Solemnidad de la Ascensión

Mujeres y hombres, todas/os llamadas/os a ser discípulas y discípulos e ir a dar fe de Su mensaje con nuestra vida.

Domingo 17 mayo de 2026
Mateo 28, 16-20.

16 Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17 Y cuando le
vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: ‘Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, vayan, y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles
que guarden todas las cosas que les he mandado; y he aquí yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo’
.

En este Evangelio, nos encontramos contemplando los últimos momentos de Jesús con sus discípulos. Pronto los dejará, en su despedida les encarga lo que de ahora en adelante será la tarea que orientará sus vidas. El maestro les deja una gran misión antes de su Ascensión; en pocas palabras, les dice todo lo que deberán hacer, lo que debemos hacer. Esa misión, es nuestra misión.

Veamos lo del Bautismo, son muy pocas las mujeres que hemos bautizado en nombre del Señor, a pesar de que, por el poder que nos da el sacramento del Bautismo, de ser sacerdotisas, profetas y reinas, deberíamos hacerlo. Podemos bautizar, no obstante la jerarquía de la Iglesia no nos ha permitido hacerlo, salvo en caso de muerte. Preguntémonos, ¿podríamos considerar como Bautismo la aceptación de Jesucristo por parte de aquel a quien no le ha sido revelado Su mensaje, y que por la acción de una mujer cristiana, acepta como propia Su enseñanza?

El maestro les deja una gran misión antes de su Ascensión; en pocas palabras, les dice todo lo que deberán hacer, lo que debemos hacer.

Con respecto a «guardar» las cosas que nos ha encomendado, debemos mirar su vida para seguir su ejemplo. Es al Jesucristo histórico a quien debemos mirar para cumplir su encargo. Recordemos con quién se juntaba, a quién defendía, del lado de quién estaba, qué buscaba, qué criticaba, qué lo enojaba, qué hacía cuando estaba solo.

Detengámonos en su compromiso de estar con nosotros hasta el fin del mundo. Cada vez que nuestras acciones van en dirección de atender al otro, considerándolo como hermano, buscando su bien y, teniendo presente las palabras del maestro en Mateo 25,351, somos un instrumento de su presencia y acción permanente en la tierra, que trasciende a través de nuestra relación con los demás. Cada vez que optamos por seguirlo ¿no sentimos una sensación de plenitud, que nos acompaña? ¡Es Él, es su presencia, se cumple su promesa! Las palabras de Alberto Hurtado «¿qué haría Cristo en mi lugar?», son una guía de discernimiento para orientar nuestras acciones en la búsqueda de cumplir nuestra misión de cristianas.

Como dice Hildegar de Bingen: «La Vida misma es Dios moviéndose y obrando». Jesús dice «Vayan y hagan discípulos, discípulas»… eso requiere mucha fe y valor, porque se nos está pidiendo que seamos como Jesús, y eso requiere, primero, que nosotras seamos como Jesús. Debemos ser como el Maestro enseñó. Vayamos con alegría, esperanza y convencidas de que no es solo una cosa de la religión. Jesús trajo una nueva forma de relacionarnos. Si tocó mi vida debemos transmitirlo no solo a nuestra generación, sino a las nuevas generaciones. Seamos discípulos y discípulas, empezando por nuestra vida, por nuestra forma de ser. Sigamos a Jesús resucitado.

Domingo de Resurrección la tumba estaba vacía… hoy nos pide que su Resurrección no sea en vano. Mujeres y hombres, todas/os llamadas/os a ser discípulas y discípulos e ir a dar fe de Su mensaje con nuestra vida. Algunos, algunas dudaron. Lo siguieron por años, lo vieron resucitar a Lázaro, devolver la vista a ciegos. Vieron los milagros que hacía y aun así dudaron, pero hoy hemos visto cómo Jesús ha cumplido todo lo que prometió y nos enviará al paráclito que nos llenará de valor y confirmará nuestra fe. Y aquel a quien todo el poder y autoridad le fue dado nos acompañará hasta el fin de los tiempos.

Miremos nuestra semana…

¿He tenido presente esta misión en mi vida cotidiana?

¿Considero que he contribuido a mejorar las relaciones interpersonales en mi entorno?

¿Me surgen propósitos para mi próxima semana en relación al Evangelio de hoy?

1 Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era inmigrante y me recibieron, estaba desnudo y me vistieron, estaba enfermo y me visitaron, estaba encarcelado y me vinieron a ver.


Fuente: Mujeres Iglesia Chile / Imagen: Pexels

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