La FAO promueve un desarrollo económico con valores éticos para un mundo mejor

¿Qué hay que cambiar en los sistemas económicos del mundo actual para que los pobres puedan progresar verdaderamente en vez de seguir hundiéndose en la miseria? Sobre este tema hablamos con Máximo Torero, economista peruano y vicedirector general del departamento de desarrollo económico de la FAO en Roma, quien explica que para hacer frente a problemas como el hambre y la pobreza “no se puede separar el aspecto económico de la dimensión ética”.

Sofía Lobos

20 enero, 2020, 10:42 am
7 mins

Vivimos en un mundo donde el desarrollo económico y tecnológico avanzan a pasos agigantados, sumergiendo a las sociedades actuales en el ritmo frenético del consumo y de la modernidad, aunque paradójicamente la brecha económica entre países ricos y países pobres no deja de crecer.

La Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, la FAO; habla a menudo de cuatro grandes crisis mundiales: la alimentaria, la energética, la financiera y la climática. Todas ellas perjudican a la humanidad, en general, pero azotan especialmente a los sectores sociales más desfavorecidos y marginados.

¿QUÉ HAY QUE CAMBIAR PARA REDUCIR LA POBREZA?

En este contexto y con la mirada puesta en los grandes desafíos globales marcados por la comunidad internacional para el nuevo año 2020; en Vatican News conversamos con Máximo Torero, economista peruano y vicedirector general del departamento de desarrollo económico de la FAO en Roma, quien comienza la entrevista respondiendo a una pregunta bastante compleja: ¿qué hay que cambiar en los sistemas económicos del mundo actual para que los pobres puedan progresar verdaderamente, en vez de seguir hundiéndose en la miseria?

“Estas crisis mundiales se ven reflejadas en los más de 820 millones de personas hambrientas”, explica Máximo Torero, señalando que para poder hacer frente a esta situación, “no se puede separar el aspecto económico de la parte ética”, ya que es imposible solucionar estos problemas solamente desde el punto de vista económico: “Lo que queremos buscar es que haya un desarrollo económico que a su vez genere igualdad en el mundo y permita reducir las brechas que estamos enfrentando”.

OBLIGACIÓN MORAL DE REDUCIR LAS DESIGUALDADES

Por lo tanto, según el economista, la fórmula clave para poder combatir la pobreza es combinar la dimensión económica con la dimensión ética, de tal forma que tengamos la obligación moral de reducir estas desigualdades. “Tenemos que repensar lo que estamos haciendo”, añade.

En cuanto al programa Hambre Cero, el proyecto de Naciones Unidas que busca terminar con todas las formas de hambre y desnutrición para 2030; nuestro entrevistado asegura que se trata de un objetivo muy complejo de lograr “porque está relacionado con la pobreza y la desigualdad”, por lo tanto, “si queremos reducir el hambre de forma permanente hay que reducir la pobreza en el planeta”. Este es, pues, el punto de partida para alcanzar el resto de objetivos.

PROMOVER EL DESARROLLO RURAL SOSTENIBLE

Asimismo, Máximo Torero hace hincapié en la importancia de promover el desarrollo rural ya que es uno de los sectores más afectados por la pobreza. Para conseguirlo, hay que apoyar la agricultura que es su actividad principal:

“En este sentido —asevera— el rol de la FAO no es solo incrementar la producción agrícola sino también asegurarse que esa producción sea sostenible de manera que podamos seguir produciendo en el tiempo, que los hogares tengan acceso a los alimentos y todo esto en un contexto donde garanticemos que se reduce el impacto ambiental”.

PROTEGER LAS PLANTAS ES PROTEGER EL CONSUMO HUMANO

Además, Torero explica el proyecto del Año Internacional de la Sanidad Vegetal (AISV) de las Naciones Unidas en 2020, lanzado precisamente para concienciar a nivel mundial sobre cómo la protección de la salud de las plantas puede ayudar a erradicar el hambre, reducir la cantidad de pobres, proteger el medio ambiente e impulsar un desarrollo económico equilibrado.

“Es un proyecto muy importante, porque no se trata solo de centrarse en el producir sino también en el consumir. Queremos hacer entender la importancia de proteger a las plantas de las consecuencias negativas de fenómenos como el cambio climático y la contaminación para cuidar así el consumo del cual nos estamos alimentando”, argumenta el economista.

ESPERANZAS PARA EL 2020

Ante este panorama y con la confianza depositada en el trabajo de tantas instituciones que unen sus fuerzas para lograr estos objetivos en favor del futuro de la humanidad, nuestro entrevistado comparte tres esperanzas para el 2020 de cara a un mundo más próspero para todos y no más rico para unos pocos.

“La primera esperanza es poder cambiar esta situación de 820 millones de personas que padecen hambruna y malnutrición. Creo que el mundo se ha dado cuenta de esto y se pueden poner medidas correctivas puesto que existen alimentos suficientes para todos en el mundo, es cuestión de distribuirlos”, afirma Torero.

CAMBIO CLIMÁTICO Y LOS JÓVENES

“La segunda es que podamos cumplir estos objetivos reduciendo los potenciales efectos del cambio climático y la tercera esperanza son los jóvenes, que están ayudando a reaccionar a nuestras generaciones, haciéndonos ver que todo esto es algo que ellos van a heredar y van a tener que enfrentar; por lo tanto, no tenemos derecho a afectarles su futuro. Para eso hay que cambiar la forma en la que pensamos, la manera en la que actuamos y las políticas que implementamos”, concluye.

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Fuente: www.vaticannews.va

Escribe para Vatican News.

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