Una oración fecundada por la intranquilidad: dos cuentos jasídicos

Aprender a orar desde la intranquilidad, con la intranquilidad como relato creyente.

Juan Pablo Espinosa Arce

29 noviembre, 2021, 11:17 am
6 mins

La intranquilidad, como concepto y experiencia, ha sido asumida por la teóloga protestante Marion Muller-Colard y hace referencia al reconocimiento de cómo la existencia humana está atravesada por la intranquilidad, es decir, por aquellas situaciones y experiencias que nos desajustan y que nos invitan a reimaginar salidas o modos de convivencia con esa misma intranquilidad. A partir de esto, quisiera compartir una reflexión que busca pensar cómo la oración, cuando es interrumpida por una situación de desajuste o cuando la meditación es atravesada por la intranquilidad, esta toma un sentido de mayor profundidad o densidad. Para ello recuperaré dos cuentos jasídicos presentes en la obra del filósofo Martin Buber, cuentos que surgen del mundo judío jasídico (Europa del Este). Los jasídicos buscaron el encuentro con Dios a través de la fiesta, los actos de justicia y de caridad. Recomiendo vivamente la lectura de estos cuentos que, a juicio del rabino Daniel Kripper, son una joya del pensamiento y de la espiritualidad universal.

El primer cuento se llama El silbato pequeño. Se cuenta que un aldeano, durante los días Austeros, rezaba en la casa de Oración del fundador del jasidismo (Rabí Israel Ben Eliezer) junto a su hijo. Al niño le costaba aprender y no lograba reconocer la forma de las letras. A pesar de ello, el padre lo llevó, al cumplir los 13 años, a la casa de oración durante el Yom Kippur (día del perdón). Este niño tenía un pequeño silbato que soplaba cuando estaba en el campo cuidando las ovejas de su casa. Durante la oración el niño permaneció en silencio, pero cuando comenzó el servicio adicional dijo al padre: “Padre, tengo aquí mi pequeño silbato. Quiero cantar con él”. El papá se molestó y le dijo al niño que no se le ocurrieran cosas así. Pero, cuando comenzó otro momento en la oración, el niño volvió a pedir al padre poder tocar el silbato. El padre intentó impedirlo, pero el niño, arrancando la mano del padre del lugar donde estaba el silbato, comenzó a soplar una larga nota. La comunidad de los jasídicos se asustó ante el sonido del silbato, pero el rabino Israel Ben Eliezer continuó su rezo, solo que de forma más rápida y fácil que de costumbre. Más tarde se cuenta que dijo: “El muchacho tornó las cosas más fáciles para mí”.

Este cuento perfectamente podría ser utilizado para pensar la intranquilidad o la perplejidad. El padre intranquilo porque el niño no aprendía las letras santas, el niño intranquilo por querer tocar su silbato, la comunidad sobresaltada por el sonido de la nota. Pero, justamente en medio de esa intranquilidad, de esa perturbación de ánimos o de ambiente, el Rabí Israel puedo encontrar la mejor forma de orar. El sonido del silbato del pequeño niño fue un espacio de revitalización para el rabino y pienso que esto es una cuestión que debemos aprender a recuperar o rastrear para nuestra propia espiritualidad. ¿Qué ideas puedes extraer tú luego de leer este cuento? ¿Cómo este cuento ayuda a tu propia oración y a tu vivencia de la intranquilidad?

El segundo cuento se titula Interrupción, y cuenta que mientras Rabí Moshé Leib oraba a medianoche las enseñanzas místicas, alguien tocó a la ventana de su casa. Cuando salió a mirar, vio que era un campesino borracho que le pedía dejarlo entrar y pasar la noche en su casa. El rabino se molestó por la interrupción del borracho, pero luego se dijo: “Pero si Dios se aviene con él, ¿puedo rechazarlo yo?”. Luego abrió la puerta y lo acogió en su casa.

El estudio de la mística, de las tradiciones religiosas o de la Palabra de Dios no puede reducirse a una experiencia alejada del mundo. El campesino borracho es figura del otro/del extraño o forastero que llega a interrumpir nuestra normalidad. Su presencia es una que fecunda de intranquilidad nuestra casa y nuestra vida. Aprender a orar desde la intranquilidad, con la intranquilidad como relato creyente y reconocer cómo la intranquilidad que surge en medio nuestro es un espacio de reconocimiento del Dios que toca la ventana a medianoche, es un proyecto que, pienso, viene a revitalizar, humanizar y fecundar nuestra propia práctica de oración. MSJ

Académico Facultad de Teología UC. Académico Universidad Alberto Hurtado.