¿Qué es lo que no se puede cantar en Adviento?

La sobriedad de la ausencia del Gloria nos conecta con ese hueco vacío que hay en nuestro interior y que espera ser llenado por el Señor.

Yo creo que es el Aleluya, pero no me acuerdo, porque me suena que era en Cuaresma.
¡No, en Adviento no se cantan ni el Gloria ni el Aleluya!
¿Seguro? ¡Anda, míralo en Google a ver qué dice!
En Adviento no se canta el Gloria.
¡Qué lástima porque justo había ensayado uno muy bonito! Pero bueno, lo dejamos para enero, que yo en Navidad estoy fuera.

Conversaciones como esta son habituales en los coros de las iglesias cuando llega el Adviento. Bueno, aunque a veces ni siquiera se dan y entonces los cantores se arrancan directamente con el Gloria, provocando alguna que otra escena después de la misa, o incluso dentro de la misma celebración.

La pregunta que surge ante esto es, si todos los años suprimimos el Gloria durante el Adviento ¿por qué nos cuesta tanto recordarlo? Personalmente, creo que es porque no conocemos el sentido profundo de lo que hacemos, sino que lo hacemos por inercia o porque toca, y por ello no cala ni en nuestros hábitos ni en nuestro interior.

Si todos los años suprimimos el Gloria durante el Adviento ¿por qué nos cuesta tanto recordarlo?

Lo primero que deberíamos saber es que el canto del Gloria surge inspirado en el cántico de los ángeles en la noche del nacimiento de Jesús, tal y como nos lo narra el Evangelio: “De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad” (Lc 2, 13-14). Por tanto, al suprimir el canto del Gloria durante el Adviento, la Iglesia busca crear una expectación o, si se prefiere, una cierta ansia, para que al cantarlo en la misa del gallo experimentemos una alegría parecida a la que sintieron los pastores de Belén al recibir el mensaje del nacimiento del Niño.

Pero, también es bueno conocer que la espera del tiempo del Adviento no solo se refiere al nacimiento de Jesús, sino también a su segunda venida al final de los tiempos. En este sentido, la supresión del Gloria nos hace sentir que, en nuestro peregrinar cristiano por la vida, experimentamos, con mayor o menor medida, una añoranza de la presencia de Dios que solo se completará al final de los tiempos. Así, en un sentido muy profundo, la sobriedad de la ausencia del Gloria nos conecta con ese hueco vacío que hay en nuestro interior y que espera ser llenado por el Señor (aunque a veces lo rellenemos con otras cosas).

En fin, no sé si con estas palabras habré logrado exponer el sentido profundo de esta realidad litúrgica del Adviento. Pero espero que, al menos, en algún coro haya quedado claro que el Gloria no se canta en los domingos de este tiempo litúrgico.


Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.

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