Que se note que podemos

En un momento donde aparentemente todos somos iguales, pero al mismo tiempo crece escandalosamente la desigualdad social, aumenta la tendencia al elitismo, la manía de distinguirnos por tener más privilegios que el resto cuando en principio no hay diferencias.

Álvaro Lobo sj

14 octubre, 2019, 2:21 pm
3 mins

Más de 1.000 metros cuadrados rozando el cielo de Miami, piscina en la azotea, vistas de ensueño, helipuerto privado y luz por doquier, todo esto y muchas más comodidades como solo la imaginación puede desear hasta llegar a los 40 millones de euros; el precio del nuevo ático de los Beckham (hace unos meses esta era la noticia). Una cifra que siempre pondrá en cuestión si prima más el buen gusto o la horterada, el confort o el privilegio de decir que vives en la casa más cara del mundo. Y sí, todavía hay gente que siente mucho placer no solo con lo bueno, sino con lo mejor, con la seductora sensación de pensar que solo tú tienes lo mejor.

En un momento donde aparentemente todos somos iguales, pero al mismo tiempo crece escandalosamente la desigualdad social, aumenta la tendencia al elitismo, la manía de distinguirnos por tener más privilegios que el resto cuando en principio no hay diferencias. No habla del desarrollo cultural o de gusto estético, sino de nuestra propia fragilidad, pues tendemos a sentirnos únicos —algo fundamental—, y no por lo que somos, ni tan siquiera por lo que hacemos, únicos por lo que tenemos. Puede que no al mismo nivel, pero no es extraño que nos dejemos llevar por este modo de relacionarnos con el mundo y entendernos a nosotros mismos.

Entre excentricidad y espectáculo, noticia y escándalo se nos cuela esta enfermedad que se cronifica en el siglo XXI. Discretamente y justificado bajo capa de méritos consolidamos y acrecentamos un sistema desigual en el que cada vez algunos pocos viven mucho mejor y otros tantos los hacen mucho peor, y en esta escala encontramos nuestra identidad en estar en el lado supuestamente bueno, da igual cómo y cuanto más mejor. Sin embargo, cada uno de nosotros —y nuestra trayectoria lo indicará— tiene que decidir qué es lo que marca la diferencia en nuestra vida, qué es lo que nos hace diferentes de los demás y así, sin quererlo, mostrará qué es lo que realmente nos mueve por dentro.

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Fuente: https://pastoralsj.org

Jesuita español. Escribe para pastoralsj.org