigualdad. Me gustaría comparar los programas de los candidatos. ¿Qué proponen para achicar la diferencia en los salarios? Se dirá que los sueldos los fija el mercado. ¡Por esto precisamente suelen ser injustos! El mercado da una señal importante para construir un sueldo justo, pero señales hay muchas más. Otra cosa: se ha sugerido una pensión para las mujeres que han sido dueñas de casa. Podría concedérseles a las madres que no pudieron trabajar o que lo hicieron con dificultad y apenas pudieron ahorrar en una AFP. Alguien dirá que el trabajo doméstico de la dueña de casa, para el mercado, es imponderable. Póngase, entonces, como referente el salario de la asesora del hogar mejor pegada del mercado y créese una pensión equivalente. Será sin duda poco, pero no nada.

Los mapuche debieran ser reconocidos como Pueblo-Nación. Así mismo los otros pueblos originarios. El Estado chileno se comprometió a hacerlo ante la ONU. No ha cumplido. Hoy sabemos que el reconocimiento como pueblo implica derechos políticos y diversas formas de autonomía. No se trata de inventar un país nuevo, sino de dar a los mapuche carta de ciudadanía según su propia cultura e identidad. Se olvida que la Pacificación de la Araucanía fue un genocidio. No ha debido ser esta la manera de nacionalizar a un pueblo. La invasión de las forestales y proyectos extractivos (mineras, hidroeléctricas) ha sido otro tipo de invasión devastadora en los territorios mapuche. Hoy lamentamos una violencia que es producto de una enorme injusticia. Espero votar por un candidato que, en vez de mandar tropas al sur, saque a las forestales de sus tierras y negocie con la CAM y con todas las organizaciones las condiciones de una convivencia amistosa. Se necesitará también una o varias leyes que promuevan el crecimiento económico sustentable de esta zona del país, leyes que tomen en cuenta la cultura y la opinión de sus habitantes.

Los migrantes necesitan un recibimiento hospitalario. La actual ley no lo permite. Se sabe que llegarán igual: por tierra, por mar o por aire, “a la buena” o “a la mala”. Migrar es un derecho de la humanidad desde hace 70 mil años. La migración es un derecho consagrado en la Carta de Derechos Humanos de la ONU. Me gustaría que la nueva ley estipule la integración más rápida de los inmigrantes, de modo que ellos y ellas lleguen a beneficiarse de nuestra nacionalidad y ciudadanía lo antes posible. Que tributen, que voten, que pronto se adscriban a las AFP y a las Isapres o a Fonasa, que paguen y aprovechen sus servicios. Por otra parte, introduciría una reforma al código penal. Consideraría una agravante el maltrato a un inmigrante a causa de su condición o de su raza.

Los jóvenes universitarios no debieran perder la gratuidad obtenida. Es más, espero ver en los próximos programas de gobierno promesas de conseguirla en un 100%, si el país logra financiarla. ¿Cómo hacerlo? Los mismos universitarios debieran contribuir económicamente a la educación de las siguientes generaciones. Tendrían que pagar sus carreras después de egresados. Desde kínder los niños debieran entender que los impuestos son fundamentales. No hay derechos sociales sin deberes sociales. Por esto, no le daría gratuidad alguna a los universitarios que no acudan a votar en las elecciones políticas. La solidaridad tendría que ser la clave de la nueva educación. Lo más importante en esta materia, en todo caso, será terminar con el co-pago en la educación escolar. El Estado tendría que asegurar una educación igualitaria. La educación pagada —pública o privada, laica o religiosa— reproduce la desigualdad. De momento se hace difícil impedir que haya también educación pagada de elite. Pero a futuro el país tendría que poder poner trabas a este factor, pues hace de Chile un país clasista y desigual.

Los súper-ricos tendrían que poder ser controlados lo más posible. Los ricos en general son de cuidado. Pero quienes poseen una fortuna cercana a los quinientos millones de dólares —por poner una cifra—, debieran ser objeto de restricciones legales permanentes. La creciente concentración mundial de la riqueza tiene al mundo al borde del despeñadero. Conviene siempre tener en cuenta que la economía financiera no tiene la misma calidad ética que la economía productiva. El país requiere de empresas y empresariados creativos, robustos y arriesgados. Pero a las grandes fortunas, a todas por parejo, hay que mirarlas con lupa. Porque independientemente del bien que pueden hacer creando empleos y salarios justos, la mera concentración excesiva de riqueza es un peligro para la sociedad. Espero que en un programa de gobierno se nos diga cómo se controlará la libertad de los súper-ricos para hacer negocios y para relacionarse con los poderes políticos, culturales y comunicacionales. Los hechos prueban que la libertad de los multimillonarios vulnera la libertad de los pobres (que hoy compran cosas que el marketing les vende infaliblemente), distorsiona el mercado (con monopolios o colusiones) y socava la democracia (con corrupción y cohecho). Me hago una pregunta: ¿debe una próxima Constitución política permitir que un súper-rico sea parlamentario o presidente de la República? Me gustaría ver un debate al respecto.

Los programas de gobierno tienen que ser creativos y lo más completos posible. El votante tendrá que atender a muchas propuestas, pero también a las coaliciones políticas capaces de sustentarlas. Los criterios que he señalado no son los únicos a considerar. Pero, al menos yo, observaré con atención cuál de los candidatos los sirva mejor. La discusión política de estos meses tiene mucho de cháchara. No siempre se deja ver lo realmente importante. Qué hará el país con las mujeres, los inmigrantes, los mapuche, los estudiantes y los súper-ricos, a mí parecer, es decisivo para un futuro de largo plazo.

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Fuente: http://jorgecostadoat.cl/wp

Sacerdote jesuita chileno. Teólogo.

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