Resurrección, encuentro y pathos/sentimiento

Con la Resurrección se despliega un mundo emocional y de sentimientos que apelan a la alegría, a la esperanza, a la transformación del dolor y de la desesperanza.

Quisiera ofrecer un tercer artículo sobre la Resurrección de Jesús, el cual sigue la pista de los dos últimos trabajos en Mensaje (“Resurrección de Jesús y lenguaje: aprender a narrar la vida” y “Resurrección, experiencias y lenguaje: algunas intuiciones”). En este tercer artículo los conceptos con los cuales quisiera vincular el acontecimiento de la Resurrección son la importancia del encuentro interpersonal y el sentimiento o pathos que de ella surge. Lo que estoy manteniendo como idea teológica es que con la Resurrección se despliega un mundo emocional y de sentimientos que apelan a la alegría, a la esperanza, a la transformación del dolor y de la desesperanza. Hay un trasfondo antropológico en la Resurrección de Jesús y, por tanto, si dentro de lo antropológico los sentimientos y emociones son un elemento fundamental, ellos también son transformados por la vida nueva del Cristo.

La psicoanalista Julia Kristeva —siendo citada por Adolphe Gesché en Dios para pensar: Jesucristo (2013)— habla del trauma y de su lugar dentro de la experiencia humana. El porqué de la recuperación por parte de Gesché de la experiencia del trauma y de su vínculo con la Resurrección pasa porque el teólogo belga indica que en la Resurrección hay temor (Cf. Mc 16,8) y confusión (Cf. Lc 24,39). Algo se quiebra en la normalidad de los discípulos y, frente ello, surge un mundo emocional enmarcado en esta dimensión traumática. El trauma es espacio para lo nuevo. Esto, y en palabras de Kristeva: “Se convierte así en el don de una nueva lógica y hace que el cerrojo narcisista salte bajo la presión de la perturbación”. Con ello podríamos afirmar que la Resurrección representa una experiencia de apertura a un encuentro de transformación, a esto que Kristeva denomina el derrumbe del cerrojo narcisista y, desde ello, nos abre a la contemplación sensible del otro como trasfondo de toda auténtica humanización. La identidad vulnerable del sujeto se hace más comprensible en la percepción del dolor y del mundo emotivo del otro. Por ello es que pienso que la Resurrección de Jesús trabaja sobre el trauma, sobre la fragilidad y la finitud de los seres humanos y es desde esa finitud desde la cual la vida nueva dada por el Espíritu surge.

En la recuperación del mundo emotivo aparece lo que Gesché denomina la antropología del hombre visitado, del ofrecimiento mutuo, del entendernos como zoon pathetikón o animal patético, es decir, de ser creaturas con un mundo interno que despierta al contacto con otros. Gesché, a propósito de lo anterior, indica: “Es también zoon pathetikón, un ser que recibe y recibe desde fuera, requerido por una trascendencia (la de los otros y la del Otro (Dios), la de los eventos que acontecen). Hay una receptividad, una pasividad que definen al hombre tan acertadamente como la actividad”.

Entonces: ¿Cómo pensar la Resurrección en clave del pathos? Asumiendo el lugar fundacional de las emociones en el concierto humano y en consideración de una razón que, muchas veces y de maneras excesivas pone acento en lo tecnocrático o en lo instrumental, volver a mirar el pathos como constitutivo de lo humano podría representar una renovación de la perspectiva desde la cual miramos al Dios de Jesús y al mismo ser humano. Con ello podríamos pensar cómo una teología pascual, una teología que nace de la Resurrección y que busca comprenderla y anunciarla debe dar espacio a ese mundo emotivo desde el cual hacemos experiencia (encuentro) del Resucitado.

Con esto estamos asumiendo que nuestra teología debe estar continuamente fecundada por estas patéticas humanas, por nuestras sensibilidades, por nuestros mundos internos y comunitarios, por esos espacios vitales que con el Resucitado han tomado nueva forma, una forma resucitada. En definitiva, es volver a la comprensión fundamental de que en la Encarnación Dios asumió la emotividad humana y, en la Resurrección, esa emotividad fue llevada a su plenitud. MSJ

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