El Evangelio que anunciamos las mujeres. «Corpus Christi»

Ayudemos a Cristo a entregar un vino nuevo y afrutado que ame la fe, la esperanza y la caridad.

Waleska Balbín

04 junio, 2021, 2:06 pm
5 mins

Pentecostés, Domingo 6 de junio de 2021
Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de la fiesta de los Panes sin levadura, cuando se acostumbraba sacrificar el cordero de la Pascua, los discípulos le preguntaron a Jesús: —¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas la Pascua? Él envió a dos de sus discípulos con este encargo: —Vayan a la ciudad y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y allí donde entre, díganle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la sala en la que pueda comer la Pascua con mis discípulos?”. Él les mostrará en la planta alta una sala amplia, amueblada y arreglada. Preparen allí nuestra cena.

Los discípulos salieron, entraron en la ciudad y encontraron todo tal y como les había dicho Jesús. Así que prepararon la Pascua. Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a ellos, diciéndoles: —Tomen; esto es mi cuerpo. Después tomó una copa, dio gracias y se la dio a ellos, y todos bebieron de ella. —Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos —les dijo—. Les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta aquel día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios. Después de cantar los salmos, salieron al monte de los Olivos.

CORPUS CHRISTI

La hostia es tu cuerpo Señor, es el pan que nosotros comemos en la comunión, es tu cuerpo para la vida eterna, este nos alimenta y nos da fortaleza plena, es tu evangelio Señor, la buena noticia de tu vida en la tierra, haciendo el bien y amando sobre todas las cosas.

También la Iglesia es cuerpo de Cristo, con todos sus pros y sus contras, porque somos humanos, y como tales la embarramos. Es por tanto una Iglesia que necesita renovarse día a día. Una Iglesia que necesita convertirse al amor primero. Como parte de ella, necesitamos estar en salida, y pedimos que nuestro corazón se llene de fuerza para misionar en nuestros hogares, con nuestros parientes, vecinos y compañeros de carrera, como dice San Pablo y, primero que nada, dejarnos misionar por ti, para alcanzar a Dios, el camino, la verdad y la vida, quien siempre sale a nuestro encuentro, mucho antes de lo que nosotros pensamos.

La sangre de Cristo es la que corre por sus venas y se derrama para la vida eterna de nosotros, para que creamos en Él, y para que seamos agentes de amor. Nos llama a amar al prójimo como Dios nos ama, sin pedir nada a cambio. Ese mismo amor nos invita y capacita a superar la división, la discordia, el pecado. Ese mismo amor es para vivir en la felicidad eterna, para el bien de todos, para la nobleza de todos, para la estabilidad de todos, para la quietud de todos, para la soberanía de la Paz de todos, para el equilibrio de todos.

La sangre es la que sale de su cuerpo, de su organismo, de su corazón. Dios encarnado se hace presente en nosotros, se hace vida en nosotros. El vino, fruto de la vid… Sí, Señor, haz que yo sea como la vid que ayuda a crear el vino de amor, de piedad, de misericordia; haz que yo pueda crear uvas, fermentar y entregar un vino exquisito para el mundo.

Que ayudemos a Cristo a entregar un vino nuevo y afrutado que ame la fe, la esperanza y la caridad.

Jesús, no quiero esperar a morir y estar en el reino de Dios, para ser un vino nuevo, quiero vivirlo ahora aquí en vida, un vino sabroso al paladar para dar vida a mucha gente, partiendo por mi familia y mis más cercanos. ¡Gracias a que comulgue el sacramento de la eucaristía me fortaleces para ello!

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