Costa Rica: Setenta años sin ejército y con mejores índices de bienestar social

En 1948, bajo la presidencia de José Figueres, se abolieron las fuerzas armadas, invirtiendo en educación y salud esos recursos.

Ciudad Nueva

03 diciembre, 2018, 1:22 pm
5 mins

Hace 70 años Costa Rica abolió sus fuerzas armadas y desde entonces representa la vanguardia de la senda pacifista de la política. Los recursos que debieron emplearse para las armas, han sido utilizados en inversión social, que se elevó después de 1948, como señala la investigación realizada por la Universidad de Costa Rica (UCR). En efecto, los índices de bienestar del país, por encima del promedio latinoamericano, se explican en parte por la inversión en educación y salud luego de la valiente decisión, determina el estudio del Observatorio del Desarrollo de la UCR.

La inversión social se multiplicó por cinco —del 2,6% del PIB, pasó al 13,4%— en los 25 años posteriores a la decisión concretada por el presidente José Figueres, aunque la promovieron antes otros políticos de la época. Los investigadores apuntan también a una reducción en el presupuesto para seguridad en ese periodo, después de que el ex revolucionario Figueres, más por estrategia política que por pacifismo o por cálculo económico, firmara el decreto de la abolición.

En esos 25 años posteriores a la desmilitarización, Costa Rica elevó del 15% a 35% la inversión en educación y pudo triplicar la cantidad de escuelas (2.610 en el año 1974). También pudo aumentar al 29% del PIB el dinero destinado salud y hacer que se triplicara el porcentaje de seguro social de la población (66% en 1974), según los datos de la base de historia económica del centro de estudios latinoamericanos de Oxford y un método de “control sintético” para poder precisar los efectos atribuibles a la abolición del ejército.

El avance educativo y sanitario, explican, incidió en que la tasa promedio de crecimiento de la economía pasara de 1,33% del PIB, antes de 1949, a 2,44% en la segunda mitad del siglo XX. “Este shock es único en Latinoamérica”, apunta el estudio, que señala a Costa Rica como el país con la segunda tasa de crecimiento más alta en este periodo. Esta expansión sin precedentes coincide, agrega la investigación, con una serie de cambios institucionales realizados en buena medida gracias a la estabilidad política: en estos setenta años el país solo ha sufrido un intento de golpe de Estado (1955), que se acabó resolviendo por la vía diplomática. “Nuestros resultados proporcionan pruebas empíricas sólidas para afirmar que la abolición del ejército de Costa Rica contribuyó significativamente al desarrollo a largo plazo del país”, se lee en el estudio.

El presidente costarricense, Carlos Alvarado, elevó el sábado el rango a la celebración y homenajeó a la figura de “Don Pepe” Figueres, fallecido en 1990. Además, el presidente reiteró la necesidad de “abolir” el consumo de combustibles fósiles, en la línea ambiental de “descarbonización” que se propuso desde que tomó el poder, el 8 de mayo. También condecoró a la antropóloga y economista Christiana Figueres, hija de “Don Pepe” y líder mundial de la lucha contra el cambio climático. Costa Rica se ofrece como sede en noviembre de 2019 para la Cumbre del Clima (COP25), tras la decisión de Brasil de no auspiciarla como estaba programado. En lo que va del año, la energía producida por el país ha sido 100% renovable, siendo con Uruguay uno de los pocos ejemplos de este tipo.

El 70o aniversario de la abolición y la revelación de su impacto en el progreso se cruzan con un momento de incertidumbre en las finanzas públicas y dificultades para sostener la inversión social. Para ello, el mandatario impulsó una reforma fiscal que podría aprobarse de manera definitiva esta semana, pese a la oposición de gremios de trabajadores públicos reflejada en la huelga que mantienen miles de educadores del sistema estatal.

_________________________
Fuente: http://ciudadnueva.com.ar

El Grupo Editorial Ciudad Nueva tiene un compromiso: contribuir, mediante sus publicaciones, a la fraternidad universal. Este compromiso implica la defensa de valores como el diálogo, la paz, la solidaridad, la justicia, los derechos humanos, la diversidad, la tolerancia.