Viernes Santo con los niños de Siria

La Pasión de Cristo ha continuado a través del tiempo y de la historia. Son pueblos enteros los abandonados en la pobreza, perseguidos hasta el exterminio.

Juan Antonio Espinosa

13 abril, 2017, 3:33 pm
4 mins

Al ver las fotos de los niños sirios, muertos tras el bombardeo con armas químicas, inevitablemente nos asalta la misma pregunta que, siglo tras siglo, ha seguido repitiéndose a lo largo de la historia de la humanidad. ¿Por qué?, ¿por qué?

Pregunta angustiosa que hoy se convierte en grito.

Hubo un tiempo en el que Israel, el antiguo pueblo de Israel, plasmó en el Salmo 21 su queja ante Dios, el Dios de sus padres.

La misma queja que Jesús de Nazaret expresó, a las puertas de su muerte, al ser condenado injustamente y al sentirse abandonado por los suyos: “Padre, ¿por qué me has abandonado?”.

Pero la Pasión de Cristo ha continuado a través del tiempo y de la historia.

Son pueblos enteros los abandonados en la pobreza, perseguidos hasta el exterminio:

“Agonizo entre los gases de las minas,
en las salas de tristes hospitales,
en los campos sembrados de alambradas,
en los niños que mueren por el hambre”…

Y siempre surge la misma pregunta: “¿Por qué, mi Dios?”.

A pesar de todo, ese Dios, al que a veces sentimos tan lejano, seguirá impulsando la esperanza del pueblo:

“Comenzará la fiesta de los pobres
con alegre corazón que no envejece,
contaremos tu amor y tu justicia
al pueblo que va a nacer,
al pueblo que está naciendo”.

—¿Por qué? (Salmo 21)—

Dios mío, ¿por qué me abandonaste?,
mi voz se pierde en el camino,
de día te llamo y no respondes,
de noche te grito y no haces caso.

¿Por qué, mi Dios?

En ti confiaban nuestros padres
y tú los salvabas del peligro;
pero yo soy el desprecio de las gentes,
se burlan de mí los de mi pueblo.

¿Por qué, mi Dios?

Me pusiste en los brazos de mi madre,
desde siempre acompañabas tú mis pasos;
pero ahora solo estoy ante la prueba
y nadie se entristece de mi suerte.

¿Por qué, mi Dios?

Me llevaron desnudo a su presencia,
me quitaron mis ropas y mi nombre;
en la cárcel se acrecientan mis temores,
esperando el momento de mi muerte.

¿Por qué, mi Dios?

Agonizo entre los gases de las minas,
en las salas de tristes hospitales,
en los campos sembrados de alambradas,
en los niños que mueren por el hambre.

¿Por qué, mi Dios?

No te quedes tan lejos en mi angustia,
porque tú eres mi fuerza en el tormento;
libera mi vida de sus garras
y podré hablar de ti a mis hermanos.

Comenzará la fiesta de los pobres
con alegre corazón que no envejece;
contaremos tu amor y tu justicia
al pueblo que va a nacer.

Contaremos tu amor y tu justicia
al pueblo que está naciendo.

Letra: Salmo 21 — Versión-adaptación: Juan Antonio Espinosa.

Música: Juan Antonio Espinosa.

— La grabación, junto con cincuenta canciones más, se encuentra en el Doble CD “Las Canciones de la Asamblea” (EDIBESA), y la partitura en el libro del mismo título (EDIBESA, Telf. 91 345 19 92 // www.edibesa.com).

— Ahora puedes escuchar esta canción, interpretada por Joaquín Laría y Coros, pulsando aquí.

— También, si lo deseas, te la puedes descargar gratis pulsando aquí.

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Fuente: www.periodistadigital.com/religion

Escribe para el medio internacional Religión Digital.

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