Revista Mensaje N° 701: «Lecciones de Afganistán»

El despliegue militar y político estadounidense de veinte años no fue suficiente para estabilizar un país marcado por tensiones tribales, altos niveles de pobreza y la gestión de una teocracia misógina y retrograda.

Raúl Sohr

12 agosto, 2021, 1:20 pm
17 mins

Se sabe cómo empiezan las guerras pero no se sabe cómo terminarán, reza un viejo decir. Es una máxima que debió tornarse recurrente para Donald Rumsfeld tras veinte años de conflicto continuo. En su condición de ministro de Defensa del presidente George Bush, Rumsfeld impulsó los ataques de Estados Unidos contra Afganistán en octubre del 2001 y luego contra Irak, en marzo del 2003, para culminar este último conflicto en diciembre del 2011. La intervención militar estadounidense en Kabul concluirá, formalmente, el 11 de septiembre de este año. En los hechos, terminó con la evacuación de la estratégica base aérea de Bagram, en las afueras de la capital afgana. En forma creciente, las fuerzas estadounidenses habían restringido sus operaciones a vuelos tanto de aviones como de drones. Rumsfeld no pudo participar en las ceremonias recordatorias de sus 2.312 compatriotas uniformados muertos en tierras afganas. Él, un gran instigador de ambas guerras, falleció el 21 de junio pasado.

En lo que toca al futuro de Kabul, lo único claro es la partida de las tropas de los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), encabezadas por Washington. Aparte del retiro de los uniformados, también abandonan el país unos 17 mil empleados civiles contratados por empresas privadas que realizan servicios diversos en logística, seguridad, cocina y tareas de apoyo. Estos empleados formaron parte de la privatización de prestaciones militares a costos bien inferiores a la de los soldados regulares. Qué ocurrirá ahora es algo que está por verse y que se dirimirá en la lucha entre el gobierno y los insurgentes talibanes. Según algunas estimaciones, los combatientes integristas ya tienen el control efectivo de un tercio del país. A medida que se acerca la fecha de la partida definitiva de las fuerzas occidentales, recrudecen los combates. El estado de ánimo en la Casa Blanca fue resumido por el presidente Joe Biden. Al ser consultado por periodistas por el retiro de sus tropas replicó: “Hombre, quiero hablar sobre cosas más alegres”.

La pregunta clave tras cada guerra es quién la ganó. La respuesta depende de los objetivos de cada uno de sus protagonistas. La intervención militar en Afganistán, la guerra más larga de la historia estadounidense, comenzó pocos días después de los fatídicos ataques de Al Qaeda. contra las Torres Gemelas y el Pentágono. La responsabilidad por la agresión fue asumida por Osama bin Laden. En consecuencia, Washington dio un ultimátum al gobierno talibán para que le entregase a instigadores y responsables del ataque. Bin Laden tuvo un rol clave en la lucha contra los invasores soviéticos, lo que le aseguraba un sólido respaldo de los talibanes ante la exigencia estadounidense. Kabul rechazó de plano entregar a su huésped lo que, como anticipado, precipitó el ataque contra la nación asiática. La rapidez de la respuesta bélica era proporcional al profundo impacto causado por la agresión. Al calor de la emoción, sin meditarlo mayormente, la primera potencia militar consideró casi un trámite desbancar a los perpetradores del peor ataque contra su territorio continental.

La ofensiva contra Kabul planteaba grandes desafíos para Washington. Un primer obstáculo era la distancia. Pero los estrategas del Pentágono partieron de la premisa de que la lejanía del enemigo no era un problema mayor. Para efectos bélicos, la distancia era un dato secundario. A fin de cuentas, Estados Unidos había trabajado bajo la consigna de su fuerza aérea: “Poder global, alcance global”. Los bombarderos estratégicos, en combinación con la aviación táctica desde portaaviones, complementados por misiles crucero, pueden alcanzar con contundencia cualquier punto del planeta. Claro que, lo contrario, también es cierto: unos cuantos terroristas con precarios medios pueden cruzar el globo y golpear a voluntad.

Este contenido está disponible sólo para los suscriptores activos de Revista Mensaje. Si eres suscriptor, ingresa aquí, o bien, sigue aquí las indicaciones para suscribirte o renovar tu suscripción a nuestra revista.

Sociólogo, periodista y analista internacional especializado en temas de seguridad y defensa. Estudios superiores en la U. de Chile, U. de París y London School of Economics. Autor de diversos libros sobre materias internacionales. Escribe para Revista Mensaje.