¿Censuras educativas?

Hay que reflexionar sobre la violencia que consumimos, pero la solución no se limita a censurar. Quizás sea una oportunidad para sentarse con los jóvenes y hablar con ellos sobre los conflictos que viven y cómo resolverlos.

Capta mi atención un tuit en respuesta a una noticia sobre la violencia en los videojuegos. El breve reportaje comenta la frecuente presencia de la violencia en los videojuegos, así como el desconocimiento de los padres acerca de ellos; también sobre la clasificación por edades y se apunta a la cuestión de en qué medida deben ser prohibidos. Tampoco faltan las opiniones expertas que relacionan estos videojuegos con el bullying y todos los males que pueden desarrollar los niños. El tuit se limita a señalar que también hay violencia en el arte, los libros o las películas, y ningún estudio serio vincula violencia virtual y real.

Lo llamativo de esta y otras polémicas es un patrón que se repite: asumimos todo lo que podemos consumir como bueno hasta que se demuestre lo contrario, todo vale, hasta que alguien ve un problema, y entonces saltamos como un resorte y organizamos una contienda entre los que quieren prohibir y los que no.

Conozco muchas personas que han jugado a juegos que contenían violencia, y no veo reflejada tanta violencia en nuestras vidas. Aunque tampoco sé si seríamos mejores personas si hubiésemos jugado a otras cosas. Puede que la violencia de un juego influya en el comportamiento de los niños. O puede ser que algunos niños, al jugar a estos juegos, están expresando la violencia que experimentan en otro ámbito.

Educar requiere poner límites. Aunque aquellos que saben más de educación que yo me enseñaron que cuando un niño se salta una norma, es una oportunidad para hablar con él. Ciertamente hay que reflexionar sobre la violencia que consumimos, pero la solución no se limita a decidir lo que hay que censurar. Quizás sea una buena oportunidad para sentarse con los jóvenes y hablar con ellos sobre los conflictos que viven y cómo resolverlos, o sobre la diferencia entre la realidad y la ficción. Quizás antes de pensar en el contenido hay que pensar si lo mejor que podemos darles es llenar su vida de dispositivos, o dedicarles nuestro tiempo, entregarles valores y enseñarles a pensar.

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Fuente: https://pastoralsj.org

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