Sínodo y poéticas del caminar

Caminar descubriendo, recorrer leyendo los campos y edificios de las vidas más cotidianas de las comunidades, ser capaces de crear nuevos relatos y dar significado a nuestras experiencias, espiritualidades, pastorales o teologías.

Juan Pablo Espinosa Arce

15 noviembre, 2021, 10:16 am
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El Sínodo sobre la sinodalidad es un tiempo eclesial en donde se nos invita a recuperar la imagen plástica del caminar juntos (synodos) como dinámica de proyección de un tiempo de renovación, de vuelta al corazón del Evangelio, de mayor corresponsabilidad y participación de todos y todas dentro de la comunidad de Jesús. A partir de ello, quisiera proponer en esta columna algunas relaciones en torno al Sínodo como espacio para pensar las poéticas del caminar, es decir, tratar de reconocer cómo caminar no es solo la acción de desplazarnos de un lugar a otro lugar, sino que esconde un trasfondo sapiencial y poético de mayor riqueza.

El filósofo y poeta estadounidense Henry David Thoreau escribió un libro lleno de metáforas, símbolos y figuras en torno al caminar. En su obra Poéticas del caminar, Thoreau afirma que el caminar no tiene que ver solo con hacer ejercicio o con moverse simplemente de un lugar a otro, sino que está fecundado por el sentido de peregrinar, de extraviarse o de descubrir elementos que antes no se habían reconocido en los tránsitos por las calles de una ciudad. El que camina, dice Henry David Thoreau, es aquel que construye un hogar en cada lugar por el que avanza. De esta manera el peregrino o caminante representa una figura de desarraigo o de ruptura con lugares naturalizados de manera de avanzar hacia el descubrimiento de lo nuevo. Aquí Thoreau recuerda el pasaje de Mateo 19,29 en donde Jesús indica que aquél que ha dejado casa y familia por el Reino recibirá bendición.

El camino que el poeta estadounidense ofrece está movido por la conciencia del riesgo y de la aventura, de entender que el itinerario es un camino profundamente incierto y nunca lineal o cierto. Por ello Henry David Thoreau habla del aprender a perderse, y de pensar que al perderse el caminante encuentra nuevos modos de pensar y entender la realidad de la cual es parte. Por ello dice Thoreau: “Dos o tres horas caminando me llevarán a tierras tan extrañas como espero. Una simple granja que no había visto antes es a veces tan buena como los dominios del Rey nigeriano de Dahomey”. De algún modo el tiempo de Sínodo nos invita a poner atención en los detalles, en los relatos y experiencias personales y comunitarias de las iglesias. Es un aprender a entrar en la dinámica de la extrañeza, de aprender a escuchar otras historias y mirar de nuevo nuestras prácticas eclesiales siendo capaces de discernir, desde el Espíritu, cuáles son las que construyen y cuáles las que destruyen a la misma comunidad. Las poéticas del caminar, como figura posible de pensar el Sínodo, nos animan a caminar descubriendo, a recorrer leyendo los campos y edificios de las vidas más cotidianas de las comunidades, a ser capaces de crear nuevos relatos y dar significado a nuestras experiencias, espiritualidades, pastorales o teologías.

En otro momento de sus Poéticas, Henry David Thoreau expresa bellamente: “El pueblo es un lugar atravesado por los caminos”. Pienso que es una imagen que, válidamente, se puede pensar para la Iglesia: ser un pueblo que está marcado por una variedad de caminos siempre coloridos, carismáticos y proféticos, variedad que es la fuerza del Dios que camina y que nos invita a ponernos en camino. MSJ

Académico Facultad de Teología UC. Académico Universidad Alberto Hurtado.