Revista Mensaje N º 696: «Lideresas al estilo ignaciano»

Tres directoras de instituciones vinculadas a la Compañía de Jesús fueron destacadas en la tradicional selección de Cien Mujeres Líderes 2020, en la categoría de “obras sociales”, realizada por El Mercurio.

LILIANA CORTÉS: “EL DERECHO A LA EDUCACIÓN NO ES SOLO AL CONOCIMIENTO”

Liliana Cortés (49), directora ejecutiva de Súmate del Hogar de Cristo, lleva ocho años a cargo de esta fundación que trabaja para que niños, niñas y adolescentes vulnerables que están fuera del colegio, recuperen su derecho a la educación. Cuentan con cinco escuelas y diversos programas socioeducativos, asumiendo una realidad que involucra a unos 187 mil jóvenes y que el Ministerio de Educación proyecta que aumentará en 80 mil más, debido a que el abandono escolar será otra de las lamentables consecuencias de la crisis que enfrentamos.

Pese a esto, Lili, como la conocen todos en el Hogar de Cristo, siente que esta emergencia sanitaria, social y económica ha sido de alguna extraña manera virtuosa: “La capacidad de reinvención de los profes, de distribuirse el trabajo y esforzarse por hacer los cambios necesarios, ha sido increíble. Han respondido de manera notable, lo mismo que las familias. Ahora los profesores, los alumnos y sus padres se conocen mucho más y mejor. Han descubierto sus respectivas realidades; los primeros saben a ciencia cierta cómo es el mundo del que vienen los niños, y los padres y apoderados han logrado ver cuál es la pega de los profes. A pesar de las dificultades, en este período ha habido algo positivo: se ha fortalecido el sentido de pertenencia y la escuela se ha valorizado. Por eso, los niños y jóvenes ansían volver”.

“Me impacta que, así como nadie dudó nunca de la importancia de contar con ventiladores mecánicos para salvar vidas en los hospitales, las autoridades duden de pasarle un computador a cada niño cuando eso es construir el futuro. El temor es que los estudiantes los usen para jugar…”.

“Para las escuelas de reingreso como las nuestras, la asistencia presencial a clases siempre ha sido un tema importante, porque muchos de los estudiantes trabajan o tienen otras responsabilidades y por eso se ausentan más que los de la educación regular. Implementar una plataforma virtual, poner todo el contenido dentro de una nube, puede ser una muy buena opción para ellos, combinada con clases presenciales… Hoy se habla de esos sistemas híbridos, de mayor flexibilidad, del valor de la contención y de fortalecer en los estudiantes las habilidades socioemocionales. ¡Por fin ya no hablamos solo del SIMCE, o de tal o cual ramo, sino que nos estamos dando cuenta del valor simbólico y relacional de la escuela, constatando que es un espacio clave para construir sociedad! Los niños hoy valoran de una nueva manera la escuela”.

La directora de Súmate cree que esto jamás lo habríamos descubierto de no ser por la pandemia. Y a eso se agrega el fortalecimiento de los vínculos que ha generado la crisis, el que todos hayamos percibido una genuina preocupación por el otro dentro de las comunidades escolares. Y lamenta que las subvenciones se sigan pagando por alumno sentado en la sala de clases, y no por estudiante matriculado: “El Ministerio asume que pagar por matrícula es inadmisible, porque elevaría los costos de manera extraordinaria, pero hay que estudiarlo. Hoy se necesita flexibilidad para entender las distintas realidades de los alumnos”.

Su anhelo para la nueva Constitución es que “reconozca la diversidad como un valor del país y que se abra a los distintos procesos que se vayan dando”. Respecto a la educación, el desafío es aún mayor pues en la Carta actual “está el derecho a elegir la educación, pero no el derecho a la educación”. Tal como lo plantea la Unesco, Liliana está convencida de que este es un derecho que se debe ejercer siempre: “Eso nos hace bien, porque no la circunscribe a la etapa escolar. Debiéramos garantizar que todas las personas que vivimos en Chile podamos, en distintos momentos, acceder a la educación en la medida en que lo vamos requiriendo a lo largo de la vida (…) Hay que profundizar esto, ya que no es solo conocimiento; son habilidades, cultura, recreación. Educación es ser parte de una sociedad que aprende de manera constante”.

NINIZA KRSTULOVIC: “NECESITAMOS UN ESTADO GARANTE”

Desde hace veintisiete años está a cargo de la Fundación Cerro Navia Joven: Niniza Krstulovic Matte (57) es su directora ejecutiva. Dedicada a la superación de la pobreza y la exclusión, es una organización territorial nacida de las comunidades eclesiales de base que actúa en la comuna de Cerro Navia y el sector norponiente de la Región Metropolitana. Sirve especialmente a niños, adolescentes, jóvenes, adultos, personas con discapacidad intelectual y mayores. El trabajo se lleva a cabo a partir de cuatro líneas de acción a través de distintos programas con un alcance de alrededor de 1.580 personal cada año (Educación sirve a más de 470 niños, niñas y adolescentes, Rehabilitación de Drogas a 60 niños, jóvenes y adultos, Discapacidad Intelectual a 90 jóvenes y adultos, Personas Mayores a más de 560 personas mayores).

Además, se realizan atenciones individuales en áreas sociales, psicológicas y de salud, con profesionales contratados por instituciones de educación superior, estudiantes en práctica y voluntario/as, realizando más de cuatrocientas atenciones mensuales.

En la Fundación trabajan 293 personas, 58% de ellas de la comuna de Cerro Navia, Lo Prado y Pudahuel. Y lo hacen vía contratos, honorarios, aportes de terceros, estudiantes en práctica y voluntarios (profesionales y agentes comunitarios), y con el apoyo financiero de particulares e instituciones públicas mediante subvenciones, convenios y proyectos.

Niniza agradece el reconocimiento a estas veinte mujeres sociales premiadas, pues estima que en ellas se está reconociendo a miles de mujeres que, anónimamente en Chile, muchas de ellas en nuestras poblaciones, se la juegan a diario por construir un país equitativo, más justo e inclusivo.

Si trabajar en pobreza es siempre desafiante y difícil, la pandemia ha aumentado exponencialmente las dificultades. “La crisis sanitaria, que afecta doblemente a los más pobres, implicó continuar e intensificar nuestra presencia territorial de distintas maneras. Continuamos siendo puente entre quienes tienen más recursos y aquellos que no los tienen”.

“La búsqueda incansable de recursos, la apelación a la solidaridad, la coordinación con el municipio, con las escuelas y con las instituciones de gobierno, han sido parte de un esfuerzo agotador, que se compensa con la esperanza cristiana de que la pandemia y la pobreza no son la última palabra. Tengo muy claro que solo a fuerza de exigirle al Estado de Chile que cumpla con su deber, del trabajo colaborativo entre las instituciones y de la solidaridad de todos y todas, los más marginados pueden dejar de ser los más perjudicados”.

Mirando al futuro, pone muchas de sus esperanzas en la nueva Constitución. “Necesitamos un Estado que no deje en manos de la solidaridad lo que a él le corresponde, que reemplace la mala subsidiariedad que hemos tenido, que equivocadamente cree que se potencia la sociedad civil desentendiéndose de ella y dejando todo en manos de privados y del mercado. Por tanto, necesitamos un Estado garante de los derechos sociales fundamentales: salud, educación y pensiones. Se trata de rehacer un Estado de bienestar que pueda asegurar la construcción de una sociedad sobre el principio de la justicia social, la dignidad de las personas y sus posibilidades de desarrollarse plenamente en función de sus capacidades y potencialidades”. También desea que “la nueva Constitución promueva vínculos y lazos de solidaridad efectivos”, y para ello es imprescindible que conciba “al país como una comunidad histórica concreta y no como una sociedad sin atributos comunes (…). Debe ser capaz de reconocer, no solo la suma de historias y tradiciones que nos han constituido en el pasado, sino también la pluralidad de naciones, identidades y comunidades que nos constituyen en el presente: los pueblos originarios, las distintas regiones, las diferencias etarias, las personas con discapacidad, los migrantes, los grupos más excluidos de la sociedad. Tenemos el desafío que esa diversidad sea representada entre los constituyentes”.

MICHELLE VÍQUEZ: MIGRACIÓN CON ENFOQUE DE DERECHOS HUMANOS

La ex directora social —renunció en enero— del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), Michelle Viquez (33), es sicóloga de profesión y costarricense de nacimiento. Llegó a Chile “por amor” —en sus propias palabras— y mientras le entregaban su visa estudió un Magister en análisis sistémico aplicado a la realidad. Con sus papeles ya en la mano, en enero del 2019 asumió la jefatura del área social y el 2020 la dirección del organismo, cuya visión es promover y proteger la dignidad y los derechos de las personas que migran a Chile, así como su inclusión social, mediante un trabajo multidimensional.

Considera que el reconocimiento que obtuvo en “Cien Mujeres Líderes” obedece a la tarea realizada desde 2008. “En los últimos años el aumento de la migración para Chile hizo que este se convirtiera en un tema de disputas políticas. Eso hace que organizaciones como SJM tomen un papel relevante. La población migrante alcanza al 8% y representa un gran desafío en materia de inclusión”, afirma. Dice que los migrantes suelen ser vistos como personas “de segunda categoría… la pandemia golpeó a las poblaciones vulnerables y hubo falta de apoyo gubernamental, haciéndose fundamental el papel de las organizaciones”, explica.

Michelle asegura que su labor estuvo ligada a su propósito en la vida, el que comparte con quienes se desempeñan en el Servicio: “En el peak (de la primera ola) de la pandemia el equipo trabajó por muchas semanas hasta muy tarde, fue agotador. Me enorgullece su compromiso y escuchar a las personas migrantes decir que los únicos que las ayudaron fueron las del SJM”.

Hoy le inquieta la nueva ley de migraciones, que reemplaza a la anterior, que data de 1975. “Me gustaría decir que tiene un enfoque de derechos, pero no lo veo así. Chile tardó muchos años en tener una nueva norma. Como suele ocurrir en la política, a veces no se logra un enfoque coherente, pues el tema se convierte una lucha de sectores y la ley termina redactada sin mucha articulación. Es cierto que es un avance, es más moderna y dota a ciertas instituciones de más recursos para responder a una gran demanda. Sin embargo, mantiene una visión de seguridad del Estado, mirando al migrante con sospecha”.

“Tenemos un modelo que ha apostado a los capitales trasfronterizos, que se mueven de un lado a otro. Se mueven los capitales y las transnacionales; pero las personas, no. Este modelo no se hace cargo de lo que genera en los países, porque cuando las empresas se van, la gente se queda sin trabajo y empiezan a moverse”, agrega. “Así comienzan los desafíos sistémicos que implican flujos migratorios con poblaciones que lo único que desean es un espacio donde vivir. Es necesario entender a la migración con un enfoque de derechos humanos, donde es clave —por ejemplo— tener un RUT para trabajar, porque los migrantes vienen a aportar en la construcción de una sociedad”.

Opina que a la nueva Constitución no se le puede pedir favorecer el sentido de solidaridad, pero que sí cree que ella “debe resguardar un modelo distinto de sociedad que resguarde los derechos humanos”. Está de acuerdo con que la solidaridad empieza donde termina la justicia: “La Constitución tiene que apuntar a la justicia social y a que se generen discusiones respecto del modelo de sociedad. Creo que la mayoría de la gente no está conforme con el modelo que estamos viviendo. Chile, al igual que Costa Rica, es un país tremendamente desigual donde una pequeña parte de la sociedad se lleva la mayor parte de las ganancias y esa promesa de bienestar queda en pocas manos. ¿Cómo hacemos para que efectivamente se haga una mejor distribución de la riqueza, para que el Estado tome rol en esta distribución, para que las oportunidades sean para todos?”. Añade: “El cambio climático y la desigualdad son desafíos sistémicos que nos muestran que no vivimos separados de los otros, y que necesitamos otro modelo de convivencia. Podremos generar una cultura más solidaria cuando nos alejemos de un modelo de desarrollo capitalista que dice que cada quien se salva como puede”. MSJ

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Fuente: Artículo publicado en Revista Mensaje Nº 696, enero-febrero de 2021.

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