¡Que no caiga!

La cosa pasa por moverse y decidir, en base a los participantes, cuántos corros pueden hacerse y cuántos balones pueden permanecer en el aire. Un verdadero discernimiento que no caiga en la ilusión de pensar que todo se puede, o en el catastrofismo de quien piensa que no hay nada que hacer contra la gravedad.

Es un juego al que todos hemos jugado alguna vez. Se trata de mantener una pelota en el aire sin que caiga al suelo o al agua a la que la gravedad la atrae. Una experiencia que es divertida si se comparte con mucha gente, pero que se vuelve aburrida y cansada cuando los que juegan son pocas personas, y ya no quiero decir nada si se hace en solitario.

Últimamente tengo esta sensación ante algunas actividades y actuaciones de la Iglesia. Pues muchas nacieron con el entusiasmo y la alegría de quienes, siendo muchos, lograban mantener la pelota en el aire, no sin esfuerzo, pero sí con disfrute y alegría. Pero, hoy por hoy, muchas de ellas experimentan como sus integrantes se han visto reducidos, por ancianidad y fallecimientos, por desinterés y otras razones.

Tengo esta sensación ante algunas actividades y actuaciones de la Iglesia. Pues muchas nacieron con el entusiasmo y la alegría de quienes, siendo muchos, lograban mantener la pelota en el aire (…) Pero, hoy por hoy, muchas de ellas experimentan como sus integrantes se han visto reducidos.

Y así, hay quien se encuentra cansado de vivir sintiendo el peso de la responsabilidad de deber estar no solo en un corrillo de poca gente, sino corriendo sin descanso de corro en corro para evitar que la pelota que la pelota que amenaza, sucumba ante la ley de la gravedad.

Y ante esto ¿qué hacer? Algunos protestarán y perderán la salud y la alegría, otros darán todo por perdido, dejando que la pelota caiga. Pero ni una cosa ni otra son solución.

Porque creo que la cosa pasa por moverse y decidir, en base a los participantes, cuántos corros pueden hacerse y cuántos balones pueden permanecer en el aire. Un verdadero discernimiento que no caiga en la ilusión de pensar que todo se puede, o en el catastrofismo de quien piensa que no hay nada que hacer contra la gravedad. Una toma de decisiones que implica movimiento y, de algún modo comenzar de nuevo, sin dejar nunca de hacer lo mismo.


Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.

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