Adviento: La triple dimensión de la venida del Señor

El Adviento ha de servirnos para prepararnos para reconocer la presencia del Señor cuando tantas veces sale a nuestro encuentro o pasa a nuestro lado en el camino de la vida.

El Adviento comenzó a celebrarse en el siglo IV en las Iglesias de España y Francia. El primer testimonio que ha llegado hasta nosotros lo debemos a san Hilario de Poitiers sobre el año 360. La segunda mención se debe al Concilio de Zaragoza en el año 380. Era un periodo de tres semanas que comenzaba el 17 de diciembre y se extendía hasta el 6 de enero, fiesta de la Epifanía, porque en esa fiesta eran bautizados los catecúmenos. Adviento comienza siendo, pues, un tiempo de preparación para recibir al Señor que llega para recibir con el bautismo a los nuevos miembros de la Iglesia.

A finales del siglo V en la Iglesia de Francia el Adviento se convierte en tiempo de preparación para la Navidad. Comenzaba el 15 de noviembre, entonces fiesta de san Martín y duraba 40 días, hasta el 25 de diciembre. Se le denominaba la “Cuaresma de san Martín”.

Pero en Roma, desde san Gregorio Magno, en el s. VI, el Adviento se estructura en los cuatro domingos que tiene actualmente y se perfila como un tiempo de espera de la segunda venida del Señor. De ahí que en la liturgia actual el Adviento tenga dos etapas. La primera comienza el domingo más próximo al día 30 de noviembre y dura hasta el 16 de diciembre. La segunda se extiende desde el 17 hasta el 24 de diciembre.

Desde san Gregorio Magno, en el s. VI, el Adviento se estructura en los cuatro domingos que tiene actualmente y se perfila como un tiempo de espera de la segunda venida del Señor.

En la primera etapa la liturgia se centra en la dimensión escatológica y nos invita a prepararnos para la segunda venida del Señor. Así lo recoge el primer prefacio que se reza en las celebraciones eucarísticas de la primera parte del Adviento: “Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar”.

En la segunda etapa el Adviento se centra en la preparación para la celebración de la Navidad. Así lo recoge el segundo prefacio señalado para esta segunda etapa: “El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza”.

Tras la reforma litúrgica de Pablo VI se añadieron otros dos prefacios más: el tercero, alternativo para la primera etapa, y el cuarto, para la segunda. En el tercero la liturgia nos invita a considerar la actualización de la segunda y definitiva venida del Señor que ocurre cada vez que el Señor sale a nuestro encuentro a lo largo de nuestra existencia. Dice: “Tú nos has ocultado el día y la hora en que Cristo, tu Hijo, Señor y Juez de la historia, aparecerá, revestido de poder y de gloria, sobre las nubes del cielo. (…) El mismo Señor, que se nos mostrará entonces lleno de gloria, viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su reino”.

Por último, el cuarto de los prefacios nos invita a contemplar el misterio de la maternidad virginal de María y en esta contemplación esperar el nacimiento del Señor como ella lo esperó: “La gracia que Eva nos arrebató nos ha sido devuelta en María. En ella, madre de todos los hombres, la maternidad, redimida del pecado y de la muerte, se abre al don de una vida nueva”.

De modo que la liturgia de Adviento nos invita a prepararnos para la venida del Señor en una triple dimensión. Nos preparamos a celebrar el aniversario del nacimiento del Hijo de Dios que al encarnarse asumió nuestra naturaleza para hacernos capaces de participar en la suya, como dijo san Ireneo. Esta venida ocurrió una vez y no se repite, por lo que nosotros la recordamos. También nos preparamos para la venida última del Señor en la que tendrá lugar el juicio de Dios sobre la historia humana y sobre las acciones de los hombres. Finalmente, el Adviento ha de servirnos también para prepararnos para reconocer la presencia del Señor cuando tantas veces sale a nuestro encuentro o pasa a nuestro lado en el camino de la vida.


Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

logo

Suscríbete a Revista Mensaje y accede a todos nuestros contenidos

Shopping cart0
Aún no agregaste productos.
Seguir viendo
0