Revista Mensaje N° 700. «Ignacio de Loyola: De las heridas a la conversión»

Nos quedamos desafiados por san Ignacio, este hombre herido en muchas dimensiones que nos sigue movilizando hoy, ayudándonos a ser capaces de reconocer, acoger y sanar nuestras heridas

Cecilia Araya M.

21 julio, 2021, 1:08 pm
6 mins

La vida de Ignacio fue un verdadero peregrinaje, físico y espiritual, en cuyo recorrido podemos reconocer los dolores sufridos a lo largo de ella. Se puede decir que fue un hombre herido. Sus heridas se transformaron en sus compañeras de viaje, y también en un factor fundamental en su crecimiento espiritual y en su proceso de conversión.

Sufrió heridas en su cuerpo, sentimientos y deseos, pero vive un proceso de sanación y conversión que lo fue humanizando y también lo fue llevando a buscar la humanización de su entorno. Las heridas son inherentes a nuestra condición humana, por lo tanto, no estamos exentos ni podemos escapar de ellas. Tampoco Ignacio lo estuvo.

¡Quién no está marcado por alguna herida, alguna experiencia difícil que nos hace sentirnos cercanos, identificados con el camino de sanación de sus heridas vivido por san Ignacio!

Ignacio va haciendo un proceso de acercamiento a sus heridas: las reconoce, acoge y hace de ellas un medio para ordenarse internamente para más amar y servir.

Es interesante pensar cómo él se acercó a ellas y lo que hizo con lo que le sucedía. Las heridas siempre causan dolor, nos pueden paralizar, llevarnos a un sinsentido. También tienen una consecuencia en nuestras vidas: a veces nos frustran proyectos y deseos, pero también nos pueden impulsar a situaciones inesperadas.

Poder vivir las heridas con sentido y hondura es una gracia, es una manifestación de Dios que puede abrirnos a nuevos horizontes. ¿Cómo estamos viviendo nuestras heridas? Es la pregunta que nos nace.

ALGUNAS HERIDAS DE IGNACIO

Para Ignacio, la bala de cañón que lo hirió mientras defendía la fortaleza de Pamplona, fue el inicio de un cambio radical en la orientación de su vida, marca un antes y un después en ella. El dolor y el sufrimiento estuvieron presentes en toda su vida, desde la muerte de su madre en su temprana infancia.

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Centro de Espiritualidad Ignaciana.