Revista Mensaje N° 694. «Borgen: La política como un oficio»

La serie europea mantiene indesmentible vigencia a diez años de su estreno, siendo hoy una de las más vistas en nuestro país en su ejercicio de exponer los claroscuros del juego político.

Benjamín Aguirre Moreno

17 noviembre, 2020, 2:42 pm
10 mins

Netflix reestrenó para el mundo la serie Borgen, entrega danesa que hace diez años (2010) mostraba en adelanto el desgaste de las instituciones y valores de la democracia a través de una trama que, en tres temporadas, muestra el quehacer de políticos profesionales en una sociedad cada vez más compleja y exigente. Todo, paradojalmente, desde un país con una tradición democrática de 160 años, reconocida como estable y ejemplar a nivel global debido a la fortaleza y eficiencia de su modelo de desarrollo, y al bienestar que este ha proporcionado a sus ciudadanos. Cada episodio parte con una cita. El primero, con una de Maquiavelo: El Príncipe no debe tener más objetivo o pensamiento que el de la guerra y sus reglas y disciplina”, dando cuenta de la antigüedad del oficio de gobernar, y del modo en que la vocación de poder, sin adornos ni complejos, es lo que permite al político llevar adelante su programa.

Algo que queda de manifiesto desde el primer capítulo es la capacidad de la sociedad danesa para mirarse a sí misma y dar cuenta de sus debilidades. Esto se va revelando con desparpajo, e incluso crudeza, al narrar las estrategias de alianzas y concesiones, muchas veces al filo de lo legal y ético: Birgitte Nyborg, protagonista de la historia, es la líder del Partido Moderado en la nación escandinava y, por lo tanto, quien lleva adelante las negociaciones con los demás bloques durante las elecciones en que se renovará el parlamento y se elegirá a un nuevo Primer Ministro. En ese contexto, debe decidir si defender una convicción respecto del tema migratorio, momento en que la ficción, producida y transmitida por la señal de televisión púbica Danmarks Radio (DR), deja expuesta las tensiones asociadas a esa problemática en naciones donde el Estado de bienestar y sus definiciones entran en constante contradicción con medidas proteccionistas y sus respectivas consecuencias. Finalmente, Nyborg hace una diferencia, decide ser genuina ante la opinión pública respecto de principios que considera mandantes en su accionar político, pero no de manera inocente, haciendo el cálculo y estimando la pérdida, demostrando flexibilidad y consecuencia, lo que desencadena el éxito de su sector en los comicios, dándole a la vez una posibilidad cierta de convertirse, fuera de todo pronóstico, en Primera Ministra de Dinamarca, develándose un rasgo de nuevos votantes que valoran la transparencia y reclaman por liderazgos que conecten con su época.

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Director de Comunicaciones. Jesuitas Chile.