Revista Mensaje N° 697: «Covid-19: Se virtualiza la educación universitaria»

Debido a la pandemia, este año estamos entrando masivamente en la educación del siglo XXI, y la próxima normalidad —no sabemos con certeza cuándo será— supone asumir, en las políticas universitarias, un conjunto de cuestiones con profundas significaciones éticas.

Cristián Parker G.

28 abril, 2021, 2:14 pm
15 mins

Solo un 9% de las carreras de la educación superior volvería a clases presenciales este año 2021, según un informe entregado por el Ministerio de Educación en enero pasado. El documento se elaboró principalmente para orientar a los postulantes a las distintas casas de estudio, y está disponible en la página web de esa secretaría de Estado (1). Se observa allí que el 67% de los cursos únicamente será “presencial” para las actividades prácticas, mientras que el 12% tendrá será online todo el año. Por otra parte, el 7% de las carreras asumirá un sistema híbrido —en el que mientras algunos alumnos concurren, otros asisten de manera remota a la misma clase— y un 5% empleará una modalidad mixta, es decir, los estudiantes tendrán tanto clases presenciales como a distancia. La información se recogió a partir de 5.775 carreras de 43 universidades y 44 planteles técnico-profesionales. En todo caso, se advirtió que la mantención de las decisiones anunciadas dependerá de cómo evolucionen las tasas de contagio del coronavirus.

Si bien desde hace décadas se venía experimentando el e-learning o el b-learning en algunas universidades chilenas, las consecuencias de la emergencia sanitaria han acelerado de manera abrupta su incorporación en los planteles. A nivel mundial y latinoamericano, el avance en las tecnologías de la comunicación y la información (TICs) había ofrecido la oportunidad a las universidades de incrementar sus estudiantes on line (2), lo cual era uno de los factores críticos de la educación superior en este siglo XXI (3). Sin embargo, lo que está ocurriendo desde hace meses las ha hecho entrar masivamente en el nuevo escenario.

Para ilustrar los cambios, tomemos el caso de los posgrados. Su oferta no presencial en Chile desde 2010 se había venido incrementando, pasando de 18 programas en 2011 a 107 en 2020. Sin embargo, a enero de ese año, esta oferta solo representaba el 5,1% del total de posgrados (4). Se concentraban en programas de magísteres en comercio, administración y educación, ofrecidos principalmente por universidades privadas y manejados con criterios de gestión comercial. La pandemia cambió radicalmente este panorama.

Las clases virtuales que han debido implementar han implicado nuevas relaciones y procesos. La docencia virtual supone nuevas condiciones de la relación profesor/alumno; nuevas condiciones de la gestión docente y curricular, así como nuevas condiciones de la gestión institucional. Y en el proceso mismo de enseñanza-aprendizaje surgen, como un gran desafío, las nuevas didácticas, el diseño instruccional y los sistemas de evaluación no presencial (5).

Nuevas formas de gestión macro-curricular, micro-curricular y didácticas surgen para evitar continuar haciendo las clases como si nada hubiera pasado. La docencia virtual no es transmisión de información, sino generación de conocimientos por medio de aprendizajes activos y autoaprendizajes (6). No existía experiencia en las universidades tradicionales para un método educativo centrado en el alumno y no en las tecnologías (7). Todo ello trae como consecuencia el desafío de la reeducación de los educadores, un programa que muchas universidades apenas vislumbraban.

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Doctor en Sociología, U. Católica de Lovaina.