Revista Mensaje N° 707. Antonia Urrejola: «Son mujeres las que levantan la voz y se organizan para exigir justicia»

La adolescente que admiraba a los abogados y abogadas de la Vicaría de la Solidaridad es también la ex presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y actual ministra de Relaciones Exteriores. En esta entrevista realizada antes de que asumiera este cargo, opina respecto al conflicto de Estado con el pueblo mapuche, los discursos negacionistas y los efectos de la pandemia en los países de la región.

Paz Escárate Cortés

03 mayo, 2022, 12:39 pm
17 mins

Antonia Urrejola Noguera (53 años, casada, cuatro hijos), tiene un leve acento inglés al hablar y es porque vivió el exilio junto a sus padres en el Reino Unido. La actual canciller es abogada de la Universidad de Chile, especialista en derechos humanos y justicia transicional. Durante su carrera ha asesorado al ministerio del interior, al ministerio secretaría general de la presidencia y a la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en temas de derechos humanos; además fue parte de la Comisión Especial de Pueblos Indígenas y, desde 2018 a 2021 encabezó la primera directiva integrada completamente por mujeres en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), donde llegó a ser la primera presidenta de esa instancia que lideró una Junta Directiva integrada sólo de mujeres en toda la historia de la CIDH.

¿Por qué se interesó en la temática de derechos humanos al punto de dedicarle casi toda su trayectoria?

Mi papá estuvo detenido en Tejas Verdes (primer centro de detención de la Dina, ubicado en San Antonio) cuando yo era muy pequeña, posteriormente salimos al exilio. Crecí rodeada de adultos exiliados que habían estado presos, de viudas cuyos maridos estaban desaparecidos o habían sido ejecutados. Volví a Chile en la adolescencia, en los inicios de las protestas y me marcaron mucho las graves violaciones a los derechos humanos. Empecé a mirar a determinadas personas con una admiración profunda, ellas eran las abogadas y abogados de la Vicaría de la Solidaridad. Cuando uno es pequeña tiene sus héroes y heroínas, que para mí eran ellos. Luego decidí estudiar Derecho en la Universidad de Chile y me tocó justo el paro de Federici, el plebiscito del Sí y el No, entonces era imposible no involucrarse. En la carrera no quise procurar en una oficina de abogados y se me dio la oportunidad maravillosa de participar en la comisión especial de pueblos indígenas, presidida por Pepe Bengoa, justo cuando se estaba discutiendo la primera ley indígena en Chile. Mi historia personal y las oportunidades que se me fueron dando crearon este camino.

Desde su rol de asesora de José Miguel Insulza como Secretario General de la OEA se fue interesando por el sistema interamericano de DDHH y luego por la Comisión Interamericana de DDHH. Recuerda que su elección como comisionada primero por parte de la Asamblea General de la OEA en junio del 2017 fue muy emocionante y su posterior elección como Presidenta de la CIDH, votada por sus pares, “fue un momento histórico, porque fue la primera vez que una junta directiva, en más de 60 años, era compuesta solo por mujeres. Para mí ha sido no solo un honor, sino también un hito que traté de impregnar en mi gestión”. En términos personales y, sin caer en estereotipos, cree que “las mujeres, sobre todo cuando estamos en ámbitos como el de la comisión, tenemos mayor capacidad para empatizar. Ahí la relación con las víctimas de las graves violaciones a los derechos humanos es dar espacios de escucha”. De hecho, dice, “con lo que más me quedo es con ser ese espacio de escucha para los silencios que se quieren hacer oír”. Ese protagonismo lo ha visto en organizaciones de DDHH en toda la región. “Me impacta la capacidad de las mujeres de nuestro continente que son víctimas y que, a la vez se han puesto de pie habiendo perdido a un hijo, hija, al esposo, a la hermana, sea por desaparición forzada o por ejecuciones extrajudiciales. Son mujeres las que levantan la voz y se organizan para exigir justicia. Lo veo en las buscadoras de los desaparecidos y desaparecidas, lo veo en las indígenas en Guatemala, en la Asociación Madres de Abril en Nicaragua… también lo veo en hombres, pero la mayoría son mujeres”.

Con cuatro años de enfoque en la región, reconoce que existió una etapa de consolidación de las sociedades democráticas a través de los procesos de transición post dictadura y conflictos armados en Centroamérica y Colombia. “Hubo un fortalecimiento importante de la institucionalidad democrática y de derechos humanos; por ejemplo, la creación de las Defensorías del Pueblo o Instituciones nacionales de derechos humanos, distintas leyes relativas a mecanismos de prevención de la tortura, de matrimonio igualitario, contra la violencia intrafamiliar, contra la violencia sexual. Pero en los últimos años todos esos avances empezaron a ser cuestionados en distintas partes y la pandemia exacerbó aquello”.

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Mamá, periodista y feligresa de la Parroquia La Anunciación, Santiago.

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