Sr. Director:
Como cada 18 de agosto, se ha celebrado el Día Nacional de la Solidaridad, instaurado en memoria de san Alberto Hurtado. Esta fecha nos recuerda que la solidaridad no es solo un valor, sino una práctica concreta que se activa cuando las necesidades superan la capacidad del Estado.
Surge la pregunta: ¿quién responde cuando el Estado no logra llegar a todos los rincones? La respuesta está en las organizaciones de la sociedad civil: fundaciones, ong, juntas de vecinos, comunidades de fe, colectivos culturales y personas que convierten la solidaridad en práctica cotidiana. Este entramado colectivo —muchas veces invisible, pero esencial— reúne a cerca de trescientas mil organizaciones en el país, cuyas acciones benefician directa o indirectamente a más de siete millones de personas. La sociedad civil está presente allí donde la urgencia se hace evidente: en niñez, salud mental, pobreza, consumo problemático, entre otros ámbitos. Actúan cuando otros se limiten al diagnóstico. Se atreven donde el Estado se ve restringido por temor o rigidez, y logran impacto porque transforman vidas.
Es importante destacar el papel de las organizaciones solidarias y filantrópicas. La sociedad civil es un actor legítimo en la construcción del país que aspiramos y resulta fundamental resguardar su trabajo de manera seria y transparente.
Rafael Rodríguez