Revista Mensaje N° 697. «Divorciados en nueva unión: Criterios de discernimiento»

Cuando se cumplen cinco años de la exhortación Amoris laetitia, estamos invitados a reflexionar sobre la familia y a elaborar propuestas para abordar las necesidades y los desafíos locales.

Fernando Verdugo sj

20 abril, 2021, 4:29 pm
20 mins

Hace cinco años, el 19 de marzo de 2016, el papa Francisco firmó su exhortación apostólica Amoris laetitia, la cual publicó tres semanas después. En ese documento retomaba y desarrollaba los aportes de los sínodos de los obispos sobre el matrimonio y familia, realizados en 2014 y 2015, en los cuales a su vez se habían tenido a la vista las amplias consultas hechas a instancias académicas y eclesiales de todo el mundo.

Asimismo, en esa exhortación invitó a “elaborar propuestas prácticas y eficaces que tengan en cuenta tanto las enseñanzas de la Iglesia como las necesidades y los desafíos locales” (AL 199, cf. 3). Es posible que surjan propuestas concretas de los pastores de la lglesia chilena, como ha sucedido con otras iglesias locales. Al parecer, las energías de nuestros pastores en estos años transcurridos han estado dirigidas a otras preocupaciones y prioridades.

Considerando que el papa Francisco, en el Ángelus del domingo 27 de diciembre de 2020, anunció que el 2021 sería un año con especial atención pastoral en la familia, tenemos una excelente oportunidad para retomar, profundizar y sugerir aplicaciones en nuestro contexto a las orientaciones que nos ofrece Amoris laetitia. Son muy variados los temas que aborda dicha exhortación, pero acá nos limitaremos a ofrecer criterios de discernimiento sobre un posible acceso a los sacramentos de “divorciados en nueva unión”, retomando básicamente la novedad del capítulo 8 de la Exhortación. Agradezco a los matrimonios de distintos movimientos de Iglesia, convocados en su momento por la Comisión Nacional de Pastoral Familiar, con quienes pudimos decantar, reflexionar y discutir estos criterios.

CONTEXTO SOCIAL Y ECLESIAL

Es pertinente recordar que los obispos chilenos, en la “Carta Pastoral” redactada por su Comité Permanente en octubre de 2017 —año y medio después de la publicación de Amoris laetitia—, reconocían que “es habitual que en las encuestas una inmensa mayoría destaque el rol esencial de la familia en sus vidas”. Advertían, sin embargo, cómo muchas familias en nuestro país enfrentan problemas “particularmente dolorosos”, como la pobreza o la violencia intrafamiliar, a lo que se agrega el aumento de los nacimientos fuera del matrimonio y los embarazos adolescentes. Junto con esto, denunciaban que extensas jornadas laborales o sistemas de transporte defectuosos constituyen un sistema que “priva a la familia de los esenciales tiempos de comunión y encuentro en el hogar”. En el escenario descrito, es comprensible que muchos matrimonios se fragilicen o rompan. Y, en este caso, resurja el deseo de contar con una pareja y nueva familia. Por cierto, tales problemas se han agudizado con la pandemia y sus consecuencias.

Por otra parte, así como las encuestas expresan una sostenida confianza y aprecio a la familia más allá de las dificultades, lamentablemente la credibilidad y confianza hacia la Iglesia católica han descendido drásticamente en la sociedad chilena durante los últimos años (v.g., CEP, Encuesta Nacional de Opinión Pública, diciembre 2019). Las razones son múltiples y algunas muy dolorosas, como los casos de abuso sexual y de conciencia, y la dificultad institucional para abordarlos. Ante ello, el Papa invitó, especialmente a los pastores, a “no disimular o esconder nuestras llagas”. “Una Iglesia con llagas —sostiene el Papa— es capaz de comprender las llagas del mundo de hoy y hacerlas suyas, sufrirlas, acompañarlas y buscar sanarlas” (Encuentro con los sacerdotes, religiosos/as, consagrados/as y seminaristas, 16 de enero de 2018). Desde las llagas y vergüenza de la Iglesia chilena, habiendo ella necesitado y experimentado también la misericordia de Dios, se hace más urgente el llamado de Amoris laetitia, de volcarse hacia los separados o divorciados en nueva unión, acercándose a ellos con actitud de «discernimiento pastoral cargado de amor misericordioso, que siempre se inclina a comprender, a perdonar, a acompañar, a esperar, y sobre todo a integrar» (AL 5).

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Facultad de Teología, Pontificia Universidad Católica de Chile.