Revista Mensaje N° 701. «Ignacio de Loyola y los peldaños para su conversión»

Nos hemos adentrado en el Año Ignaciano. Nos hemos acercado a sus heridas y a sus procesos internos.

Cecilia Araya M.

16 agosto, 2021, 4:11 pm
5 mins

Loyola fue el primer peldaño de la experiencia de conversión de Ignacio. En este lugar descubrió un nuevo rey: Cristo Nuestro Señor, al que decidió seguir y servir. Quiso recorrer los lugares por los que Él pasó.

Desde Loyola se fue a Manresa para embarcarse rumbo a Jerusalén. Lo que iba a ser solo un paso se transformó en una permanencia de casi un año.

En Manresa vivió momentos de gran crecimiento espiritual, pero también pasó la noche negra de sus escrúpulos, que casi lo llevaron al suicidio. Después siguió una etapa de grandes experiencias místicas.

Esa crisis de escrúpulos lo hizo caminar sobre su propia fragilidad, pero lo llevó hacia el amor incondicional de Dios. Este lo liberó de sus escrúpulos. Sus experiencias místicas culminaron con la Ilustración a orillas del Cardoner, donde “Dios lo trataba como un maestro de escuela trata a un niño”. Se sintió un hombre nuevo, se le abrieron los ojos del entendimiento… Todo lo vio de una manera nueva.

DIOS LO HIZO ABRIRSE A AYUDAR A LAS ALMAS

Partió a Jerusalén con el sueño de quedarse allí para siempre, lo que nunca se cumpliría. Permaneció solo veintidós días y tuvo que regresar. Había ido a Jerusalén buscando a Jesús en lugares físicos y lo encontró en la obediencia y humildad.

Jerusalén fue uno de sus grandes dolores. No pudo volver ni siquiera a celebrar su primera misa, como ardientemente lo deseó.

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Centro de Espiritualidad Ignaciana.