Revista Mensaje N° 696. «Venezuela: Una desconcertante paradoja»

Cuesta explicar las razones por las que el gobierno de Nicolás Maduro ha podido anular a opositores que desde hace años cuentan con un indesmentible respaldo popular.

Ángel Álvarez

28 enero, 2021, 3:56 pm
23 mins

Venezuela es una gran paradoja, incluso para los estándares de la política latinoamericana y su historia llena de eventos sorprendentes. ¿Cómo el gobierno de Nicolás Maduro, severamente debilitado electoralmente desde el triunfo de la oposición en las elecciones a la Asamblea Nacional (AN) del 2015, que ha contribuido a un colapso económico sin parangón en la historia del país y de la región, ha sido capaz de anular a una oposición que ha tenido un amplio respaldo popular, apoyo de más de setenta países democráticos y respaldo amenazante del gobierno de Donald Trump? Amerita analizar lo sucedido con cierta perspectiva histórica para saber cómo se ha llegado a esta situación y conocer qué posibilidades existen a corto o mediano plazo de una transición democrática.

El foco debe ponerse no solo en las virtudes del gobierno para garantizar la cohesión de las elites militares y políticas que lo conforman, sino también en la fragilidad de una oposición cuya actuación unitaria se ha subordinado, hasta ahora y principalmente, a las oportunidades creadas por el gobierno para que, electoralmente, obtenga cargos de representación popular: esto último, en todo caso, se ha dado en una situación de carencia de recursos y poder real para implementar políticas para la población o avanzar en su agenda de democratización. Dicho brevemente, el impopular régimen de Maduro se apoya en la cohesión de sus filas y en la fragmentación (que ahora luce irreconciliable) de sus oponentes.

LA OPOSICIÓN EN REGÍMENES NO TOTALMENTE DEMOCRÁTICOS

Poco después de las transiciones democráticas de la tercera ola de la democracia, comenzaron a surgir regímenes a mitad de camino entre las democracias liberales y las dictaduras tradicionales. En algunos casos, los regímenes post-transición no terminaron de avanzar hasta el punto de consolidarse como autenticas democracias electorales o liberales. En otros casos, como el venezolano, democracias electorales retrocedieron adoptando rasgos autoritarios. Estos regímenes, que la literatura de ciencias políticas ha llamado “híbridos” o “electorales autoritarios”, no son nuevos en realidad, como muchos argumentan. Lo nuevo es más bien su abundancia en un mundo en el que, tras las transiciones en Europa (del Este y del Oeste) y América Latina, parecía encaminarse a una creciente democratización.

Las oposiciones políticas en estos regímenes no totalmente democráticos pero con elecciones episódicamente competidas, están limitadas en su actuación por la represión y vigilancia, la amenaza y el hostigamiento de grupos armados parapoliciales, la escasez de recursos y el acceso limitado a los medios de comunicación generalmente controlados por el gobierno nacional.

La estabilidad política de estos regímenes autoritarios puede verse como una función de lo que Robert Dahl, en su Poliarquía, llamó coste de la opresión y coste de la tolerancia de la oposición. En consecuencia, la democratización es resultado de las fortalezas del gobierno que le permitan ejercer la opresión a bajo costo y de la capacidad de la oposición, en primer lugar, para aprovechar condiciones favorables a la democratización –como la fractura de la elite en el poder a consecuencia de disputas sobre el costo de mantener la opresión– y, en segundo lugar, para desarrollar estrategias que permitan que al menos un sector poderoso de la coalición no democrática perciba que los costes de tolerar la oposición y favorecer aperturas y liberalizaciones son relativamente más bajos que los de oprimir.

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Profesor de Ciencias Políticas, Universidad de Ottawa.