El Papa se despidió de Rumania con una histórica petición de perdón al pueblo gitano

“Hay que elegir entre Caín y Abel. Elijamos la vía de Jesús, no nos dejemos llevar por el odio”.

Jesús Bastante

03 junio, 2019, 10:24 am
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“Este encuentro es el último de mi visita en Rumania. He venido a este país bello y acogedor como peregrino y hermano, para encontrar. Y ahora regreso a casa enriquecido, llevando conmigo lugares y momentos, pero sobre todo rostros. Sus rostros colorearán mis recuerdos y poblarán mi oración. Les doy las gracias y los llevo conmigo”. Antes de partir hacia Roma, el Papa quiso encontrarse con la comunidad gitana, una de las grandes olvidadas y marginadas de Europa.

Durante un breve encuentro con alrededor de un centenar de personas del pueblo romaní, Francisco escuchó sus lamentos, y sus sueños de integración, en la sociedad, y también en la Iglesia. “En la Iglesia de Cristo hay un lugar para todos”, respondió a Ioan, un padre de familia numerosa.

“La Iglesia es lugar de encuentro y tenemos necesidad de recordarlo no como un bello eslogan, sino como parte del carnet de identidad de nuestro ser cristianos”, subrayó el Pontífice, quien recordó que “el Evangelio de la alegría se transmite en la alegría del encuentro y de saber que tenemos un Padre que nos ama. Mirados por él, entendemos cómo hemos de mirarnos entre nosotros”.

“Sin embargo, llevo un peso en el corazón”, admitió Francisco. “Es el peso de las discriminaciones, de las segregaciones y de los maltratos que han sufrido sus comunidades. La historia nos dice que también los cristianos, también los católicos, no son ajenos a tanto mal”, lamentó el Papa, quien hizo una histórica petición de perdón, “en nombre de la Iglesia, al Señor y a vosotros, por todo lo que a lo largo de la historia, los hemos discriminado, maltratado o mirado de forma equivocada, con la mirada de Caín y no con la de Abel, y no fuimos capaces de reconocerlos, valorarlos y defenderlos en su singularidad”.

“NO SOMOS EN EL FONDO CRISTIANOS”

“La indiferencia es la que alimenta los prejuicios y fomenta los rencores. ¡Cuántas veces juzgamos de modo temerario, con palabras que hieren, con actitudes que siembran odio y crean distancias!”, denunció Bergoglio, quien añadió que “no somos en el fondo cristianos, ni siquiera humanos, si no sabemos ver a la persona antes que sus acciones, antes que nuestros juicios y prejuicios”.

La historia de Caín y Abel, destacó el Papa, es la historia de la humanidad. “Está la mano extendida y la mano que golpea. Está la apertura del encuentro y el cierre del enfrentamiento. Hay acogida y hay descarte. Está quien ve en el otro a un hermano y quien lo considera un obstáculo en su camino. Está la civilización del amor y está la del odio”.

“Cada día hay que elegir entre Abel y Caín”, reclamó el Papa, quien pidió: “Elijamos la vía de Jesús”. “No nos dejemos llevar por el odio que brota dentro de nosotros: nada de rencor. Porque ningún mal resuelve otro mal, ninguna venganza arregla una injusticia, ningún resentimiento es bueno para el corazón, ninguna clausura acerca”.

SOLIDARIDAD, HOSPITALIDAD, RESPETO A LA FAMILIA

Dirigiéndose al pueblo romaní, el Papa les pidió “no tener miedo a compartir” las notas particulares que los definen, “y de las que tenemos tanta necesidad: el valor de la vida y de la familia en sentido amplio —primos, tíos…—; la solidaridad, la hospitalidad, la ayuda, el apoyo y la defensa de los más débiles dentro de su comunidad; la valorización y el respeto a los ancianos; el sentido religioso de la vida, la espontaneidad y la alegría de vivir”.

“No priven a las sociedades donde se encuentren de estos dones y anímense también a recibir todo lo bueno que los demás les puedan brindar y aportar”, concluyó Francisco, quien les invitó a “caminar juntos, allí donde estén en la construcción de un mundo más humano, superando los miedos y sospechas, dejando caer las barreras que nos separan de los demás, y favoreciendo la confianza recíproca en la paciente y siempre útil búsqueda de la fraternidad”.

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Fuente: www.religiondigital.org

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