Santa Teresa de Jesús y los jesuitas

Teresa y los jesuitas compartimos una espiritualidad encarnada, humana, relacional, afectiva y misional que nos permite «encontrar a Dios en todas las cosas» [Const. 288].

La relación entre Santa Teresa de Jesús y los jesuitas es profunda e histórica, basta decir que en sus escritos hay un sin número de referencias explícitas a los Padres de la Compañía de Jesús. Esto es, en gran medida, porque fueron sus acompañantes espirituales y sus maestros en el arte del discernimiento: Juan de Prádanos, la introduce en un camino de mayor perfección; Francisco de Borja, le enseña a discernir y confirma sus experiencias espirituales; Baltasar Álvarez, la acompaña durante los años más delicados y la invita a la mortificación para ayudarla a crecer; Gaspar de Salazar, la acompaña en la gestación de la reforma carmelitana; Rodrigo Álvarez, pasa de examinador inquisitorial a lector de Las Moradas, y la Compañía entera termina siendo para Teresa una Orden que ella dice tener «en gran veneración porque los he tratado mucho» (V 38,15).

Asimismo, uno de los vínculos más fuertes entre Teresa de Jesús y los jesuitas es el misterio de la Encarnación, pues es una de las contemplaciones centrales de los Ejercicios Espirituales, en donde San Ignacio de Loyola nos insta a «pedir conocimiento interno del Señor que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga» [EE 104]. De igual manera, Teresa insistirá en la humanidad de Cristo como la «puerta por la que hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos». Así, Teresa insistirá: «No quiera otro camino, aunque esté en la cumbre de contemplación; por aquí va seguro. Este Señor nuestro es por quien nos vienen todos los bienes (…) es gran cosa mientras vivimos y somos humanos traerlo humano» (V, 22).

Uno de los vínculos más fuerte entre Teresa de Jesús y los jesuitas, es el misterio de la Encarnación, pues es una de las contemplaciones centrales de los Ejercicios Espirituales.

Teresa y los jesuitas compartimos una espiritualidad encarnada, humana, relacional, afectiva y misional que nos permite «encontrar a Dios en todas las cosas» [Const. 288], pues, como diría Teresa, «hasta en los pucheros anda el Señor” (F5, 8); ser «contemplativos en la acción» puesto que, en palabras de Teresa, «Marta y María han de andar juntas» (7M 4,14). Al final, ambas espiritualidades coinciden en que «el amor se ha de poner más en obras que en palabras» [EE 230] ya que, según Teresa, «de esto sirve este matrimonio espiritual, de que nazcan obras, obras» (7M 4,6).


Imagen: Pexels.

logo

Suscríbete a Revista Mensaje y accede a todos nuestros contenidos

Shopping cart0
Aún no agregaste productos.
Seguir viendo
0