Tailandia: A través de la lente de un refugiado

La historia de Absame, un solicitante de asilo que vive en Bangkok, muestra una valentía, una capacidad de recuperación y una persistencia increíbles. Se aferró a las oportunidades de educación y utilizó su perseverancia y habilidades para encontrar empleos informales en circunstancias extremadamente difíciles. Sobre todo, persevera con la esperanza de un futuro mejor. El Servicio Jesuita a Refugiados de Tailandia tuvo el privilegio de acompañarlo en su valiente viaje.

Servicio Jesuita a Refugiados

16 febrero, 2018, 12:09 pm
7 mins

Vengo de un país lejano, Somalia. Allí, yo vivía en Mogadiscio, la capital, con mi familia. Iba a la escuela primaria, disfrutando de la vida de un niño normal. Un día, fui al cine con mis amigos. Cuando volvimos a casa, esta había sido destruida por una bomba y todos los miembros de mi familia murieron en la explosión. Tenía 9 años.

Desde ese día, viví con mi amigo y su familia. Se convirtieron en mi nueva familia. Crecí con ellos, hasta el día en que mi amigo fue al mercado y fue alcanzado por una bala perdida. Desde entonces, el comportamiento de sus padres cambió, y me hicieron trabajar como un esclavo en su granja, mientras sus otros hijos iban a la escuela.

Una noche, la madre me llamó y me amenazó con un cuchillo. Ella me dijo que debería hacer lo que ella quisiera. Pero no quería. Su marido entró en la casa mientras estábamos discutiendo, y la esposa gritó como si yo la agrediera. Entonces, me escapé. El marido me persiguió con un arma. Afortunadamente, ninguna bala me tocó.

Como estaba tan asustado por lo sucedido, hui muy lejos.

Corrí a otra aldea, donde sabía que vivía una amiga de mi madre. Yo quería esconderme en su casa. Por desgracia, él la encontró. Entonces, la madre de mi amigo me dijo que allí no estaba seguro y que debería ir a Malasia. Ella fue muy amable conmigo y me ayudó mucho. Lo planificó todo y se encargó del papeleo.

Viajé a Malasia con un agente en avión. Al llegar a Malasia, me llevó a la estación de autobuses. Allí, me puso en un bus a Tailandia. Me dijo que solicitase asilo allí, donde ya había una comunidad somalí.

Me dijo que me bajara del autobús al escuchar el nombre “Bangkok”.

Llegué a Bangkok en marzo de 2015.

Al llegar a la estación de autobuses, conocí a un somalí y le pedí ayuda. Me llevó hasta otro hombre también somalí que trabajaba en un restaurante. Me dijo que podía quedarme con él y que debería registrarme ante la ACNUR. Me acompañó a la ACNUR una semana después.

No estaba seguro de lo que me pasaría, pero pedí refugio y así me convertí en solicitante de asilo.

Como menor no acompañado, recibí ayuda económica de una organización. Fueron momentos muy difíciles para mí. Al llegar a Bangkok, me sentí seguro y feliz, pero también tenía miedo por las historias de somalíes arrestados y que vivían en el Centro de Detención de Inmigrantes.

Desde que llegué a Bangkok, siempre he compartido habitación para ahorrar dinero. Pero desde julio de 2017, estoy tratando de vivir por mi cuenta. Me levanto a las 6 de la mañana todos los días y voy a buscar trabajo en las fábricas ubicadas alrededor de donde me alojo. Conseguí un trabajo en una fábrica haciendo ropa y bolsos. Las condiciones laborales eran muy duras. Mi horario era de 8 de la mañana a 9 de la noche. El jefe me dijo que le gustaba mi manera de trabajar, pero que no podía contratarme por mi situación.

OJALÁ PUDIERA TRABAJAR

A veces obtengo arroz de la mezquita, y trato de racionarlo todo lo que puedo. Me lo voy comiendo poco a poco cada día. Yo mismo lo cocino y le agrego un poco de curry. Esa es mi comida diaria.

Un día, uno de mis vecinos, que era traductor del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), me dijo que debería ir allí. Así es como llegué a conocer el JRS. Un día de marzo de 2016 me acerqué hasta sus oficinas. Me reuní con uno de los asistentes sociales, y le compartí mi historia. Me dieron ayuda de emergencia para conseguir comida o pagar el alquiler.

El JRS me dio el nombre de una escuela y toda la información sobre el programa educativo. Me quedé allí dos meses estudiando tailandés e inglés. Lamentablemente, tuve que dejar de ir por razones de seguridad. Tengo los elementos básicos de tailandés e inglés y puedo estudiar en Internet.

El JRS me mostró cómo vivir aquí y cómo sobrevivir. Siempre me dan buenos consejos. Estoy agradecido de que me hayan ayudado. Le tengo un gran respeto al JRS.

QUIERO CAMBIAR MI VIDA

No quiero seguir escondiéndome toda la vida. Me gustaría tener documentos legales y poder ayudar a personas en la misma situación. Estoy esperando mi entrevista con la ACNUR y confío en que me ayuden. Mi vida ahora es muy difícil, pero seré paciente. No me rendiré, continuaré y alcanzaré mi objetivo.

* El trabajo del JRS cuenta con el generoso apoyo de la Oficina de Población, Refugiados y Migración del Departamento de Estado de EE.UU.

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Fuente: http://es.jrs.net

El Servicio Jesuita a Refugiados es una organización católica internacional que trabaja en más de 50 países, con la misión de acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y desplazados forzosos.