Ucrania, «realpolitik» y valores democráticos

Sr. Director:

He leído con atención los artículos sobre la invasión rusa a Ucrania, publicados en la edición 707 (marzo-abril 2022) de Mensaje.

En ninguno de los dos artículos se menciona la palabra democracia e incluso en un epígrafe se habla del «conflicto ruso-ucraniano», soslayando el hecho fundamental de la situación actual, que es la invasión de Ucrania por parte de Rusia.

Hablando de historia moderna, los artículos se refieren preferentemente a los temas de la «realpolitik», es decir, a los asuntos del poder puro y simple, sin consideración a valores de ninguna especie, como se expresa muy nítidamente en las citas de Kennan y Kissinger. Este último, por esas razones, dice el 2014 que no se debe acorralar a la URSS, pero en 1971 considera que es inaceptable un gobierno con un presidente marxista electo en América Latina y simultáneamente inicia las conversaciones con Chou-en-lai, para acercarse a China y estimular la rivalidad de los orientales con la URSS. Todo ello, «realpoltik».

No se trata de moralizar, pero desde el fin de la Unión Soviética (URSS), cuyo modelo de dictadura del proletariado resultó ser un fracaso global y más bien una dictadura pura y simple, las repúblicas que formaban la Unión Soviética hicieron lo posible por alejarse rápidamente de la cercanía e influencia rusa.

En los artículos se habla mucho de la OTAN y de sus errores —asunto que no discuto—, pero se menciona apenas que todas las repúblicas soviéticas europeas, inmediatamente después del fin de la URSS, iniciaron caminos de democratización y postularon a ser miembros de la Unión Europea (UE). Hoy todas ellas son miembros plenos de la UE y las que aún no lo son están postulando a ello, como es el caso de Ucrania.

Este es un asunto relevante, casi ignorado en general en los medios y en los análisis: la democracia ha dado pasos gigantescos en el Este europeo, con importantes logros, incluidas las libertades fundamentales, la protección de los derechos humanos, el éxito económico, etc. Menciono estos hechos porque la UE, la mayoría de cuyos miembros pertenece a la OTAN, más allá de ello, es el principal éxito de la democracia y la integración en el mundo, después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Y los nuevos países del Este, por todos los medios a su alcance, han trabajado arduamente para salir de la tutela rusa, incorporándose a la UE. El caso de las repúblicas bálticas es notable.

Ucrania, con altibajos, está intentando ese sendero desde hace veinte años. De hecho, en un par de oportunidades estuvo a punto de firmar el acuerdo de Asociación con la UE, primer paso antes de transformarse en miembro pleno.

Este comentario tiene por objeto entregar una interpretación diferente respecto de lo que está ocurriendo con la invasión rusa. Razón tiene Putin en temer por su seguridad, pero en ningún caso por las razones que menciona públicamente: el temor real, del autócrata que es él, son los avances democráticos que pueden contaminar a Rusia y poner en jaque su autoritarismo, volviendo Moscú al proceso de democratización ideada por Michael Gorbachov en la URSS de los años noventa.

Las guerras no son iniciadas por las democracias, la regla es, con alguna excepción, que las democracias entran en los conflictos luego de que son agredidas.

Lo que las democracias no pueden ni desean evitar es que el modelo contagie de manera pacífica a las dictaduras y autocracias para que los pueblos organicen su vida política, social, económica y cultural, con patrones esenciales de humanidad. Es respetable que Ucrania luche por ello y que se condene con energía la invasión rusa y a Vladimir Putin que, finalmente, desea disponer de un entorno de autócratas cercanos para mantenerse en el poder.

Como nota marginal sobre la OTAN, es importante comprobar que, en información difundida en los momentos que envío estas líneas, Finlandia, el país democrático neutral por antonomasia, por la mayoría de su parlamento ha decidido incorporarse a la OTAN, entregando así una señal inequívoca acerca del peligro que representa Rusia bajo la dirección de Vladimir Putin.

Mariano Fernández Amunátegui

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