Es muy difícil vivir sin redes hoy, casi tanto como lograr que estas no se conviertan en cadenas que nos arrastren al pecado. Por eso ayuda hacer caso a San Ignacio cuando recomienda quitar de lo conveniente para encontrar el medio o equilibrio.
Hablando con varios jóvenes durante esta Cuaresma, me comentaban que una de las realidades que más les dificulta al ser cristianos son las redes sociales. Uno de ellos me decía que las redes se convertían en cadenas que arrastraban y llevaban hacia el consumismo, la pornografía, la frivolidad y tantos otros pecados. Esto me recordó aquellas palabras de San Ignacio en los Ejercicios Espirituales, cuando habla de las redes y cadenas que llevan primero a la codicia, después al vano honor del mundo, para llegar a la soberbia y, desde allí, a todos los demás vicios.
Son las redes de nuestra sociedad: que hacen desear no solo consumir productos, sino incluso a las personas; incitan a mostrarse como aquello que uno no es; son un sucedáneo que compensa el vacío interior y hacen querer vivir desde la superficialidad y la fachada.
Pero la pregunta es: ¿quién puede vivir hoy sin redes sociales? Si con ellas nos comunicamos. Si las necesitamos para trabajar, para la pastoral o incluso porque sus contenidos ayudan a nuestra vida espiritual.
La pregunta es: ¿quién puede vivir hoy sin redes sociales? Si con ellas nos comunicamos…
Ciertamente es muy difícil vivir sin redes hoy, casi tanto como lograr que estas no se conviertan en cadenas que nos arrastren al pecado. Por eso ayuda hacer caso a San Ignacio cuando recomienda quitar de lo conveniente para encontrar el medio o equilibrio. Tristemente, no sé si es posible ayunar de toda red durante la Cuaresma, pero lo que sí se puede es hacer una abstinencia de ellas en determinados días, una selección o una moderación «forzada» de su uso.
Ojalá que esto no se quede únicamente en un acto de autoafirmación que nos demuestre que podemos vivir sin redes sociales, sino que, con la ayuda de Dios, sea un medio para que las redes dejen de ser cadenas y se conviertan en sanos conectores con Dios y con los hermanos.
Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.