Sr. Director:
Resulta paradójico que en Chile nos enredemos en controversias sobre el valor del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE) mientras el papa León XIV en Magnifica Humanitas nos advierte sobre la irrupción de la IA en los más diversos planos. Nos expresa que solo es aceptable si sirve a la persona creando entornos laborales dignos.
Esta tecnología ofrece oportunidades sociales insospechadas, pero también riesgos críticos para la dignidad del trabajador y la estabilidad de los sistemas de protección del empleo.
El SENCE —cuyo fin es mejorar la empleabilidad y productividad— destina recursos públicos intermediados por los privados mediante una franquicia tributaria (el «1 %»). Sin embargo, los datos de 2024 son decidores: 9.276 empresas capacitaron a casi un millón de trabajadores, pero el 76,7 % del uso de esa franquicia se concentró en grandes y medianas empresas. Solo un 19,7 % de las micro y pequeñas empresas accedió al sistema. En la práctica, no está llegando a los trabajadores menos calificados.
Urge una reforma estructural. Focalización: la capacitación en grandes empresas debería ser financiada con recursos propios, para que el Fisco priorice inversión en programas sociales e intermediación laboral. Pertinencia: usar la IA para actualizar programas a la realidad laboral y así reinsertar a quienes han perdido competencias. Pago por resultados: condicionarlo según la ejecución efectiva por parte de los organismos técnicos (OTEC) y la certificación real de competencias de los participantes.
Repensar el SENCE como una institución moderna es una urgencia democrática. Enfrentar el desempleo por obsolescencia laboral y automatización requiere que el Estado actúe hoy, antes de que la brecha sea irreversible.
Fernando Rouliez Fleck
Exdirector nacional del SENCE (2006-2009)