La espiritualidad del colibrí

Ser conscientes del mundo en que vivimos, darnos cuenta de las repercusiones de nuestros actos y decisiones, tener una ascética de consumo y practicar un consumo responsable es el comienzo de un cambio revolucionario en el mundo.

Félix Revilla sj

16 octubre, 2019, 11:11 am
5 mins

Nos han enseñado a discernir entre el bien y el mal para tomar el camino del bien. También a discernir entre dos bienes para elegir el bien mayor. ¿Podemos aplicar estos saberes a la ecología y el cuidado de la casa común?

Todas las decisiones grandes y pequeñas que tomamos a lo largo del día, del mes y del año pueden tener una versión más eco, más social. Muchas veces son cosas que hemos integrado con tanta naturalidad en nuestra vida ordinaria que no percibimos ese plus que pueden tener en favor de la Casa Común y por tanto, como defiende Francisco en la Laudato Si’, en favor de la justicia presente e intergeneracional (“La casa de nuestros hijos”).

Un ejemplo: cuando me ducho, ¿cuánto tiempo estoy bajo el agua? ¿a qué temperatura y qué tipo de gel o champú uso? Tres decisiones mejorables en un acto banal que muchos hacemos al menos una vez al día. Tres decisiones que multiplicadas por los mil millones de habitantes del mundo rico suponen un gran cambio en el consumo de energía y de detergentes químicos.

Sigamos nuestros pasos de cada día, con la misma tónica. Qué tipo de alimentos compro, ¿envasados en plástico y poliestireno? Y el agua, ¿es embotellada en plástico? Cada minuto se envasan cuatro millones de botellas de plástico que suponen un gravísimo problema mundial. Y mis alimentos ¿producidos bajo un modelo agrícola intensivo, contaminante, socialmente injusto? ¿Cuánta carne consumo? ¿Cómo reciclo mis basuras? Y mis aparatos electrónicos ¿se pasan días, semanas, noches, meses, años en stand by, provocando un consumo energético importante a nivel mundial?

Si subimos un escalón porque ya estamos al frente de una familia, un negocio, un trabajo, una comunidad religiosa o laica… ¿qué coches tenemos? ¿Qué tipo de energía eléctrica consumimos? ¿Cómo son nuestras casas desde el punto de vista de la energía y los materiales? ¿Cuántos desechos tenemos que podríamos evitar? ¿Qué hacemos en los colegios, en las universidades, en nuestras iglesias y centros fe-cultura?

Un sano ejercicio personal-familiar: hacer un examen de las decisiones que tomamos en el proceso de ir un día a la compra de alimentos. Empezar por el tipo de superficie a la que voy comprar y analizar cada una de las compras que hago: lo necesario, lo menos necesario, lo superfluo, los envases, el tipo de producto, lo local, lo importado, lo químico, lo natural… mil aspectos a valorar…

Cada uno puede ahondar en su día a día y en la importancia que tiene tomar pequeñas decisiones y enseñar a tomarlas a los más pequeños; nuestra generación no tiene mucho remedio, pero en la educación ambiental y social nos lo jugamos todo.

Ser conscientes del mundo en que vivimos, darnos cuenta de las repercusiones de nuestros actos y decisiones, tener una ascética de consumo y practicar un consumo responsable es el comienzo de un cambio revolucionario en el mundo. El aleteo de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado de la Tierra.

Un colibrí intentaba apagar un incendio en la selva llevando gota a gota de agua en su pico mientras los grandes animales, mucho más capaces, se reían de él y su esfuerzo. Cuando le interpelaron para que lo dejase pues no iba a conseguir nada, él respondió: «Yo hago lo que puedo».

A esto lo podríamos llamar la «espiritualidad del colibrí». Manos a la obra.

_________________________
Fuente: https://pastoralsj.org

Jesuita español. Escribe para Pastoralsj.

Artículos anteriores

Que se note que podemos

Artículos siguientes

¿Cómo están ustedes?