Revista Mensaje N° 695: «Esa política peruana que corrompe la democracia»

La política en este país ocupa unas formas que no tienen en consideración ni la sostenibilidad ni el fortalecimiento institucional del Estado. Y su privatización conlleva una cooptación de lo público.

Adriana Urrutia Pozzi-Escot

16 diciembre, 2020, 9:30 am
18 mins

Sábado 14 de noviembre, hacia las 9 de la noche. Los rumores son cada vez más fuertes acerca de la muerte de un joven. La noticia se confirma. Rápidamente, aprendemos por distintos medios que hay un segundo fallecido. Inti Sotelo (24 años) y Bryan Pintado (22 años) habían muerto. El escalonamiento de la violencia alcanzaba su momento más oscuro. El día anterior había ocurrido lo inimaginable: personas allegadas a Manuel Merino, por muchos considerado como presidente de facto tras la destitución de Martín Vizcarra el 10 de noviembre, habrían buscado censurar al canal público para que no transmitiese imágenes de las protestas que estaban ocurriendo desde el lunes. Estas habían logrado movilizar a un significativo número de ciudadanos, directa o indirectamente. Del mismo modo, la policía había intervenido imprentas gráficas para impedir la distribución de afiches en contra del gobierno de Merino. La restricción progresiva de derechos a la protesta, al trabajo o a la libertad de expresión, era la norma en un gobierno no electo por los ciudadanos, que buscaba legitimar su poder mediante la fuerza.

A una vertiginosa velocidad, en una semana el Perú había perdido la democracia como quien pierde la vista de un disparo, en un año de exposición dramática de todas sus precariedades. Sin embargo, el momento autoritario vivido en la semana del 9 al 16 de noviembre no fue un paréntesis fortuito. La precariedad democrática era el resultado de una forma de hacer política que no tiene en consideración ni la sostenibilidad ni el fortalecimiento institucional del Estado. Que no piensa en lo colectivo. Y es que la privatización de la política conlleva una cooptación de lo público, que merma el régimen democrático. Lo corroe.

Las reglas de juego afectan, sin duda, las dinámicas políticas. Así, en el caso peruano, una de las razones más determinantes es que, en un marco de elecciones obligatorias hay un voto preferencial que obliga a los ciudadanos a escoger dos congresistas dentro de una misma lista partidaria. Eso hace que la conformación de las listas electorales no se haga basándose en la propuesta del equipo que mejor represente las propuestas de cada partido, sino que más bien hace competir a un conjunto de individuos por ocupar los lugares más ventajosos en cada lista. Esto ha contribuido a que los partidos —hay veinticuatro oficialmente establecidos, en el país— se hayan convertido en organizaciones no programáticas que ofrecen, al mejor postor económico, espacios para ejercer la representación en detrimento de la oferta programática o doctrinaria.

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Directora Escuela Ciencia Política de la U. Antonio Ruiz de Montoya, Lima.