Niños con derechos

No te olvides de tantos y tantos niños y niñas que mientras que tú lees esto son explotados, abusados, obligados a trabajar o luchar, que carecen de las atenciones más básicas y de cualquier cuidado, lejos, al otro lado del mundo y cerca, muy cerca.

Álvaro Zapata sj

20 noviembre, 2019, 1:02 pm
3 mins

Pocas personas que se dediquen al trabajo directo con menores no habrán escuchado nunca aquello de “soy menor, tengo derechos” o “si me suspendes/castigas, te denuncio”. Incluso dentro del ámbito familiar nos encontramos cada vez más con situaciones de este tipo, en las que los derechos se convierten en armas arrojadizas, escudos defensores de privilegios que más que ser ocasión de celebrar, deben ser replanteados.

Hoy celebramos los derechos del niño y la niña. Pero muchos se situarán en aquella consigna del “no tenemos nada que celebrar”, desde el pensamiento de que los niños y niñas actualmente están sobreprotegidos y necesitan más deberes que derechos. Y los que se sitúen aquí no dejarán de tener una mirada estrecha, local, incapaz de ver la realidad, la real: hoy tenemos mucho que celebrar y agradecer.

Está en nuestra cuenta la falta de agradecimiento por haber disfrutado de una infancia libre de violencia, trabajo, explotación, abandono y fracaso. El agradecimiento por una infancia no privilegiada, pero sí cuidada, mimada por la familia, los profesores, los médicos… todos aquellos profesionales de nuestra sociedad que han velado —incluso inconscientemente— porque nuestros derechos se cumplan en toda su extensión.

Y desde este agradecimiento, el compromiso. El compromiso para devolver todo el bien recibido. Creo que hay dos maneras fáciles de comprometernos hoy día con la siguiente generación: primero, como decía Forges: “no te olvides”. No te olvides de tantos y tantos niños y niñas que mientras que tú lees esto son explotados, abusados, obligados a trabajar o luchar, que carecen de las atenciones más básicas y de cualquier cuidado, lejos, al otro lado del mundo y cerca, muy cerca —piensa en los estigmatizados MENAs que probablemente te cruces a diario aun sin saber que lo son—. Y segundo modo: trabajar para que otros no se olviden, cada vez que escuches eso de que los niños están sobreprotegidos, no te arrugues para decir “no todos”. Ahora ya empiezan las campañas que apelan a la emocionalidad de una infancia difícil para movernos a ayudar, no desaproveches esa oportunidad para poner tu granito de arena y mover a otros a que hagan lo mismo.

Recuerda que todo el trabajo que puedas hacer por la infancia, por la siguiente generación, solo brota del agradecimiento de una infancia vivida en plenitud, que te ha permitido desarrollarte libremente y ser quién eres hoy. Ojalá en el camino no dejes de mirar atrás y ayudar a los que se quedan rezagados, a los que les cuesta llegar o les ponen zancadillas, para que al menos tengan lo mismo que tú has tenido.

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Fuente: https://pastoralsj.org

Hermano jesuita español. Escribe para Pastoralsj.