Cardenal Steiner: “El anuncio del Reino no cabe en la vestimenta, solo cabe en el corazón, en la vida de las personas”

El Cardenal se refirió a la celebración eucarística que clausuró la I Experiencia Vocacional Misionera Nacional en Brasil.

Un momento de recibir, de agradecer. Así definió el cardenal Leonardo Steiner la celebración eucarística que clausuró la I Experiencia Vocacional Misionera Nacional en Brasil, que tuvo lugar del 5 al 16 de enero en la archidiócesis de Manaos, la diócesis de Coari y la prelatura de Itacoatiara, reuniendo a 280 misioneros y misioneras de 94 diócesis y diversas congregaciones religiosas.

EL REINO DE DIOS POSIBILITA EL ENCUENTRO

En la homilía, desde las lecturas del día, el arzobispo de Manaos afirmó que “no es tiempo de ayuno durante el anuncio del Reino de Dios. El Reino de Dios posibilita el encuentro, el Reino de Dios posibilita la verdad del amor, el Reino de Dios conduce a la plena madurez”. Ante esto se preguntaba “¿cómo entonces ayunar, dejar de anunciar, dejar de hablar, dejar de predicar, dejar de dirigir?”.

El Cardenal subrayó que “no es tiempo de ayuno para quien ha comprendido a Jesús, su vida, su muerte y su resurrección”. Sobre el texto evangélico, el purpurado subrayó que “en este anuncio no se puede poner en paños viejos cosas nuevas, ni vino nuevo en odres viejos, es decir, este anuncio, es único, es propio, no cabe en recipientes, no cabe en vestimentas, solo cabe en el corazón, en la vida de las personas, en nuestra vida”.

TODA VOCACIÓN ES SERVICIO EN LA MISIÓN

“Porque cabe en nuestra vida, entra en nuestra vida, es que no podemos ayunar, se nos da el don de la Palabra, se nos da el don del testimonio, y luego se nos da el don de la misión”, dijo el arzobispo de Manaos. Una misión que, siguiendo el texto de la Carta a los Hebreos, “es para completar, es para servir”, lo que le llevó a afirmar que “toda vocación es servicio en la misión”. Toda misión nos lleva a servir, servir en la Palabra, servir en el testimonio, servir en el lavatorio de los pies, servir en la consolación, servir en el samaritanismo, servir en la debilidad, servir en el perdón, servir en la misericordia, servir en la reconciliación, siempre servir, porque nacemos del pueblo de Dios, todos, en nuestras vocaciones, nacemos del pueblo de Dios, pero especialmente aquellos que se han sentido llamados, convocados, a servir dentro de la Iglesia en los sacrificios, es decir, en los sacramentos”.

“Porque cabe en nuestra vida, entra en nuestra vida, es que no podemos ayunar, se nos da el don de la Palabra, se nos da el don del testimonio, y luego se nos da el don de la misión” – Cardenal Leonardo Steiner.

“Esto es para la consumación, no para la desgracia, no para la deshonra, no para la frustración, sino para la consumación, para la realización”, dijo el cardenal Leonardo Steiner. Según él, “no podemos ayunar si deseamos una vida plena, no podemos ayunar porque Él está siempre con nosotros, Él que es nuestro anuncio, Él que es nuestra Palabra, Él que es nuestro testimonio”.

SUEÑO INFANTIL DE SER MISIONERO EN ÁFRICA

En cuanto a su historia personal, el cardenal Steiner contó que, en su parroquia, cuando era monaguillo, había un fraile que era misionero, y le gustaba reunir a los monaguillos y contarles las historias de su misión. Estas historias encantaron a los monaguillos y despertaron en algunos de ellos el deseo de la misión, diciendo que su sueño era ser misionero en África, continente que solo ha pisado una vez. El cardenal dijo que la frustración de su vida era que su sueño de niño no se hiciera realidad.

Una misión que se concretó en su nombramiento como Obispo de la Prelatura de São Félix do Araguaia. “Fue allí donde me encantó la Amazonía, la forma de ser de la gente, de las comunidades, esa religiosidad casi olvidada e incluso a veces negada”, dijo el Cardenal. Una Iglesia en Brasil que crecía en conciencia misionera, algo que notó en sus ocho años como secretario general de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), “y cómo nos íbamos dando cuenta de que la misión de la Iglesia es realmente evangelizar”, destacando los textos que mostraban “el deseo de ser una Iglesia en misión”, en misión permanente según el Documento de Aparecida, que llama a ser discípulos misioneros.

En ese tiempo quiso ir a la Amazonía, algo que se concretó al ser nombrado arzobispo de Manaos, que según dijo, “algunos pensaron que era un castigo, pero fue mi realización”. En este punto destacó “lo acogedoras que son las comunidades, la presencia de los laicos en la Iglesia, mujeres y hombres”, algo vivido durante esta experiencia misionera. El arzobispo de Manaos destacó la receptividad, la fe de la gente, las necesidades de pobreza, hambre, que existen en muchas comunidades, “pero cómo hay solidaridad, nunca vi tanta solidaridad como aquí en el momento de la pandemia, algo emocionante”, insistió.

UNA IGLESIA PROFUNDAMENTE ENCARNADA

Una Iglesia que intenta caminar desde los sueños de la Querida Amazonía, “un caminar que nuestra Iglesia en la Amazonía viene haciendo desde hace mucho tiempo, desde el Documento de Santarém”, afirmó el cardenal Steiner. Para él, estos cuatro sueños son “verdaderas dimensiones de un modo de evangelizar, un modo de que la Iglesia sea misión. No dejar nada de lado, todo lo misionero, todo lo pensado, todo lo reflexionado, todo lo rezado, pero sobre todo una Iglesia profundamente encarnada”. A continuación, animó a los misioneros a “encarnarse allí donde Dios les ha dado la gracia de vivir”, sin olvidar que “salimos del pueblo y volvemos al pueblo para servir, para servir en misión”.

El arzobispo de Manaos llamó a los participantes de la experiencia a llevar consigo la alegría, a llevar una teología que nace del dolor del pueblo, que ve como “una riqueza para nuestra pobreza”, destacando el hecho de que todo se hace en la fe, que el Reino de Dios está presente, que viven del Reino de Dios. “Una teología que tenemos que entender”, insistió, haciendo un llamamiento a los seminaristas para que sirvan al pueblo, “ser sacerdote no es un estatus, estamos al servicio del Reino. El servicio nos llena, es la madurez de nuestra vida”.

A los formadores participantes en la experiencia, a los que agradeció su presencia, les invitó a “pensar el proceso formativo desde la misión de la Iglesia”, pidiendo a todos que “Dios nos dé la alegría de vivir el Reino de Dios, que nos dé la alegría de testimoniarlo”.


Fuente: https://adn.celam.org / Imagen: ADN CELAM.

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