Revista Mensaje N° 699. «Neuroderechos: Un código ético»

La legislación que se estudia en Chile para afrontar los desafíos que implica el surgimiento de los neuroderechos apunta a normar el respeto a estos: se trata de un punto de encuentro entre la tecnología y la mente humana.

Abel Wajnerman Paz

16 junio, 2021, 3:49 pm
18 mins

Durante la última década, organismos gubernamentales de todo el mundo, incluyendo algunos de Estados Unidos, China, Corea, la Unión Europea, Japón, Canadá y Australia, ente otros, han creado grandes proyectos que financian la investigación pública en neurociencia, con el objetivo de potenciar el progreso del conocimiento del cerebro humano y del tratamiento de enfermedades psiquiátricas y neurológicas. Estas iniciativas dieron lugar a neurotecnologías que tienen una capacidad sin precedentes para «leer» o detectar estados mentales mediante la interpretación de patrones de actividad neuronal, y «escribir» o modificar estados mentales mediante la modulación de la computación neuronal. Estas tecnologías, que están siendo desarrolladas cada vez más en la industria con capital privado, tienen crecientes aplicaciones clínicas y no clínicas (educacionales, laborales, de entretenimiento, militares, etc.) que no están plenamente exploradas ni reguladas por leyes nacionales o tratados internacionales. Por este motivo, el desarrollo de un marco normativo se ha convertido en una prioridad global.

El Morningside Group, un grupo interdisciplinario liderado por el neurocientífico Rafael Yuste, se formó con el objetivo de elaborar una propuesta que articule derechos específicos para la regulación de la neurotecnología, también conocidos como “neuroderechos”. Este marco introduce cinco neuroderechos: el derecho a la identidad personal, el derecho al libre albedrío, el derecho a la privacidad mental, el derecho al acceso equitativo a las tecnologías para el aumento de la capacidad cognitiva, y el derecho a la protección contra los sesgos de los algoritmos. Estos se basan en derechos humanos internacionales existentes para la protección de la dignidad humana, la libertad y la seguridad de las personas, la no discriminación, la igualdad de protección y la privacidad, y los amplían. La idea de fondo es que, en sus versiones previas, estos derechos están caracterizados en términos muy genéricos, a menudo sujetos a interpretación, y la regulación de las ramificaciones de la neurotecnología requiere mayor especificidad.

Durante los últimos meses del año 2020 fuimos testigos en Chile de la realización de una iniciativa pionera a nivel mundial: un proyecto para implementar este marco en la legislación nacional. La propuesta de la comisión Desafíos del Futuro, Ciencia, Tecnología e Innovación del Senado chileno consiste en un proyecto de reforma constitucional (Boletín 13.827-19) y un proyecto de ley sobre neuroprotección (Boletín 13.828-19). Estos dos proyectos fueron elaborados durante el año 2020 por la Comisión del Senado, y están siendo en el presente tratados por el Senado y la Cámara de Diputados. A su vez, el artículo 24 de la reciente Carta Española de Derechos Digitales representa un segundo esfuerzo regulativo pionero.

Como un siguiente paso, Rafael Yuste, junto con el abogado de derecho internacional Jared Genser, está ideando una agenda de neuroderechos para la Organización de las Naciones Unidas, sugiriendo que el Secretario General, Antonio Guterres, y la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, creen una comisión internacional sobre neuroderechos que avance hacia un consenso internacional en torno a su definición.

DERECHO A LA IDENTIDAD

¿En qué consisten esos derechos? En primer lugar, el derecho a la identidad personal es la idea de que nadie puede alterar o manipular sin consentimiento los estados mentales de una persona que la constituyen como tal, que la hacen ser quien es. Se ha mostrado que procedimientos como la estimulación cerebral profunda (DBS, por las siglas en inglés), donde se estimula eléctricamente el cerebro para prevenir o modular patrones de actividad neuronal patológicos, vinculados a condiciones psiquiátricas como la depresión o el trastorno obsesivo compulsivo, han generado alteraciones en la identidad o continuidad psicológica de las personas, modificando aspectos centrales de su personalidad. Por ejemplo, el uso de DBS para inhibir los estados neuronales asociados a la depresión puede tener como efecto no deseado que una persona sea incapaz de reacciones emocionales que constituyen su identidad, como estar triste durante la pérdida de un ser querido. Este tipo de efectos no se han documentado solo en relación a la neurotecnología sino también respecto de tratamientos farmacológicos más ampliamente difundidos.

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Universidad Alberto Hurtado.