Revista Mensaje N° 705. «Premio Nobel de Economía 2021: ¿Ajustar la teoría?»

El aumento del salario mínimo y de la inmigración no perjudican necesariamente el empleo ni las remuneraciones generales: resultados de los “experimentos naturales” observados por quienes este año obtuvieron el reconocimiento de la Real Academia de las Ciencias de Suecia.

Paola Bordón Tapia

05 enero, 2022, 12:38 pm
11 mins

El Premio Nobel de Economía del año 2021 recayó en tres economistas experimentales. El canadiense David Card fue reconocido por sus contribuciones al estudio empírico de la economía laboral. El israelí-estadounidense Joshua Angrist y el holandés-estadounidense Guido Imbens fueron galardonados por sus contribuciones metodológicas al análisis de relaciones causales. ¿Por qué esto es importante? Porque revolucionaron la manera en que hacemos estudios empíricos y, de paso, nos ayudaron a cambiar ciertos paradigmas en el pensamiento económico.

La economía se basa en modelar el comportamiento de los agentes económicos, ya sea de los consumidores, trabajadores, empresas y gobierno. Esto permite estimar el impacto de ciertas políticas, como las de aumentos de impuestos, el aumento del salario mínimo, los subsidios y la regulación, entre otras. Los modelos ayudan a predecir el comportamiento ante los cambios y estimar si la política que se quiere implementar tiene el efecto que se busca. Sin embargo, muchas veces los modelos dan predicciones ambiguas: por ejemplo, un aumento de impuestos a las empresas puede desincentivar la inversión, lo que disminuye la cantidad producida y los impuestos que se pagan finalmente. Por otro lado, ese aumento de impuestos aumentaría la recaudación fiscal, la que puede ser mayor que la caída en la inversión, cumpliéndose entonces la finalidad de aumentar la recaudación. Así, lo relevante es estimar el impacto final, ¿aumenta, o no, la recaudación? ¿Cuánto? Sin datos y sin evaluación del impacto, no sabemos la respuesta.

Otro ejemplo clásico es el aumento del salario mínimo. La existencia de un salario mínimo es una política bastante generalizada en el mundo y afecta a toda la economía. Sirve de índice para las negociaciones salariales del resto de los trabajadores. Además, genera cambios agregados en empleo. Si aumenta el salario mínimo, aumenta el costo de contratación, lo que podría desincentivar el contrato de trabajadores menos productivos. En tercer lugar, el salario mínimo genera cambios en cuanto a que trabajadores y empleadores pueden trasladarse del sector formal al sector informal, y viceversa. Finalmente, un aumento del salario mínimo podría desincentivar la capacitación general en el trabajo o disminuir las compensaciones no salariales, como bienestar, movilización, colación, etc.

La teoría parecería inclinarse por la hipótesis de que un aumento del salario mínimo disminuiría el empleo o, alternativamente, aumentaría el desempleo.

Testear esta hipótesis es difícil. ¿Por qué? Porque la evaluación de los impactos requiere lo que se conoce como “experimento”, en el que debe haber un grupo de tratamiento y otro de control. Es decir, tendríamos que elegir trabajadores aleatoriamente y a unos subirles el salario mínimo –“grupo de tratamiento”–, y a otros no subirles el sueldo —“grupo de control”—, para luego comparar el impacto en el empleo en ambos grupos. Esto nos lleva a un problema ético: a qué trabajadores y empresas elegimos, y porqué. Por lo demás, para estimar el impacto de manera creíble, deben ser empresas similares, de manera que —como en muchos casos en ciencias sociales— en este caso no se pueden lograr muestras aleatorias.

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Directora del Magíster de Economía aplicada a Políticas Públicas, Universidad Alberto Hurtado.