Burkina Faso: La ONU condena el golpe de Estado

El secretario general de la ONU, António Guterres, condenó “con fuerza cualquier intento de tomar el poder por las armas”, reafirmando “el compromiso absoluto de Naciones Unidas con la protección del orden constitucional y el apoyo al pueblo de Burkina Faso en la búsqueda de soluciones a los diversos problemas del país”.

Por último, hizo un llamamiento al diálogo en un Estado marcado por una gran inseguridad nacional. Asimismo, el presidente de la Comisión de la Unión Africana, Moussa Faki Mahamat, declaró que está “siguiendo la gravísima situación con profunda preocupación”.

LOS GOLPISTAS, MILITARES DEL MPSR

Los soldados que se amotinaron el domingo en varios campamentos militares del país forman parte del Movimiento Patriótico para la Salvaguardia y la Restauración (MPSR). Capturaron al presidente Kaboré, que llegó al poder en 2015 y fue reelegido en 2020 con la promesa que, según todos los insurgentes y la población, no ha cumplido en cuanto a luchar contra los yihadistas como prioridad. Junto a él están detenidos también el presidente del parlamento y algunos ministros. La petición de los insurgentes, explicitada por los soldados y, desde el sábado, por los manifestantes que salieron a la calle, es un cambio de estrategia contra los yihadistas, que mantienen al país como rehén en una racha de violencia que ha generado más de mil muertos y más de un millón de desplazados. Las promesas del presidente de enfrentarse a ellos son en vano. Lo que se necesita, en cambio, es un personal y unos salarios más altos y regulares, medios adecuados para competir con los grupos terroristas que pagan mejor que el gobierno, y un adiestramiento mejor.

TERCER GOLPE DE ESTADO

Se trata del tercer golpe de Estado en el país, donde el presidente Kaboré se ve cada vez más cuestionado desde su elección por una población harta de la violencia yihadista y de su incapacidad para afrontarla. Los motines se producen en un momento en que el Sahel está cada vez más desestabilizado y la violencia ha obligado a unas diecisiete mil quinientas personas a abandonar el país en 2021, según la ONU. Hasta la fecha, se ha declarado el estado de emergencia en catorce de las cuarenta y cinco provincias del país para facilitar la lucha contra el terrorismo. Desde el año 2019 se han impuesto toques de queda en estas regiones, que se prolongan periódicamente. Los ataques del ejército “burkinés” han provocado, cada vez más en los últimos meses, la indignación de la población, que ha organizado manifestaciones espontáneas en varias localidades, obligando al presidente, en noviembre pasado, a admitir “disfunciones” que deben “corregirse”. Una admisión que no vio soluciones, provocando la exasperación de la población que también sufre cada vez más los efectos de una crisis económica casi imparable. El golpe de Estado era, pues, una opción que muchos observadores temían como “posible” y que el padre Ludovique Tougouma, de la Comunidad Misionera de Villaregia, en Uagadugú, había anunciado ante los micrófonos de Vatican News horas antes de que se conociera la noticia.

EL BIEN DEL PAÍS Y LA PAZ ES LO MÁS IMPORTANTE

El padre Ludovique Tougouma habla en la entrevista de la confusión de los últimos días, del corte de las comunicaciones por internet:

“No sabíamos lo que pasaba hasta esta mañana, cuando empezaron a circular rumores de golpe de Estado. No hay ningún movimiento de masas en las calles, pero el ejército y la población consideran desde hace tiempo que el gobierno es incapaz de gestionar la seguridad: demasiados atentados se perpetraron y la reacción ha sido muy débil”.

Lo nuevo, dice el padre Tougouma, “es la creciente conciencia de la población de que puede hacer oír su voz y de que puede reaccionar ante un problema común como la seguridad”.

“Hoy en día no es fácil manipular a la población sin tener una reacción. Por ello, es importante una mayor conciencia de pertenencia al país. La paz es también la única manera de hacer regresar a los que han huido de la violencia. El problema de los desplazados es grande, tanto para nosotros, que los recibimos de los países vecinos, como para los que han dejado esta tierra y ahora no tienen posibilidad de volver”.

COMPROMISO POR LA PAZ DE LA IGLESIA

En este contexto, ¿qué puede hacer la Iglesia local?

“Pedir y animar a la gente a estar unida”, respondió padre Ludovique Tougouma, “porque, aunque haya diferencias, la inseguridad es un enemigo común, y por eso el llamamiento que hacemos —dijo— incluso en nuestros sermones, es dejar de lado lo que nos divide y luchar juntos contra la falta de paz, que perjudica a todos”. “Le decimos al pueblo —enfatizó— que nos unamos para luchar”. “En paz, si hay paz, todos los problemas se resuelven”, y ahora el país está en peligro.

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Fuente: www.vaticannews.va

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