El evangelio Mr. Wonderful

Encontrar las vías adecuadas para que el mensaje llegue no puede convertirse en una manera de obviar lo incómodo y de reforzar lo cómodo.

Pablo Martín Ibáñez

28 octubre, 2019, 12:59 pm
4 mins

El siglo XXI trae consigo no solo revoluciones tecnológicas. Como a lo largo de la Historia de la Humanidad, al paso adelante tecnológico le sigue un cambio en los procesos de pensamiento y de relación de las personas con el entorno y entre sí.

En la era digital todavía se oyen voces —algunas de ellas incluso de las importantes— que insisten en el «siempre se ha hecho así». Y, claro, eso suele producir frustración cuando, tras hacer siempre lo mismo, resulta que los resultados son, efectivamente, los mismos.

Los retos a los que los jóvenes nos enfrentamos hoy no son ni más difíciles, ni peores, ni menos intensos o interesantes que los retos que tuvieron delante las generaciones anteriores. Sin embargo, «los míos» sí hemos de crecer con un cambio estructural distinto a todo lo pasado. El paradigma tecnológico no hace que nos hayamos desentendido de las realidades sufrientes, o de la política, o del mundo que nos rodea. Pero sí está claro que nos interesamos de distinto modo. Ya no nos sentamos frente a interminables charlas de sesudos ponentes que traen consigo un fardo de diapositivas. Eso ya no nos llama. Hay que cambiar los modos.

Pero cambiar los modos, cambiar las formas, actualizar los lenguajes —como propuso con acierto el presidente de la República de El Salvador, Nayib Bukele en la Asamblea General de las Naciones Unidas—, no pueden, de ningún modo, descafeinar el mensaje. Si por el afán de que nos lean más, nos escuchen más rato, nos den más clics… dejamos los matices por el camino… ¿qué sentido tiene lo que contamos?

Encontrar las vías adecuadas para que el mensaje llegue no puede convertirse en una manera de obviar lo incómodo y de reforzar lo cómodo. Estoy convencido de que los jóvenes de hoy —quizá como los de todas las épocas— queremos, quizá sin tenerlo tan claro, que nos hablen de Verdad. Con stories de Instagram, cortos de TikTok —el Gobierno de las Islas Baleares ha hecho viral una campaña sobre violencia en las relaciones dirigida a adolescentes realizada, precisamente, con esta aplicación— dinámicas de participación… el desarrollo de aplicaciones pone cientos de herramientas a disposición. Ahora bien, eso no tiene que impedir pronunciar ciertas palabras, o esconderlas como se esconde la medicina en la comida del gato. No tiene que impedir decir las palabras Evangelio, justicia, pobres, vulnerables, migrantes, Jesús, paz, entrega o ‘para siempre’. Y hacerlo como carga de profundidad, no como complemento a un Jesús de florecillas y sonrisas amables.

Hay mensajes que no merece la pena adornar, porque son atractivos y potentes por sí mismos. Intentar azucararlo lo único que consigue es diluirlo. Y para mensajes tan bonitos como vacíos ya tenemos las tazas de Mr. Wonderful.

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Fuente: https://pastoralsj.org

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