Revista Mensaje N° 697: «Covid-19: Se virtualiza la educación universitaria»

Debido a la pandemia, este año estamos entrando masivamente en la educación del siglo XXI, y la próxima normalidad —no sabemos con certeza cuándo será— supone asumir, en las políticas universitarias, un conjunto de cuestiones con profundas significaciones éticas.

Solo un 9% de las carreras de la educación superior volvería a clases presenciales este año 2021, según un informe entregado por el Ministerio de Educación en enero pasado. El documento se elaboró principalmente para orientar a los postulantes a las distintas casas de estudio, y está disponible en la página web de esa secretaría de Estado (1). Se observa allí que el 67% de los cursos únicamente será “presencial” para las actividades prácticas, mientras que el 12% tendrá será online todo el año. Por otra parte, el 7% de las carreras asumirá un sistema híbrido —en el que mientras algunos alumnos concurren, otros asisten de manera remota a la misma clase— y un 5% empleará una modalidad mixta, es decir, los estudiantes tendrán tanto clases presenciales como a distancia. La información se recogió a partir de 5.775 carreras de 43 universidades y 44 planteles técnico-profesionales. En todo caso, se advirtió que la mantención de las decisiones anunciadas dependerá de cómo evolucionen las tasas de contagio del coronavirus.

Si bien desde hace décadas se venía experimentando el e-learning o el b-learning en algunas universidades chilenas, las consecuencias de la emergencia sanitaria han acelerado de manera abrupta su incorporación en los planteles. A nivel mundial y latinoamericano, el avance en las tecnologías de la comunicación y la información (TICs) había ofrecido la oportunidad a las universidades de incrementar sus estudiantes on line (2), lo cual era uno de los factores críticos de la educación superior en este siglo XXI (3). Sin embargo, lo que está ocurriendo desde hace meses las ha hecho entrar masivamente en el nuevo escenario.

Para ilustrar los cambios, tomemos el caso de los posgrados. Su oferta no presencial en Chile desde 2010 se había venido incrementando, pasando de 18 programas en 2011 a 107 en 2020. Sin embargo, a enero de ese año, esta oferta solo representaba el 5,1% del total de posgrados (4). Se concentraban en programas de magísteres en comercio, administración y educación, ofrecidos principalmente por universidades privadas y manejados con criterios de gestión comercial. La pandemia cambió radicalmente este panorama.

Las clases virtuales que han debido implementar han implicado nuevas relaciones y procesos. La docencia virtual supone nuevas condiciones de la relación profesor/alumno; nuevas condiciones de la gestión docente y curricular, así como nuevas condiciones de la gestión institucional. Y en el proceso mismo de enseñanza-aprendizaje surgen, como un gran desafío, las nuevas didácticas, el diseño instruccional y los sistemas de evaluación no presencial (5).

Nuevas formas de gestión macro-curricular, micro-curricular y didácticas surgen para evitar continuar haciendo las clases como si nada hubiera pasado. La docencia virtual no es transmisión de información, sino generación de conocimientos por medio de aprendizajes activos y autoaprendizajes (6). No existía experiencia en las universidades tradicionales para un método educativo centrado en el alumno y no en las tecnologías (7). Todo ello trae como consecuencia el desafío de la reeducación de los educadores, un programa que muchas universidades apenas vislumbraban.

DESAFIOS ÉTICOS PARA LA POLÍTICA UNIVERSITARIA

Muchos de los desafíos que representan la modalidad de clases no-presencial o semi-presencial han sido enfrentados desde hace décadas por las universidades a distancia en Iberoamérica, pero se trata de un campo bastante desconocido para las universidades tradicionales chilenas. Junto con esto, es evidente que existe cierta desconfianza: una idea generalizada en la mayoría de los claustros académicos de las universidades tradicionales y con vocación pública ha sido que la educación virtual sería sinónimo de negocio y de inferior calidad, por implementación insuficiente y menor evaluación y fiscalización.

Por otra parte, un gran impacto de lo vivido el 2020 fue descubrir las enormes desigualdades en el acceso a la educación virtual. Se comprobó cómo muchos estudiantes vulnerables están sin acceso a internet ni a un computador. Las universidades tomaron medidas: las becas de conectividad se multiplicaron. Sin embargo, la desigualdad no se da solamente en cuanto a acceso e infraestructura: relevante resulta también el diferencial de alfabetismo científico y la brecha digital de los usuarios (8). Esto, por cierto, se agrava por las desigualdades sociales de base originada por una estratificación social profundamente inequitativa en los hogares de los estudiantes universitarios.

La transición hacia la docencia virtual en las universidades tradicionales chilenas —estatales o privadas con vocación pública— supone, entonces, asumir un conjunto de cuestiones que deberán tomarse en cuenta en las nuevas políticas universitarias, aspectos que tienen profundas significaciones éticas.

Por una parte, la calidad y el apoyo institucional no pueden descuidarse, es un requisito de política universitaria que obedece a un valor ético. La educación virtual no puede perder calidad, y la regulación y autorregulación docente son exigidos más que antes. Asimismo, el apoyo y los cambios institucionales hacia la educación virtual requieren nuevos servicios y plataformas especializados, incluyendo políticas y normativas institucionales. Se debe asegurar que la calidad de la formación por vía virtual, el cumplimiento de los objetivos educativos, sea igual u homólogo a la de la educación presencial clásica. El principio de seriedad y veracidad en la oferta educativa supone evitar que se ofrezca una educación de segunda categoría como si fuese de primera. Hay que asegurar que lo que se dicta por medios digitales, y con metodologías y didácticas adoptadas a los espacios virtuales de enseñanza-aprendizaje, sea equivalente a los procesos formativos presenciales.

NO UN SIMPLE NEGOCIO MÁS

En cuanto a la teleología educativa, el desafío no es menor. La educación on line no puede convertirse en un simple negocio educativo más. Presencial o virtual, estas modalidades educativas son iniciativas de bien público, orientadas a la formación integral de personas con la finalidad de contribuir al desarrollo integral de nuestros pueblos y países. Ello supone eludir la tentación tecnocrática y economicista de emplear la educación virtual para servir el interés particular o comercial de los individuos o de la institución.

La deontología del manejo de la información es particularmente sensible en los procesos de educación virtual. La manipulación de la información, la suplantación de identidad, el hackeo, el plagio y la falsificación de pruebas o trabajos son un riesgo. Todo ello ha sido o está siendo objeto de preocupación, incluso de normas que se deben aprobar al afecto. Se hace aplicable aquí la ética de los datos, que estudia y evalúa el uso moral de la información, los datos (generación, registro, procesado, distribución, uso), los algoritmos (inteligencia artificial, aprendizaje automático, robótica) y las prácticas correspondientes (9).

La virtualización de la formación universitaria de pre y posgrado habrá de considerar de manera muy relevante los principios éticos asociados a la equidad y a la inclusión. El cumplimiento de la responsabilidad social universitaria no solo implica una política de vinculación con el medio que propenda a la equidad y al desarrollo integral y sustentable de las sociedades. También es responsabilidad de las universidades transformar el corazón de sus procesos formativos, de sus carreras y programas educativos, de primer a tercer ciclo, en verdaderos ejes de equidad e inclusión. La innovación en virtualidad en sus sistemas de admisión y apoyo estudiantil, en sus recursos y medios formativos, tanto como en sus programas curriculares y planes de estudio, debe ser consecuente. Deben ser consideradas además, en los planes de estudio y programas, las materias pertinentes para generar condiciones de cambio hacia sociedades más justas, abiertas, respetuosas de las personas y de la diversidad, equitativas en género e inclusivas étnica, sexual, social y culturalmente.

Finalmente, hay que considerar en las políticas universitarias que, más allá del cambio tecnológico, metodológico y pedagógico, existe un verdadero cambio cultural. La educación virtual es parte del tránsito hacia una sociedad virtual, con un rol enorme de las NTCI y de la IA (Inteligencia Artificial), y no es solo un cambio tecnológico: es un cambio societal y cultural. Es una nueva sociedad virtual que surge y que debemos asegurar que se desarrolle por cánones éticos y democráticos.

ACELERANDO LA TRANSICION HACIA EL FUTURO

Las medidas extraordinarias que han debido tomar las universidades por causa de la pandemia les han llevado a privilegiar los medios electrónicos para impartir la docencia. Estas medidas han llegado para quedarse. No veremos a las universidades tradicionales transformarse en universidades a distancia, pero ciertamente en pregrado y en posgrado el e-learning y el b-learning se verán incrementados notablemente a futuro.

De esta forma la pandemia habrá acelerado de manera inesperada la transformación de las universidades tradicionales, volcándolas hacia mediaciones tecnológicas y de IA, que en este siglo XXI se venían venir, aunque eran esperadas para más adelante. Los desafíos éticos y políticos de esta transición universitaria no pueden soslayarse, a riesgo de quedar atrapados en un tipo de educación tecnocrática y mercantilista, contraria a la formación integral, de calidad y pertinente, que buscan nuestras instituciones universitarias tradicionales. MSJ

(1) https://acceso.mineduc.cl/ Se ingresa a “Más Noticias” y luego a la información dispuesta desde el 18 de enero: “Instituciones de educación superior adscritas al sistema de acceso dan a conocer las modalidades que implementarán el primer semestre de 2021”. Allí es posible descargar la información sobre cómo funcionarán —en modalidad “presencial” o “a distancia”— cada carrera de cada una de las universidades o institutos de educación técnica profesional.
(2) Ver https://www.iesalc.unesco.org/2020/06/08/seminario-web-reflexiones-sobre-los-desafios-de-la-virtualidad-y-el-posgrado-regional-augm/
(3) Ver The Oxford Handbook of Higher Education Systems and University Management, Oxford: Oxford University Press, DOI: 10.1093/oxfordhb/9780198822905.013.10.
(4) SiES (2020) Datos oficiales del Sistema de Información de la Educación Superior, Ministerio de Educación de Chile.
(5) Ver http://www.upv.es/entidades/SJ/noticia_1110301c.html
(6) Ver García-Gutiérrez, J., y Ruiz-Corbella, M. (2020). “Aprendizaje-servicio y tecnologías digitales: un desafío para los espacios virtuales de aprendizaje”. RIED. Revista Iberoamericana de Educación a Distancia, 23(1), pp. 31-42. doi: http://dx.doi.org/10.5944/ried.23.1.25390
(7) Ver https://aequalis.cl/noticias/webinar-de-aequalis-e-iacc-pone-en-relieve-el-impacto-de-la-educacion-no-presencial-en-la-gestion-de-las-ies-mas-alla-del-efecto-de-la-pandemia
(8) Ver López Segrera, Francisco; Parker, Cristián (2009). “Alfabetismo científico, misión de la universidad y ciudadanía: ideas para su construcción en los países en vías de desarrollo”. Avaliação, vol. 14, n° 2, pp. 267-290.
(9) Ver Aznarte, J. L. (2020). “Consideraciones éticas en torno al uso de tecnologías basadas en datos masivos en la UNED”. RIED. Revista Iberoamericana de Educación a Distancia, 23(2), pp. 237-252. doi: http://dx.doi.org/10.5944/ried.23.2.26590

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Fuente: Artículo publicado en revista Mensaje N° 697, marzo-abril de 2021.

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