Saskia Sassen: Desigualdad, exclusión y expulsión

Ganadora del Premio Príncipe de Asturias el año 2013, esta socióloga neerlandesa es considerada una de las intelectuales más influyentes del mundo. En 1991 acuñó el término de “ciudades globales” para describir a ciertas urbes transformadas en centros de intermediación financiera; el 2015 utilizó la palabra “expulsiones” para referise a las consecuencias de esa forma de economía global; y hoy trabaja en torno a una posible salida de este problema: la ética de las ciudades.

María Ester Roblero

15 octubre, 2021, 2:28 pm
16 mins

Saskia Sassen es una de las intelectuales más influyentes del mundo. Socióloga, nacida en La Haya, en su juventud vivió en Argentina, por lo que habla español a la perfección, al igual que otros cinco idiomas.

El año 1991 acuñó el concepto “ciudades globales” para señalar un tipo de urbe que surgió a fines del siglo XX, con empresas dedicadas a los servicios de intermediación (bancos, oficinas de abogados, consultoras comunicacionales) que permiten a grandes corporaciones operar en el mundo de las finanzas, creando un tipo de riqueza bursátil que encarece la vida y termina por expulsar a muchos habitantes de estas mismas ciudades. De ahí otro de los conceptos generados por Sassen: “expulsión”.

Actualmente investiga en torno a una posible respuesta a este fenómeno: la ética de las ciudades.

Aunque vive en Nueva York, respondió esta entrevista en Londres. Por haber vivido muchos años en América Latina cuenta que ha seguido muy de cerca el proceso político chileno.

LA FORMACIONES PREDATORIAS

La frase de la élite política y económica chilena, frente al masivo y a ratos violento estallido social de 2019, fue “¡no lo vimos venir!”. Pero leyendo su obra y todo lo que usted ha escrito, uno se pregunta ¿cuáles son las características que sí permiten prever un estallido social?

Mi lectura de América Latina es que algo básico ha cambiado. Hubo una época en la cual muchos se beneficiaron de una combinacion de posibilidades, dada la riqueza de este continente. Y un factor importante fue la necesidad de las empresas de tener trabajadores, especialmente aquellos con mucha capacidad. Eso ayudó de manera positiva a un sector modesto, pero con conocimientos específicos, que logró mejorar su vida de manera bastante pronunciada. Pero eso se acabó dramática y brutalmente a fines de los años ochenta, y se hizo más y más visible cuando parte de la clase media alta se volvió muy rica y parte de la clase media se empobreció.

En paralelo, a partir de mis estudios veo como elemento crucial o genérico, que en el caso de las grandes ciudades se ha dado una situación que va desmonorando, por así decir, toda una serie de obligaciones por parte de los municipos, en el sentido que ya no pueden ejercer mucha influencia y obtener los recursos que necesitan de los niveles más elevados en la ciudad. Esto es más grave especialmente en el caso de los barrios más pobres. Una manera de entenderlo, simplificando un poco, es que se ha dado un cambio bastante profundo en los ultimos 30 años, que ha afectado a las clases más pobres y a los servicios urbanos. Este cambio es bastante brutal ahora mismo, pero se va a ir notando más y más. Por lo tanto, el desafío que enfrentan los liderazgos de las grandes ciudades reside en parte, y solo en parte, en la necesidad de entender cómo surge esta nueva modalidad.

¿Qué ocurrió en la década de los ochenta, que usted cita como referente de un cambio negativo en sus investigaciones?

La década de los ochenta fue un período vital de cambios, tanto en el sur como en el norte del mundo, tanto para las economías capitalistas como para las comunistas. Yo destaco dos cambios profundos en esa década: el desarrollo material de áreas cada vez mayores del mundo que se convirtieron en zonas para operaciones económicas claves. Esta red de ciudades globales opera como una nueva geografía de la centralidad, un tejido de sitios proveedores de bienes y servicios tercerizados, que corta transversalmente las viejas líneas divisorias norte-sur y oriente-occidente. El segundo cambio es el aumento del ascendiente de las finanzas en la red de ciudades globales, con capacidad para desarrollar instrumentos enormemente complejos que le permiten titularizar la variedad de entidades y procesos más amplia que ha conocido la historia. Ese ascenso de las finanzas es muy importante para la economía mayor. La banca tradicional trabaja vendiendo dinero que el banco tiene, mientras que las financieras trabajan vendiendo algo que no tienen.

Mi tesis, a partir de ambos cambios, es que estamos presenciando la construcción no tanto de élites predatorias, sino de “formaciones” predatorias, una combinación de élites y capacidades sistémicas con las finanzas como posibilitador clave, que presiona hacia la concentración aguda. Lo que afirmo es que hemos caído bajo el influjo de una concepción peligrosamente estrecha del crecimiento económico. El crecimiento, desde luego, era esencial para el proyecto del Estado de bienestar, pero también era un medio de impulsar el interés público, de aumentar una prosperidad que sería compartida por muchos, aunque por algunos mucho más que por otros. En contraste con eso, hoy nuestras instituciones y nuestros supuestos están cada vez más al servicio del crecimiento económico corporativo. Esa es la nueva lógica sistémica.

LA JUSTICIA DE LA VIDA COTIDIANA

Durante el estallido social de 2019 en Chile se analizó que, si bien el país había superado niveles de pobreza, también había aumentado enormemente la inequidad. ¿Cómo entender hoy los conceptos de justicia social? ¿Qué debemos entender por lo que usted llama “expulsión”?

Según mi manera de ver, hay actores poderosos que han podido acaparar valores, no solo dinero sino también tierras y recursos naturales, que van lentamente empobreciendo a las clases modestas. Pero, porque es lento, no lo vemos en su plena brutalidad. Y para mí esto se ha vuelto un punto importante: debemos comprender hasta qué punto no logramos entender un cambio fundacional, aunque en sí mismo no muy visible, pero que efectivamente está ocurriendo.

En muchos sentidos, Chile es un país muy respetado y admirado. Pero sabemos que empiezan a surgir problemáticas que nos indican que hay caídas/cambios en cómo está funcionando su economía. En mi lectura, en Chile, como en muchos países, se nos va demostrando lo difícil que es mantener la justicia social en nuestras grandes ciudades. Esta es una época en que se han ido recortando y eliminando más y más elementos de lo que se podría llamar la justicia social, la justicia de la vida cotidiana en los barrios modestos.

Con respecto al concepto de “expulsión” agrupo distintos casos que tienen un aspecto en común: todos son agudos. Si bien el caso más extremo es el de los que viven en abyecta miseria en todo el mundo, también incluyo condiciones tan distintas como el empobrecimiento de las clases medias en países ricos, la expulsión de millones de pequeños agricultores en países pobres debido a los millones de hectáreas de tierra adquiridas por inversores y gobiernos extranjeros, y las prácticas mineras destructivas en países tan diferentes como Estados Unidos y Rusia. Además, están los innumerables desplazados en campos de refugiados formales e informales, los grupos almacenados en cárceles, y los hombres y mujeres en buena condición física desempleados y viviendo en guetos y barrios miserables. Algunas de esas expulsiones vienen ocurriendo desde hace mucho tiempo, pero no en la escala actual.

LAS MICROEXPULSIONES POR LA VENTA DE LA TIERRA

¿Qué debería preocuparnos del presente?

En mi libro Expulsiones, yo menciono varias de estas preocupaciones. La desigualdad, si sigue creciendo, a cierta altura se puede describir más bien como una forma de expulsión. Para los que están en la parte más baja o en el centro pobre, eso significa expulsión de un espacio de vida; para los que están arriba significa salir de las responsabilidades de ser miembro de la sociedad mediante la autoseparación.

Otra gran preocupación es la transformación de áreas cada vez mayores del mundo en zonas extremas para esos modos nuevos o muy aumentados de extracción de beneficios. Las más conocidas son las ciudades globales y los espacios para el trabajo tercerizado. La ciudad global es un espacio para producir algunos de los más avanzados insumos que requieren las empresas globales. Son los sitios que hacen visibles las múltiples desregulaciones y contratos de garantía desarrollados e implementados por gobiernos de todo el mundo y por los principales organismos internacionales, pero otros enclaves locales en la actual economía global son las plantaciones y los lugares para la extracción de recursos, todos produciendo, principalmente, para la exportación.

Otro aspecto que preocupa es la adquisición de tierras de cualquier lugar por gobiernos extranjeros y empresas extranjeras con fines extractivistas; es un proceso que existe hace mucho, pero la escala de las adquisiciones de tierras deja hoy una vasta impronta en el globo. Se caracteriza por un enorme número de microexpulsiones de pequeños agricultores y pequeñas poblaciones, y por crecientes niveles de toxicidad en las tierras y las aguas.

¿Qué es lo que hoy está cambiando todo?

Tal vez no todas, pero suficientes corporaciones han buscado liberarse de toda constricción, incluidas las del interés público local, que interfiera con su búsqueda de lucro. Cualquier cosa o cualquier persona, ya sea una ley o un esfuerzo cívico, que dificulte el lucro, corre el riesgo de que la hagan a un lado, de que la expulsen. Ese cambio en la lógica económica es una tendencia sistémica importante que las explicaciones actuales no captan del todo.

Estas “formaciones internacionales” imponen a todo el mundo el cumplimiento de sus agendas. Los gobiernos occidentales, los bancos centrales, el FMI e instituciones internacionales afines, ahora hablan de la necesidad de reducir las deudas gubernamentales excesivas, los programas de bienestar social excesivos, la regulación excesiva. Ese es el lenguaje de las principales instituciones que ponen orden en Occidente y cada vez más en todas partes. Contiene la promesa implícita de que si pudiéramos reducir esos excesos volveríamos a la normalidad. Pero esa promesa oculta que ellos quieren un mundo en el que los gobiernos gasten mucho menos en servicios sociales o en las necesidades de las economías de barrio o las pequeñas empresas, y mucho más en las desregulaciones e infraestructuras que los sectores económicos quieren.

Si pudiera dar un mensaje para el futuro, ¿cuál sería?

Aunque una mayoría de personas no lo entienda, es realmente un desafío poder proteger las tierras para que sigan vivas y nos den cada año todos los elementos que necesitamos para sobrevivir nosotros y nuestra naturaleza, con su vegetación y sus animales. Y no solo en Chile. Lo que estamos confrontando es un auge enorme de todo lo que es la extracción de valores: de la tierra, las rocas, los ríos, el agua, el oro, etc. En mi opinión, un aspecto crítico es no emplear a grandes corporaciones, sino más bien distribuir las tierras con todos sus valores a una serie de empresas y a familias para quienes protegerlas con todos sus valores es algo muy muy importante.

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Saskia Sassen, es socióloga neerlandesa, vivió su juventud en Buenos Aires y Córdova. Escritora y académica de la Universidad de Columbia. En 2013 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias y en 2018 el Premio CLACSO. Es doctora Honoris Causa en numerosas universidades europeas y autora de influyentes libros, como La ciudad global: Nueva York, Londres, Tokio; Una sociología de la globalización; y Expulsiones, entre otros.

Periodista.