El camino Jedi de autodisciplina, discernimiento y servicio al bien común refleja en últimas el camino espiritual de los Ejercicios: buscar la libertad interior para poder «encontrar a Dios en todas las cosas» y alinear nuestra voluntad con la Suya.
El famoso saludo «¡Que la Fuerza te acompañe!» de Star Wars sigue trascendiendo la pantalla y la espiritualidad. Más allá del juego de palabras del «May the 4th», esta expresión conecta con una intuición profunda: existe una realidad misteriosa que todo lo sustenta y une. La saga ilustra con los Jedi y los Sith las dos formas fundamentales de relacionarnos con esta realidad: alinearnos con ella para servir al bien o manipularla para el poder propio.
Esta expresión conecta con una intuición profunda: existe una realidad misteriosa que todo lo sustenta y une.
«La Fuerza» podría verse como una analogía de la presencia de Dios, que «contiene y sustenta» toda la creación. La clave, sin embargo, no está en un Dios energía o lejano que «baja» su poder, sino en cómo nosotros nos disponemos a acoger y colaborar con esa Gracia que ya está actuando en lo creado. Adicionalmente, el peligro del «lado oscuro» sería quizás la tentación permanente de usar los dones o a Dios mismo para nuestros propios proyectos egoístas, en lugar de ponernos al servicio de su proyecto de armonía y vida.
Por eso, la pregunta no es tanto si Dios está conmigo, sino: ¿estoy yo con Dios? El camino Jedi de autodisciplina, discernimiento y servicio al bien común refleja en últimas el camino espiritual de los Ejercicios: buscar la libertad interior para poder «encontrar a Dios en todas las cosas» y alinear nuestra voluntad con la Suya. Es un trabajo de sintonía fina con una Presencia que ya está ahí, invitándonos a colaborar. «¡Que Dios (o ‘la fuerza’) te acompañe!» debería ser entonces una invitación a la acción; un llamado a ajustar nuestra frecuencia interior a la de la Armonía mayor de Dios que sana, une y da vida.
Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.