Revista Mensaje N° 705. «Crisis hídrica: Un desafío ambiental y de justicia»

Se requiere una nueva institucionalidad del agua, que considere a los diversos usuarios, planifique oportunamente, acote los mecanismos de mercado a objetivos específicos, y permita una gestión por cuencas y de manera integral.

Claudio Huepe

04 enero, 2022, 11:52 am
16 mins

Los registros históricos de los últimos cien años muestran una significativa y recurrente variación en el nivel de precipitaciones anuales en Chile, con algunos períodos particularmente extremos. Entre estos últimos se cuentan las intensas sequías ocurridas en 1924, de 1968-1969 y de 1998-1999 en la zona central, en las cuales las precipitaciones cayeron a cerca de un 50% de un año normal, aunque sin alterar significativamente la tendencia general.

En contraste, desde comienzo del presente siglo, en particular en la última década, se ha producido una situación algo distinta: una prolongada reducción en las precipitaciones que, aunque menos intensa en años particulares, tiene un impacto mucho mayor en el largo plazo. Si se toma la media de las precipitaciones en Santiago en el periodo 1991-2020 comparándola con el período 1981-2010, según datos de la DGA, hay del orden de 16% menos de lluvia por año, promedio determinado fundamentalmente por el período entre 2010 y 2020.

Esta sequía persistente coincide con un aumento relevante en las temperaturas medias de la zona central de Chile. Según el análisis del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) usando datos de la Dirección Meteorológica de Chile, en el período 2010-2014 la mayoría de las estaciones meteorológicas en el valle central y la precordillera presentaron temperaturas medias y máximas entre 0,5 y 1,5°C por encima de la normal del período entre 1970 y 2000.

La prolongación en el tiempo de las bajas precipitaciones, junto con el aumento sostenido en la temperatura, sugiere que estos cambios en las condiciones climatológicas se enmarcan en el fenómeno mayor del cambio climático global, confirmando las proyecciones que científicos chilenos realizaron hace más de una década apoyados en modelos climáticos. Situaciones similares se han observado en otras zonas de mundo, agudizando la aparición de fenómenos climáticos extremos.

A esta reducción en la disponibilidad de agua se suma un problema de distribución entre territorios, usos y comunidades. Según un trabajo del Centro de Producción del Espacio de la UDLA, el 1% de los titulares de derecho de aguas consuntivos concentra alrededor del 80% del volumen total disponible en el sistema. Se estima también que más de doscientas mil personas son abastecidas en Chile por camiones aljibe. En zonas como la provincia de Petorca, mientras una parte importante de la población debe abastecerse con camiones aljibe, se produce cerca de un 30% de las paltas del país. En Chile, datos de la FAO del 2015 muestran que aproximadamente el 70% del consumo de agua es para agricultura, el 10% es para minería e industria, y del orden de 12% para agua potable. El mayor uso de las actividades productivas en algunas localidades ha afectado algunos usos humanos más inmediatos.

UN DESAFÍO DOBLE

El desafío del agua es, por lo tanto, doble. No solo nos enfrentamos (especialmente, en la zona central) a una reducción en la disponibilidad total de agua, sino que además estamos viviendo un problema importante de distribución que conlleva crisis y conflicto.

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Académico, Escuela de Ingeniería Industrial, Universidad Diego Portales.