Revista Mensaje N° 701. «El Padre Hurtado, como promotor de la responsabilidad empresarial»

Es urgente que los principios de la Responsabilidad Social Empresarial tengan una mejor concreción: el santo chileno se adelantó a ese requerimiento, al promoverla desde la fundación de la Asociación Sindical Chilena y la Unión Social de Empresarios Cristianos.

Jaime Caiceo

16 agosto, 2021, 5:43 pm
20 mins

Cada 18 de agosto rememoramos la Pascua de san Alberto Hurtado, acaecida en 1952. Siempre se le recuerda por su santidad y por la fundación del Hogar de Cristo. Acá se abordarán dos temas que para él están entrelazados: la educación social y la formación en la Doctrina Social de la Iglesia —DSI— tanto a trabajadores como a empresarios (1), lo cual llevará a cabo al fundar la Asociación Sindical Chilena, ASICH, y motivar la creación de la Unión Social de Empresarios Cristianos, USEC.

Durante sus estudios de derecho en la Universidad Católica de Chile, el Padre Hurtado mostró una creciente preocupación por lo social. En efecto, para optar al grado de Bachiller en Leyes y Ciencias Sociales, realizó su memoria Reglamentación del trabajo de los niños (1921) y para el grado de Licenciado en la Facultad de Leyes y Ciencias Política investigó El trabajo a domicilio (1923). A su vez, en su tesis doctoral en Lovaina se centró en la educación, al estudiar a un autor relevante de la época a nivel mundial y que desde comienzos de siglo había empezado a influir con su pensamiento en Chile a partir de educadores chilenos laicistas (2). El título de su trabajo es claro al respecto: El sistema pedagógico de John Dewey ante las exigencias de la doctrina católica (1935) (3). En ella concluye que existen catorce principios pedagógicos conciliables con el catolicismo: uno de ellos es que la escuela es un instrumento de reforma social, indispensable para que en una sociedad se realicen los cambios estructurales necesarios para que exista justicia social, tan requerida hoy en la sociedad chilena.

El rol de educador social (4) lo precisa a partir de la DSI presente en las encíclicas sociales Rerum Novarum (León XIII, 1891), Quadragessimo Anno (Pío XI, 1931), la encíclica educacional Divini Illius Magistri (Pío XI, 1929) y en el pensamiento de la Escuela Nueva en la persona de Dewey, específicamente. Todo ello, a su vez, estaba fundamentado en la filosofía neotomista (5). ¿En qué consiste el rol del educador social?: En hacer tomar conciencia a los cristianos de las injusticias de su tiempo y del deber de impulsar los cambios sociales necesarios para transformar a la sociedad chilena en una sociedad más acorde al evangelio y la doctrina social presente en las encíclicas sociales mencionadas. Para alcanzar adecuadamente una educación social es imprescindible dar a los educandos una formación del sentido social, entendiendo por tal “aquella cualidad que nos mueve a interesarnos por los demás, a ayudarlos en sus necesidades, a cuidar de los intereses comunes. Si ensayamos una definición más cabal, podemos decir que es aquella aptitud para percibir y ejecutar prontamente, como por instinto, en las situaciones concretas en que nos encontramos, aquello que sirve mejor al bien común” (6).

Con ese espíritu asesoró a la Acción Católica entre 1941 y 1944. Fundó el Hogar de Cristo para acoger a la gente de calle —niños, jóvenes y adultos— en 1944. Creó la ASICH en 1947 e impulsó la USEC al año siguiente. Finalmente, en 1951 fundó esta revista Mensaje para analizar y debatir, a la luz del evangelio, los principales problemas nacionales e internacionales, en un contexto de avanzada intelectual.

FORMAR EN EL PENSAMIENTO SOCIAL CRISTIANO

Otro principio en que concuerda con Dewey —muy importante para entender el proceso chileno de los últimos años y del presente, especialmente— es que la educación debe formar para una recta acción política que promueva la paz y la democracia, y favorecer una adecuada acción cívica, económico-social e intelectual, que signifique compromiso con el país, la comuna, la organización social y la creación y difusión de un pensamiento renovador por parte de los futuros ciudadanos (7). Sobre esto, es destacable la siguiente frase: “Las revoluciones, más que con fusiles, se combaten con una justa renovación” (8).

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Universidad de Santiago de Chile, USACH.